Jack Brabham

“Black Jack”: hágalo usted mismo

Sir Jack Brabham, tricampeón del mundo de Fórmula 1. Su nombre nunca aparece cuando los aficionados elaboran su particular ránking de “mejores pilotos de la historia”. Jim Clark, Gilles Villeneuve, Stirling Moss, Fernando Alonso o Nigel Mansell, todos ellos con menos de 3 entorchados, son más recordados que el taciturno Brabham. Sin embargo, el de Nueva Gales del Sur es el único piloto que ha conseguido ganar un Mundial con un coche construido por él mismo. ¿Quién si no aúna mejor los dos elementos claves del deporte, hombre y máquina, que “Black Jack”?

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En una época en que, a todos los niveles, prima la especialización con el objetivo de aumentar la eficiencia, queda cada vez menos sitio para la pluralidad de aptitudes. Donde antes ayudaba un amigo, ahora aparece la figura del psicólogo; si las bodas eran preparadas por los novios y sus familias, los “wedding planners” han pasado a encargarse de todo. Y donde antes un equipo de Fórmula 1 se encargaba de diseñar, construir y poner en pista dos coches, ahora subcontrata todo lo que puede. Siguiendo esa misma línea, los miembros de las escuderías se centran cada vez en ámbitos más concretos: el entendido de motores debe encargarse sólo de motores; el de suspensiones, de suspensiones; y el piloto, de ir lo más rápido posible al volante. Pero hubo un tiempo en que las cosas no eran así. Cuando la profesionalidad del siglo XXI era una entelequia, había intrépidos pilotos a quienes se les ocurría hacer su propio coche. Algunos sin mucho éxito (Wilson Fittipaldi, Arturo Merzario, John Surtees…), otros con mayor repercusión (Dan Gurney y su Eagle, con el que ganó en Spa 1967; o Bruce McLaren, que repitió gesta 1 año más tarde), y uno que logró lo que parece imposible que vuelva a repetirse jamás: ganar el campeonato del mundo con su propio bólido. Sir Jack Brabham lo hizo en 1966, y nadie más lo conseguirá.

Brabham Cooper

A bordo del Cooper T53, Brabham ganó su segundo título en 1960.
(Fuente: pinterest.com)

John Arthur Brabham, nacido en 1926, marcó el patrón de todos los pilotos australianos que han llegado al éxito: carreras locales en su país natal, y posteriormente un “salto al vacío” mudándose a Gran Bretaña, donde el idioma común ayudaba a paliar los 15.000 kilómetros que separan la isla oceánica de Londres. Jack comenzó a pilotar midget cars en óvalos de tierra de Sydney y Adelaida con 22 años (los tiempos han cambiado…), y ganó numerosos campeonatos nacionales. En 1952 comenzó a interesarse por la competición en asfalto, compró varias unidades de coches Cooper, la escudería británica, y comenzó a modificarlos, usando sus conocimientos de mecánica. Tras salir vencedor en casi todos los campeonatos que disputó, en 1955 dio el salto al corazón de las carreras: Reino Unido. En Aintree, aquel mismo año, Brabham hace su debut en el campeonato de Fórmula 1, retirándose por un fallo de su motor con un tercio de carrera completada. En estos primeros años, Jack pilota fundamentalmente en carreras no puntuables y competiciones de F2 y coches deportivos. Su primera temporada completa (salvo el GP inicial en Argentina) fue en 1958, con sólo un 4º puesto en Mónaco como resultado reseñable. Pero en 1959 y 1960, Cooper se hizo con motores de 2,5 litros y Jack Brabham ganó ambos títulos mundiales. El T53 con el que ganó su segundo título contaba en su diseño con la colaboración del australiano y de su gran amigo Ron Tauranac. Con él daría el paso de crear su propio equipo, y tras el fracaso de Cooper con la nueva fórmula de 1,5 litros en 1961, Jack decidió dar el salto y pasó a conducir sus propios bólidos a partir de 1962.

Brabham BT20

El BT20 llevó a su propietario Brabham al título en 1970.
(Fuente: f1-facts.com)

No obstante, Brabham primero compitió con un Lotus, antes de que Tauranac y él diseñaran el Brabham BT3. En Watkins Glen se convertiría en el primer piloto en puntuar con su propio coche, al acabar 4º. Sin embargo, la aventura no estaba trayendo los éxitos que el australiano esperaba. La satisfacción personal de trabajar con su gran amigo Ron no se veía respaldada por resultados: de hecho, el otro piloto del equipo, Dan Gurney, fue el primero que consiguió una victoria para Brabham. Concretamente 2, en 1964. La temporada siguiente, ya con 39 años de edad, Jack consideró la retirada para pasar a dirigir el equipo, y de hecho cedió su coche a otros pilotos en varios GGPP. Pero Dan decidió emular a su compañero/jefe de equipo y en 1966 se fue a Anglo American Racers para intentar ganar con el Eagle, un coche construido por el propio Gurney. Así, Jack decidió quedarse como piloto principal de su escudería… y resultó ser un acierto. Para terminar de afianzar el carácter australiano de su equipo, Brabham se deshizo de los motores Coventry-Climax y se agenció los V8 de Repco, una compañía de su mismo país. Y dio en el clavo: en 1966, Jack conseguía su tercer campeonato del mundo. La primera (y única) vez que un piloto ganaba el título con un coche de su propia factura. En 1967, llevó la lucha hasta el último GP con su compañero, Denny Hulme. Pero en 1968, el coche fue poco fiable, y Jack sólo pudo conseguir 2 puntos. El paso a Cosworth para los dos años siguientes revitalizó al de Nueva Gales del Sur, consiguiendo una victoria en Sudáfrica 1970 y lo que debería haber sido otra en Mónaco, pero en la última vuelta, cuando lideraba el GP, se estrelló contra las balas de paja y Jochen Rindt heredó la victoria. Con 44 años a sus espaldas, ¿era el momento de decir adiós? Jack así lo entendió y, tras otros dos podios en Francia y Gran Bretaña, se retiró a final de temporada, volviendo a Australia a llevar una vida más “tranquila” (es un decir, claro) entre granjas, concesionarios y compañías de aviación.

Así terminó la historia del único piloto-propietario campeón del mundo. Un año después, el equipo Brabham fue adquirido por un tal Bernie Ecclestone, que supo adaptarlo a la nueva realidad de la F1, cada vez más un espectáculo de masas y menos un club privado elitista. Jack, un hombre muy callado y trabajador, fue el vencedor en aquel pequeño período del deporte en que muchos se animaron a ganar con su propio coche. Dan Gurney probablemente fuera más talentoso (y, desde luego, sociable), pero menos aplicado y bastante dado a juguetear con los chismes mecánicos basado en su escasa formación ingenieril, imponiendo su criterio sobre hombres con más conocimientos en el equipo. Bruce McLaren tenía a su lado al mítico diseñador Robin Herd, pero la tragedia se cruzó en su vida en 1970, y nunca sabremos qué podría haber logrado (aunque el incontestable éxito de su equipo a partir de entonces puede dar una idea). Lo cierto es que sólo Brabham, que el próximo 2 de abril cumpliría 90 años de seguir vivo (falleció en 2014), completó el camino. El piloto que sabía construir coches; el diseñador que podía ir más rápido que nadie con sus creaciones. ¿No es “Black Jack” el que más se ha acercado a la definición de “piloto total”?

One comment

  1. SportPrototipos · marzo 24

    Excelente artículo.

    El “Tío Ken” (Tyrrell) debería ser también objeto de estudio ,como sugerencia.

    Me gusta

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