Brasil 2003: locura en São Paulo

En una nueva entrega de Grandes Premios históricos, hoy nos retrotraemos a 2003. Al Gran Premio de Brasil, que como la mayoría de carreras que rememoramos en esta sección “lo tuvo todo”: lluvia, una disparatada normativa de neumáticos, una curva maldita, constantes presencias del Safety Car, una bandera roja y un podio en el que nadie estaba puesto en su posición correspondiente. Y además, con un extra: si la fiabilidad hubiera respetado, Minardi habría ganado el Gran Premio. ¿Quién habría sido el agraciado? Nada menos que Jos Verstappen, el padre de la criatura que sí que ganó la semana pasada en Montmeló.

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Históricamente, el Gran Premio de Brasil había deparado carreras muy emocionantes, tanto en el antiguo circuito de Jacarepaguá como en el José Carlos Pace, que permanece prácticamente inalterado desde hace más de 25 años en el calendario de la Fórmula 1. La única modificación fue precisamente su ubicación en el mismo: si desde 2004 la carrera se celebra en la primavera del hemisferio sur, hasta 2003 el Gran Premio o bien abría la temporada o bien era una de las 2-3 primeras carreras. Precisamente, en esa última edición otoñal se vivió uno de los Grandes Premios más inciertos, excitantes y llenos de alternativas de todos los tiempos. Brasil era el tercer evento de la temporada y los dos primeros habían sugerido que la era del Káiser Michael Schumacher estaba próxima a su fin. Tras arrasar en 2002, el germano se vio fuera del podio en las dos primeras citas, ganadas por ambos pilotos de McLaren, David Coulthard y Kimi Räikkönen. Al cajón sí que habían subido otros rivales como Juan Pablo Montoya o Rubens Barrichello, pero uno de los nombres de moda era un tal Fernando Alonso, que en Malasia logró por primera vez en su vida la pole y subir al podio, hitos que por aquel entonces suponían una marca de precocidad. Pero cuando el Gran Circo llegó a Brasil, la mayor sorpresa vino del cielo: lluvia torrencial.

Salida Brasil 2003

Las espantosas condiciones obligaron a dar salida tras el SC.
(Fuente: foxsports.com)

2003 fue el primer año en el que Max Mosley introdujo las agresivas medidas de reducción de costes: desapareció el warm-up dominical para dar la bienvenida al parque cerrado tras la novedosa clasificación a una vuelta y se limitaron los tests cambiándolos por un tercer coche en los entrenamientos libres. Pero una de las normas más polémicas era la decisión de que cada suministrador de neumáticos (Michelin, Bridgestone) sólo pudiera traer un tipo de compuesto de mojado a cada Gran Premio: o intermedios, o lluvia extrema. La norma era tremendamente absurda, pues aunque el ahorro en costes era evidente se hacía a costa de una considerable merma en la seguridad. Y eso fue lo que ocurrió en Brasil: Michelin había decidido traer los extremos pero Bridgestone sólo suministró intermedios. Y el día de la carrera, la lluvia fue infernal. Una situación de neumáticos tan adversa sólo se volvería a ver 2 años después en el infame Gran Premio de Estados Unidos 2005, donde sólo corrieron 6 coches. Aquí en Brasil, eran 10 los que calzaban la marca japonesa, y sin duda lo iban a pasar mal. Barrichello había logrado la pole en casa, por delante de Coulthard, un sorprendente Mark Webber y Räikkönen, los 4 primeros en apenas 59 milésimas. Michael era un distante 7º. La carrera empezó detrás del coche de seguridad, así de intensa era la lluvia, y no fue hasta la vuelta 9 que se consideró mínimamente seguro para correr. Giancarlo Fisichella, 8º con el Jordan (un mérito bastante impresionante), decidió parar justo en el giro anterior y llenar el depósito hasta arriba. Cuando el SC se marchó, Rubens mandaba, pero su adherencia era nula. Tras una extraña gestión de la resalida, DC adelantó al brasileño y se puso líder. No sólo eso, sino que los Bridgestone intermedios eran un auténtico desastre. Räikkönen y un desatado Montoya (P9 en parrilla) adelantaron a Rubens en los dos siguientes giros. Kimi de hecho se deshizo al instante de Coulthard y se puso a liderar el GP.

Poco a poco, la pista fue mejorando, pero había una curva que se mantenía en un pésimo estado: la Curva do Sol, la número 3, la de izquierdas tras la S de Senna que en condiciones de seco sería a fondo, y que sin embargo ahora era una superficie de asfalto atravesada por enormes ríos de agua. El aquaplanning era constante y se cobró varias víctimas: la primera fue el difunto Justin Wilson con el Minardi, en la vuelta 16. Dos giros más tarde, en la recta de meta, la suspensión delantera del Jordan de Ralph Firman se desintegró, el inglés trompeó y se llevó puesto al Toyota de Olivier Panis, provocando un nuevo Safety Car. Todos en cabeza pararon, salvo Räikkönen, en una maniobra poco entendible. Coulthard y Michael aparecieron justo detrás de él, con un pit stop “gratis”, por lo que Kimi tendría la victoria muy complicada. Tras la resalida, los McLaren lideraban sobre los Ferrari, y la lluvia poco a poco iba apaciguándose, pero la curva 3 seguía inundada. Antônio Pizzonia trompeó y se estrelló contra la barrera de neumáticos… justo unos segundos después de que lo hiciera Montoya, provocando un momento de tensión. Y en la vuelta 27, cuando los comisarios apenas había tenido tiempo de retirar los coches, la víctima fue nada menos que el Káiser. El Ferrari #1 calcó la danza del resto de damnificados y destrozó su bólido contra las protecciones. De nuevo el Safety Car salió a pista. Ahora sí, Kimi entró en boxes, dejando a Coulthard y Barrichello en cabeza. Y en séptima posición, como de la nada, apareció un Minardi, el de Jos Verstappen, que no había hecho ninguna parada. Algo provisional… ¿o no? Dos años después, Paul Stoddart, jefe de la escudería, confesaría que “Brasil 2003 fue el único día, en los 21 años de historia de Minardi, que realmente salimos con una estrategia para ganar un Gran Premio“. La estrategia consistía en lo siguiente: vulnerar el parque cerrado repostando hasta los topes, confiando en que debido a las atroces condiciones meteorológicas habría alguna bandera roja o numerosos Safety Car que permitiesen al holandés llegar a la conclusión de la carrera sin detenerse. A posteriori, se comprobaría que todas las cuentas salían. Verstappen habría ganado el Gran Premio de Brasil 2003… de no ser porque en la vuelta 31 un trompo causado por un fallo electrónico en la maldita Curva do Sol acabó con su participación.

