Phil Hill: el campeón silencioso

Mucho antes de que los pilotos fueran estrellas con millones de seguidores en las redes sociales, los campeones se forjaban a base de abnegado trabajo casi en solitario. Incluso entonces, Philip Toll Hill destacaba por su carácter inexpresivo y lacónico, para algunos hasta incapaz de socializar. El estadounidense siempre parecía al borde de ser engullido por el miedo, respetaba como ninguno de sus coetáneos a la muerte, que convivía con los “caballeros del riesgo” en aquellos tiempos, y en 1961 fue la parca quien decidió darle el título del mundo, llevándose a Wolfgang von Trips y 14 espectadores. Ayer hubiera cumplido 89 años un campeón que no vino al deporte para ser el héroe, sino para disfrutar de la pasión de su vida.

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Todos los pilotos de la historia de la Fórmula 1 se han caracterizado (y así sigue siendo en el presente, y lo será en el futuro) por un mismo elemento: su desdén por el riesgo. Allí donde el resto de los mortales sería incapaz de seguir pisando el acelerador cuando se superan los 200 km/h y el pie rebota por todo el cockpit, los elegidos para este deporte siempre han tenido ese punto de valentía para tomar las curvas a unas velocidades que a los demás no dejan de parecernos imposibles. ¿Valentía… o irresponsabilidad? No en vano Enzo Ferrari, probablemente la persona que mejor ha podido comprender la mentalidad de decenas de los más grandes pilotos del mundo, decía que “el piloto que tiene un hijo pierde medio segundo por vuelta“, en clara alusión a que la aparición de una responsabilidad familiar atemperaba la inconsciencia del intrépido conductor. Muchos pilotos sí que verían el peligro, pero se las apañarían para aparcarlo. Sin embargo, hubo uno, y además tocado por la varita, que nunca pudo ocultarlo: tenía miedo a la muerte.

“Las carreras sacaron a la luz lo peor que hay en mí. Sin ellas, no sé la clase de persona que podría haber sido”

Hill Ferrari Sport

En 1957, Hill a bordo del Ferrari 410S. (Fuente: tamsoldracecarsite.net)

Phil Hill, campeón del mundo de 1961, nació el 20 de abril de 1927 en el seno de una acomodada familia en Miami, un lugar al que nadie vería una remota conexión con la Fórmula 1 en los años en que ésta fue creada. Como era de esperar, Phil estaba destinado a cursar una carrera universitaria (Empresariales), pero pronto comenzó a verse su peculiar personalidad. Tremendamente tímido e introvertido, lo único que el joven Hill quería era ser feliz y vivir en paz. Y desde luego, estudiar esa titulación no entraba dentro de su ideal de “felicidad” desde que a los 12 años su tía le regaló un coche, un Ford T. Phil se introdujo en el mundo de la mecánica, abandonando la universidad, y pronto empezó a pilotar. Primero un MG TC biplaza, luego un Ferrari de 2,6 litros… Hill consiguió decenas de victorias importantes por todo Estados Unidos. Pero si quería dar el salto a los monoplazas, tenía que tomar el camino que todos los pilotos no europeos se veían obligados a recorrer: ir al Viejo Continente. En 1953 participó en Le Mans con un OSCA (compañía italiana fundada por los hermanos Maserati), y dos años después lo hizo con la Scuderia Ferrari. Hill abandonó aquella carrera, pero ese día recordó el enorme riesgo que corría montado en un coche a altas velocidades. En la vuelta 35, Mike Hawthorn se cruzó delante de Lance Macklin para entrar en el pit lane; Macklin tuvo que girar bruscamente y chocó contra Pierre Levegh, que pasaba a su lado a gran velocidad. El francés salió lanzado hacia el público e impactó contra el graderío, explotando en llamas. 84 muertos fue el macabro balance del peor accidente de la historia del automovilismo. Phil Hill había sufrido en su época en Estados Unidos de diversas úlceras en el estómago causadas por su pavor a la muerte en un accidente, pero nada podía tumbar su sueño y, tras 10 meses sin carreras y a base de muchos tranquilizantes, siguió corriendo. Pero lo de Le Mans 1955 parecía demasiado. Nadie le hubiera censurado por despedirse de esta actividad tan peligrosa. La escudería Mercedes lo hizo, e incluso se llegaron a prohibir las carreras en países como Suiza. Sin embargo, Phil decidió seguir adelante, superando sus miedos en la intimidad, y firmó definitivamente por Ferrari.

“Estar en Ferrari era un infierno, como golpearse la cabeza contra una pared de ladrillo. Pero no me importaba porque era la pared más bella del mundo”

Hill Monza 1961

Phill Hill ganó en Italia 1960, la última victoria de un motor delantero. (Fuente: cochesclasicosdehoy.com)

