Jules Bianchi

La estrella que no pudo brillar

El destino tenía reservado un fatal desenlace para Jules Bianchi. El francés nos dejó con apenas 25 años, pero en ese tiempo pudo demostrar que al volante de un monoplaza podría haber sido uno de los grandes. No en vano, Ferrari estaba abonando el terreno para que el francés saltara a la Scuderia en 2016. Su palmarés en categorías inferiores y sus excepcionales actuaciones en Fórmula 1, con el ya mítico GP de Mónaco de 2014 como punto álgido, nos enseñan que en Jules había un futuro ganador. Un año después de que nos dejase, y sin que la justicia haya encontrado un culpable a su muerte, reflexionamos sobre lo que debió haber sido.

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¿El talento nace o se hace? Podrían hacerse sesudas tesis al respecto, pero la evidencia dice que en las familias que tienen la velocidad en la sangre resulta más probable que aparezcan nuevos futuros pilotos de Fórmula 1. Villeneuve, Rosberg, Hill, Piquet, Verstappen… padres e hijos con el mismo apellido han desfilado por el Gran Circo con éxitos dispares, pero con el denominador común de haber llegado todos a la élite. También de casta le venía al galgo en el caso de Jules Bianchi. Su abuelo Mauro fue un competidor de GT en los años 60, pero más conocido fue el hermano de éste, Lucien, quien disputó 19 carreras de Fórmula 1 y ganó las 24 Horas de Le Mans en 1968. 1 año más tarde, entrenando para la siguiente edición del legendario evento de resistencia, Lucien se dejó la vida frente a un poste de telégrafo. Cuando Jules aterrizó en la F1 en 2013 con la débil Marussia, nadie podía imaginar que la tragedia también iba a acabar con él.

Bianchi GP2

Jules Bianchi ya prometía maneras desde su debut en GP2.
(Fuente: f1fanatic.co.uk)

Jules Bianchi era lo que todos definiríamos como una “futura estrella” ya desde una tierna edad. Montado en un kart desde los 3 años, el francés ascendió por las distintas categorías de la disciplina hasta que a los 17 años fue reclutado por Nicolas Todt, hijo de Jean e incipiente mánager de éxito. El primer paso de Nicolas fue ascenderle en 2007 a monoplazas en una categoría sin mucha presión, la FR 2.0 francesa. Bianchi arrasó, claro. En 2008 dio un salto importante, la F3 Euroseries (la categoría que encumbró entre otros a Lewis Hamilton, Paul di Resta, Romain Grosjean o Nico Hülkenberg). Precisamente el alemán fue el campeón de esta primera edición de Jules, con Edoardo Mortara 2º. Pero Bianchi acabó 3º, el mejor de los rookies. Así, el objetivo para 2009 era evidente: ganar el título. Y el francés se paseó, con 9 victorias. Tenía 20 años y ahora llegaba el ascenso definitivo: la GP2. Con ART, el campeón defensor. ¿Y qué hizo en su primera carrera? La pole, nada menos. Bianchi acabó 3º en el campeonato, sólo superado por los más experimentados Pastor Maldonado y Sergio Pérez. La paciencia ya era imposible: tenía todo para disfrutar de una prolífica carrera en Fórmula 1 y algunos querían subirle cuanto antes. De hecho, un año antes de su debut en GP2, cuando Felipe Massa sufrió su espantoso accidente en Hungría, se rumoreó con el francés como un candidato al puesto vacante. Obviamente eran chismes infundados… o no tanto, porque Ferrari le concedió un test en diciembre y su rendimiento fue tan brillante que le incluyeron en la academia de jóvenes pilotos de la Scuderia. En 2011 se propuso ganar la GP2 con ART, pero llegó un pinchazo inesperado: Romain Grosjean barrió a todos con el DAMS y Jules sólo pudo ser de nuevo 3º. Necesitaba un relanzamiento y éste llegó en 2012: en la complicada FR3.5, en su temporada de debut (sólo tenía como bagaje una carrera aislada en 2009), acabó 2º en la general. Tuvo el título en su mano, pero una descalificación por motivos técnicos en la primera carrera y ser embestido por su rival por el campeonato en la última le negaron la victoria. Pero lo importante es que había dejado su marca: la Fórmula 1 estaba a la vuelta de la esquina. Tras numerosas FP1 con Force India en 2012, amén de la siguiente pretemporada, todo parecía indicar que Bianchi se sentaría en un VJM06. Pero en la batalla por el puesto con Adrian Sutil el alemán salió vencedor, a pesar de los excelentes resultados de Jules. La tristeza le duró sólo un día: Luiz Razia, que había sido confirmado con Marussia, vio cómo se canceló su contrato por problemas con los patrocinadores. Bianchi saltó a la vacante. Ya había llegado a la Fórmula 1.