Uno tras otro, los coches se acumularon en la escapatoria de la Curva do Sol. (Fuente: dailymotion.com)

Dos giros después sería otro ilustre, Jenson Button, quien acabaría con sus huesos contra las protecciones de la curva 3, provocando una nueva salida del Safety Car. Sólo llevábamos 35 vueltas de 71 y apenas quedaban 11 coches en pista. Tras DC y Rubens, Ralf cerraba el podio, por delante de un Alonso que había cometido la locura de poner slicks en su parada con el SC de Firman y Panis, teniendo que entrar inmediatamente a cambiar de gomas. Y ése fue precisamente el detalle que cambió todo. Ahora era Bridgestone quien tenía la delantera, porque la pista (salvo la curva 3) ya estaba para intermedios. Michelin sólo había traído lluvia extrema y neumáticos de seco. Por ello, todos los equipos de la marca francesa se quedaron sin poder elegir la opción correcta y fueron superados por los coches de Bridgestone como si fueran de otra categoría. Rubinho adelantó a Coulthard por el liderato en la vuelta 44, pero tres vueltas después la maldición se cerniría sobre él: su Ferrari se quedó sin presión de combustible y Barrichello tuvo que aparcar en la escapatoria. Ya eran nueve años consecutivos en que Rubens abandonaba el GP de casa. El menor de los Schumacher paró en boxes a poner otro juego de extremos y Alonso, que había pasado al alemán en pista, tuvo que cumplir un drive-through por adelantar con Safety Car. Así, el 2º era de nuevo Räikkönen, pero con unas gomas incorrectas y muy desgastadas. Tras él, Fisichella, con el Jordan con neumáticos Bridgestone, venía a toda mecha. DC entró a repostar en la vuelta 52 y dejó a Kimi y Fisi pelearse por el liderato. El finés cometió un error en Mergulho y Giancarlo le adelantó. Era la vuelta 54. Y una después, Webber se estrelló en la Subida dos Boxes, destrozando su monoplaza, una barrera de neumáticos y dejando una de sus gomas en plena trazada. El Safety Car fue desplegado por enésima vez. Fisichella y Räikkönen evitaron como pudieron los restos, pero Alonso, que tenía prisa porque tenía que pasar por boxes, chocó contra los restos y salió despedido hacia las protecciones. Bandera roja. Y fin del GP.

El muro de Jordan salió a festejar el sonado triunfo de su pipiolo… pero como el accidente se produjo en la vuelta 55, es decir, tras 54 completadas, según el reglamento había que considerar la clasificación al final del 53º giro. Justo el límite, por cierto, del 75% para poder repartir el total de puntos. Y al final de dicha vuelta 53, el líder era Räikkönen, que fue proclamado vencedor, para decepción de Eddie Jordan y su gente. Así, Kimi subió al primer lugar del podio, Fisi al segundo… y nadie al tercero, ya que dicho honor le correspondía a Alonso, pero éste estaba siendo llevado al centro médico después de su brutal impacto. Pero unos días después, el equipo de Silverstone reclamó que Fisi había completado ya la vuelta 55 cuando salió la bandera roja, por lo que la carrera se suspendió en la nº 56 y había que coger los resultados de la nº 54. La FIA investigó y dio la razón a Jordan: antes del siguiente GP, en San Marino, se organizó una curiosa “ceremonia” en la que Räikkönen le entregaba el trofeo del vencedor a su legítimo propietario, Giancarlo Fisichella, que para colmo había entrado al pit lane de Interlagos al final de la carrera con el motor en llamas. Su primera victoria, y apenas pudo celebrarla de lo rara que fue. Nadie olvidará cómo la locura se apoderó del GP de Brasil de 2003, un día en que casi media parrilla tuvo la victoria a tiro: Coulthard, Barrichello, Räikkönen, Michael Schumacher… para acabársela llevando un Fisichella que sólo puntuaría una vez más en toda la temporada. Un Fisichella que, curiosamente, marchaba por detrás de Verstappen, calzado también con Bridgestone y con un coche no mucho más lento, cuando Jos “The Boss” se retiró. Pudo ser el día más grande de Jos y de la escudería Minardi, pero la primera victoria de un holandés no sería aquel día. Aún faltaban 13 años…. y tendría el honor de ser el padre de la criatura. Brasil 2003, el GP más loco de la década.

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One comment

  1. SportPrototipos · mayo 20, 2016

    Excelente artículo, si señor. Una viva descripción de un GP caótico con mayúsculas, de los de no levantarse.

    Me gusta

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