Enzo le contrató por su talento natural, pero para él era evidente que no reunía la fortaleza mental para pilotar en Fórmula 1. No fue hasta 1958 que Il Commendatore le dio una oportunidad, pero no dejaba de ser una urgencia, y es que la muerte había vuelto a golpear al deporte, con las pérdidas de Luigi Musso (GP Francia) y Peter Collins (GP Alemania). Pronto llegaron los primeros resultados brillantes, en forma de podios, pero la primera victoria se retrasaría hasta Italia 1960, la última vez que un coche de motor delantero ganó un Gran Premio en Fórmula 1. Para 1961 se avecinaba un tremendo cambio normativo, que imponía motores de 1,5 litros de cilindrada, y era importante estar bien preparado. Ferrari lo hizo y diseñó un coche mítico, el 156 “morro de tiburón”. Esta parecía ser la temporada en que Phil Hill alcanzara la gloria: el bólido escarlata superó con facilidad a la competencia y desde los primeros días se vio claro que el campeonato de constructores estaba en el bote. Pero para conseguir la corona individual, Phil tenía que batir a Wolfgang von Trips, un rápido piloto alemán con el que mantuvo grandes peleas durante toda la temporada. Ambos se fueron alternando la delantera: el estadounidense fue 3º en Mónaco y Wolfgang 4º, pero el alemán se resarció en el siguiente GP en Zandvoort, liderando el doblete Ferrari. Los puestos se cambiaron en Bélgica y Hill volvía a liderar el Mundial. Ambos se quedaron sin puntuar en Francia, pero von Trips ganó en Aintree y retomó la cabeza. Una sólida segunda plaza en Alemania (el GP nº 100 de la historia de la F1), en el temible circuito de Nordschleife, por delante de Phil le ponía como máximo favorito al título. De hecho, lo podía ser en el siguiente Gran Premio, Monza.

“Nunca pensé que pudiera correr mejor que nadie en Monza. Para mí, esa actitud era la manera clásica de matarse”

von Trips Italia

Monza, 1961. Wolfgang von Trips se estrella contra el público y pierde la vida junto con 15 espectadores. (Fuente: lessignets.com)

Para ello, von Trips simplemente tenía que ganar la carrera. A pesar del intrincado sistema de puntuación (de las 8 carreras del campeonato, sólo valían los 5 mejores resultados de cada piloto), la ecuación era tan sencilla como eso. El alemán cumplió la primera parte del trato alzándose con la pole position, la única de su trayectoria. Phil Hill salía 4º, pero no era nada preocupante: en aquella época, Monza era literalmente una carrera de rebufos, 43 vueltas a un circuito compuesto por la pista actual (eliminando las chicanes) y por el mítico óvalo, lo que acababa dando una enorme longitud de 10 kilómetros. Sería la última vez que se usase esa configuración del trazado, debido probablemente a los riesgos que entrañaba. El día de la carrera, 10 de septiembre, ese peligro se hizo realidad. Hacia el final de la segunda vuelta, von Trips, que no había salido bien, se vio enzarzado en la recta anterior a la curva Parabolica en una pelea con Jim Clark. Ambos coches se engancharon y el alemán, como ocurriera 6 años antes con Levegh, salió despedido hacia el público. El Ferrari se llevó por delante la vida de 14 espectadores y también la suya propia, tras sucumbir a las graves heridas producidas por el impacto, pues Wolfgang salió despedido del habitáculo. La tragedia acababa de marcar para la eternidad el mundial de 1961. La carrera, de forma un tanto inexplicable, siguió adelante, y Phil Hill fue el ganador de la misma. Ese triunfo le devolvía al liderato, y sólo el difunto von Trips tenía posibilidades matemáticas de arrebatarle el título. Monza, por tanto, fue el escenario de la coronación del estadounidense como campeón del mundo. El carácter de Hill permitía intuir que si hubiese ganado el campeonato con von Trips todavía vivo, tampoco habría montado una gran fiesta. Pero su cleebración jamás hubiera sido tan triste como lo que acabó siendo: unos días después de cumplir el sueño de vida, Hill se veía cargando a hombros el féretro de su compañero y rival, una situación que posteriormente definió como “la más profundamente amarga de toda mi vida“.

“Para cada coche hay un máximo teórico de velocidad. Si se pilota dentro de ese limite, se llega a ser campeón. Si se excede de ese punto, se alcanza la muerte”

Y como suele ocurrir, una vez logrado el objetivo, el rendimiento de Hill decayó. Cada vez era menos sostenible para él seguir rodeado de la muerte. Un puñado de podios al inicio de 1962 fueron los últimos buenos resultados del de Florida en la F1. Phil se retiraría con sólo 3 victorias en su haber (junto con Hawthorn, el campeón con menos GGPP ganados en la historia del deporte), pero feliz de haber sobrevivido: “Estoy en el negocio equivocado. No quiero batir a nadie, no quiero ser un gran héroe. Sólo soy un hombre que ama la paz“. Se casó con el amor de su vida, Alma, y se mudó a California, a seguir con su pasión por los coches (abrió un taller de restauración). El piloto que, paradójicamente, declaraba sentirse seguro sólo en condiciones de lluvia quedó para el resto del paddock como un hombre tímido que se sentía hasta avergonzado de haber ganado un título marcado por la muerte. Pero Phil Hill no era un cobarde. De hecho, tal vez sea el único campeón que ha tenido miedos y los ha enfrentado. Y los ha vencido.

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3 comments

  1. SportPrototipos · abril 22

    Qué mas decir de Míster Montecarlo ??

    Desconocía su miedo evidente a la muerte y esta faceta de su personalidad.

    Excelente artículo, en esa época tan difícil, que mezclaba lo amateur y lo profesional.

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    • SportPrototipos · abril 22

      Error: metí la pata, confundiendo a Phil con Graham.

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  2. Hugo Caceret · julio 27

    Participo Phil Hill en una 24 horas de Le Mans que no gano por haberse demorado horas por un problema en el carburador? Pero igual hizo una gran carrera adelantando a decenas de coches terminando en puesto 52 si mal no recuerdo.

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