Bruce McLaren

McLaren: el creador de una leyenda

Un piloto que diseñaba sus propios coches y fundó un equipo que 50 años más tarde sería el 2º más exitoso de la historia de la Fórmula 1 sin duda era algo especial. Bruce McLaren condensó el espíritu del piloto de carreras de los años 60 y, como sus coetáneos Jack Brabham o Dan Gurney, decidió emprender la aventura de competir con una máquina creada por él mismo. Su trágica muerte, de la cual ayer se cumplieron 46 años, no impidió a la escudería convertirse en legendaria. Pero nadie puede olvidarse de su creador: la semilla la puso Bruce.

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Nadie puede negar que el origen del automovilismo, o al menos su núcleo duro, se encuentra en Europa. Los principales fabricantes de coches de carrera tenían origen en las galopantes industrias alemana e italiana, fundamentalmente. Alfa Romeo, Auto Union, Ferrari, Mercedes… a bordo de sus máquinas, los grandes pilotos triunfaban en el Viejo Continente. Nuvolari, Rosemeyer, von Brauchitsch, Taruffi, Varzi o Caracciola fueron los grandes corredores de los años 30, justo antes de que la Segunda Guerra Mundial cambiara el planeta para siempre. Hasta entonces, hubiera resultado extraño ver que alguien procedente de, digamos, Auckland (Nueva Zelanda), hiciera carrera en el mundo de las ídem. Pero cuando nació el 30 de agosto de 1937, Bruce Leslie McLaren estaba destinado a cambiar las reglas del juego.

McLaren Alemania 1958

McLaren, en su debut en Alemania 1958.
(Fuente: cochesclasicosdehoy.com)

Nacido en el seno de una familia de clase media (sus padres poseían un taller de mecánica), Bruce iba a mamar competición desde chiquitito. Su padre, Les, fue piloto de motociclismo a nivel amateur, hasta que una lesión le obligó a cambiar de afición y se pasó a las cuatro ruedas. El pequeño Bruce aprendió poco a poco todas las nociones del coche de carreras, no sólo a nivel técnico sino también de pilotaje, pero todo pasó a un segundo plano cuando se le diagnosticó Legg-Calvé-Perthes, un síndrome que afecta al fémur y que tiene como principal resultado la diferencia de longitudes entre una pierna y otra. Eso podría haber descartado para siempre su sueño de pilotar, pero McLaren estaba hecho de otra pasta. Empezó con 14 años en las carreras de montaña y sus resultados fueron muy prometedores. Quemó etapas hasta agenciarse un Fórmula 2, y tras aplicarle numerosas modificaciones técnicas consiguió ser suficientemente rápido como para acabar en 2ª posición en el campeonato neozelandés en 1957 y 1958. Sin embargo, como a todo piloto oceánico, el continente se le quedaba pequeño. Llegaba el momento de abandonar el país de origen y adentrarse en la aventura europea si quería llegar a triunfar en el automovilismo. Entonces apareció Jack Brabham, australiano que se vio obligado a hacer el mismo camino 3 años antes. “Black Jack” le invitó a acompañarle en la escudería Cooper, en la que él militaba antes de lanzarse a fundar su propio equipo. Bruce, unos días antes de cumplir 21 años, aceptó la oferta y debutó en el GP de Alemania de 1958 a bordo de un Fórmula 2, coches que se empleaban en el inmenso Nordschleife para aumentar el interés del público y que no tuvieran que esperar casi 10 minutos para ver pasar de nuevo a los monoplazas. No igualó la obra de arte de Juan Manuel Fangio doce meses antes, en la que siempre será considerada la mayor gesta de todos los tiempos, pero la aparición de Bruce en el mundillo fue impresionante: acabó 5º en la clasificación general, y fue el primero de todos los corredores de Fórmula 2, a sólo 10 segundos del Ferrari F1 de Wolfgang von Trips. No estaba mal.

McLaren Brabham

Bruce McLaren y Jack Brabham no compartían nacionalidad, pero tenían mucho en común. (Fuente: motorsportretro.com)