Bianchi Marussia

Bianchi era el único motivo de alegría en Marussia. Sin él, el final de 2014 fue mucho más difícil. (Fuente: motorexpress.es)

A su lado estaba Max Chilton, hijo de un empresario del mundo del seguro y cuyo palmarés en las categorías inferiores era infinitamente menor que el de Bianchi. A nadie le sorprendió por tanto que el francés llevara la delantera, pero lo verdaderamente alucinante fue cómo de grande fue su ventaja. En el enésimo debut centelleante de su carrera, en Australia, Jules superó por 9 décimas a Max en FP1 y FP2 y luego por casi 8 en la Q1, quedándose a esa misma distancia de salvar el corte frente a una mecánica infinitamente superior como la del propio Sutil. Al día siguiente, Bianchi hizo la 11ª vuelta más rápida, por delante de los dos Force India. La siguiente carrera, Malasia, fue incluso mejor: Bianchi le metió 1,2 segundos a su compañero y sólo le faltaron 5 décimas más para pasar a Q2. Insistimos, con un Marussia. La P13 en carrera del día siguiente fue lo suficientemente buena como para asegurar durante el resto de temporada el 10º lugar entre los constructores. Es decir, la viabilidad económica para el siguiente año. Los anglorrusos repitieron alineación, así que Jules volvería a ser el líder del equipo (no en vano, batió 17-2 a Chilton en clasificación en 2013). Y en efecto eso es lo que ocurrió: Max sólo pudo batirle el sábado en 3 ocasiones, así que Bianchi seguía siendo la esperanza de Marussia para lograr la P10 por equipos. Y el milagro llegó en Montecarlo. La pista definitiva. Tras meterle 6 décimas a Chilton en clasificación, Jules fue sancionado por sustituir su caja de cambios y saldría 21º. Necesitaría una carrera loca para aspirar a algo. Y Bianchi no fue de los muchos que perdieron la compostura aquel día: 8 abandonos y algunos lances absurdos le dieron la posibilidad de ascender en el pelotón hasta verse en una inenarrable P8. Por culpa de un pequeño malentendido con una penalización de 5 segundos (que el equipo intentó cumplir bajo régimen de SC, algo prohibido), Bianchi se vio relegado a la 9ª plaza. Pero al francés le supo igualmente a gloria. 2 puntos con el Marussia. Y qué valor tenían. No sólo superarían a Caterham entre los equipos, sino también a Sauber. El resto del año fue la confirmación del #17 como un talento en ciernes. Cometió la heroicidad de entrar dos veces en Q2, la primera en el lluvioso Silverstone y la segunda en el Hungaroring, batiendo a Kimi Räikkönen (!) con una vuelta maravillosa 1,1 segundos mejor que la de Chilton. Ferrari estaba prestando atención y todo apuntaba a que sería el sustituto del propio Kimi, en 2016 a más tardar. Con 26 años y 3 de experiencia en la Fórmula 1, Bianchi estaría totalmente preparado para comenzar a coleccionar puntos, podios, poles y victorias.

¿Habría podido lograrlas de no haberse cruzado aquel maldito vehículo de rescate en Suzuka? Nunca lo sabremos. Hoy, un par de días después de cumplirse el primer aniversario de su fallecimiento, sólo podemos honrar su memoria. La muerte de Jules, la primera en un GP de Fórmula 1 en más de 20 años (sin nunca olvidar a María de Villota), supuso un antes y un después en el deporte. Tras su trágico accidente han llegado, llegan y llegarán un aluvión de medidas de seguridad (Safety Car virtual, el “Halo”…) que intentarán evitar que esto vuelva a ocurrir. El dolor de la familia Bianchi es aún más intenso cuando han de enzarzarse en batallas para que se haga justicia con su hijo. Pero después de lo ocurrido en el pasado GP de Hungría, cuando toda la Fórmula 1 rindió un sentido homenaje a su figura, sus padres pueden estar seguros de que el automovilismo jamás borrará de su memoria las hazañas del #17. Y tampoco olvidará que sólo la muerte evitó lo que seguramente hubiera sido una exitosa trayectoria en el deporte que amaba. Descansa en paz, Jules.

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