McLaren pasó al equipo Cooper de Fórmula 1 en 1959, y los resultados no tardaron en llegar. En la 3ª carrera del año, Gran Bretaña, sumó su primer podio, entrando en meta absolutamente pegado a la zaga de Stirling Moss después de marcar su primera vuelta rápida. Con apenas 21 años y 322 días, Bruce batía el récord de juventud de dicho logro. Un hito que tardaría nada menos que 44 años en ser superado, ¡y sólo por un día de diferencia! Las tres carreras posteriores a aquella en Aintree se saldaron con abandonos, pero a la cuarta, Estados Unidos, fue la vencida: en el desafiante circuito de Sebring, de más de 8 kilómetros, Bruce ganó su primer Gran Premio. El neozelandés era una de las sensaciones del deporte, y en 1960 se convirtió en un contendiente por el título. El rival era su propio compañero y maestro Brabham, y tras las 2 carreras iniciales, saldadas con dos abandonos del australiano y un triunfo y un 2º puesto de McLaren, las posibilidades crecieron. Sin embargo, Jack ganó los siguientes 5 eventos de forma consecutiva y se proclamó campeón. Aún no era el momento de Bruce. Y éste tampoco llegaría en 1961: se avecinaban una serie de cambios de reglamento muy grandes (motores de 1,5 litros), y Cooper fracasó. Brabham abandonó la estructura británica y se lanzó a construir su propio equipo con Ron Tauranac: McLaren se quedó en el equipo y trató de mejorar los resultados de esa aciaga temporada. Y en 1962 lo consiguieron en parte: una victoria en Mónaco y un total de 5 podios le dejaron en la 3ª posición del mundial. Pero no volvió a haber triunfos en la máxima categoría con Cooper. Sí llegarían en otras competiciones de segundo nivel como la Tasman Series, de la cual se proclamó campeón en 1964 con el equipo británico. Al año siguiente, tras conseguir un único podio en Fórmula 1, Bruce decidió seguir los pasos de su mentor Brabham y creó su propia escudería, encargándose del diseño de los coches.

McLaren CanAm

Bruce McLaren, a bordo de su coche para la Can-Am.
(Fuente: bruce-mclaren.com)

Así, en 1966, nació Bruce McLaren Motor Racing, el germen de lo que hoy es la 2ª escudería más exitosa de todos los tiempos. El debut se produjo en Mónaco, el mismo lugar en el que el pasado fin de semana se conmemoraron los 50 años del equipo, mientras John Frankenheimer conseguía algunas de las más espectaculares tomas para su mítica película “Grand Prix”. El GP de Bruce sólo duró 9 vueltas debido a una fuga de aceite, pero la base ya estaba construida. Además, el neozelandés no se limitó a la F1: también diseñó un bólido para la popular Can-Am, un trofeo de coches sport en Norteamérica, y en ese mismo 1966 sacó tiempo para correr las 24 Horas de Le Mans con un Ford GT40. ¿Resultado? Una espectacular victoria, compartida con su compatriota Chris Amon, conocido como el mejor piloto que nunca pudo ganar una carrera. En 1967 el McLaren de F1 apenas pudo acabar un par de Grandes Premios, y de hecho Bruce llegó a correr algunos con la escudería Anglo American Racers de otro intrépido piloto-diseñador, Dan Gurney. Pero sus aventuras en la Can-Am no podían ir mejor: él y otro neozelandés, Denny Hulme, se alternaron las victorias en el campeonato, el cual acabó ganando Bruce. De hecho, el equipo se haría con el triunfo también en 1968, 1969 y 1970, con la curiosidad de que en los años impares el campeón fue McLaren y en los pares “El Oso“. En Fórmula 1, sin embargo, el éxito no fue tan inmediato. En 1968, después de abandonar en las últimas 5 carreras que había disputado, McLaren por fin pasó a la historia y ganó con su propio coche, en Bélgica. 1969 trajo consigo la fiabilidad, y unido al talento de Bruce y a la velocidad del coche el “kiwi” logró 3 podios y un total de 26 puntos, acabando de nuevo en el tercer puesto en la tabla de pilotos. En 1970 podría llegar la gloria: el M14A, la nueva creación de Bruce, le llevó al 2º puesto en Mónaco, pero unos días antes del GP de Bélgica ocurrió la desgracia. Probando su M8D para la Can-Am en Goodwood, la parte trasera de la carrocería salió despedida, Bruce perdió el control y chocó contra un puesto, acabando con su vida.

¿Qué podría haber logrado Bruce McLaren de no haberse interpuesto la muerte en su camino? Tras las 3 primeras carreras de 1970 tenía más puntos que el campeón final, Jochen Rindt (otro piloto fallecido en acción, el único coronado a título póstumo). A partir de 1972, el equipo se convirtió en una de las referencias del deporte y en 1974 Emerson Fittipaldi logró el primer título de la historia de los británicos (a pesar de la sangre neozelandesa que sin duda portaba la escudería). ¿Habría sido campeón con su equipo Bruce, emulando a Jack Brabham? Nunca lo sabremos. Pero lo que sí pudimos comprobar es que construyó los cimientos de una escudería por la que han pasado campeones de la talla de Niki Lauda, Alain Prost, Ayrton Senna, Mika Häkkinen, Lewis Hamilton o Fernando Alonso. 12 títulos de pilotos y 8 de constructores es el inmenso legado del joven neozelandés que demostró un inmenso don tanto para conducir coches de carreras como para diseñarlos. Un pionero del deporte. Un héroe para la historia.

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