Palmer Hungría Análisis

El punto que no fue

Desde su relativamente inspirado debut en Australia, la temporada de Jolyon Palmer estaba siendo la confirmación de que no siempre los campeones de GP2 son futuras estrellas, sino que a veces se gana el certamen por mera experiencia. Sin embargo, la actuación del británico en Hungría estaba sirviendo para callar a sus críticos: con el flojísimo RS16 rodaba 10º con las paradas hechas, dispuesto a sumar su primer punto en Fórmula 1… pero un trompo en la curva 4 arruinó su actuación. ¿Pero cómo llegó hasta ahí en primer lugar?

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Una vez más, el apellido resultó importante para ascender por las categorías inferiores del automovilismo. Jolyon Carlyle Palmer tuvo más sencillo llegar a la Fórmula 1 porque era hijo de Jonathan Palmer, un ex piloto que aunque no gozó de gran éxito en la categoría reina (ni un solo podio en 88 Grandes Premios) sí que fue famoso por su participación en otros certámenes: ganó la Fórmula 2 en 1983, los 1000 km de Brands Hatch en 1984 y fue 2º en las 24 Horas de Le Mans del año siguiente. Pero sobre todo se le recuerda por ser el impulsor de MotorSport Vision, uno de los mayores organizadores de eventos automovilísticos del mundo, y que incluía competiciones como la Fórmula Palmer Audi, la segunda etapa de la F2 o PalmerSport, que incluye escuela de pilotaje entre otros. Estaba claro que el pequeño Jolyon iba a mamar carreras desde que naciese, así que a nadie le extrañó ver su apellido en las tablas de tiempos del karting,

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Hasta Hungría, su debut en Australia había sido la mejor actuación en F1 de Palmer. (Fuente: f1fanatic.co.uk)

Eso sí, una cosa es que papá ayude a la carrera de su hijo, y otra es que le aporte hasta los equipos y las competiciones en las que corría. Tras empezar en los T Cars (en el equipo PalmerSport Junior, por supuesto), Jolyon ascendió por la Palmer Audi y por la propia Fórmula 2. A pesar de conseguir victorias en todas ellas, su único título fue el Autumn Trophy de los T Cars en 2006. No parecía excesivamente prometedor cuando llegó a la GP2 en 2011, con Arden. Y lograr 0 puntos en su temporada de debut tampoco fue impresionante. Poco a poco mejoró sus resultados con la debida experiencia, hasta que en 2014 consiguió alzarse con el título de la antesala de la F1. Dado el pobre (o nulo) historial de otros pilotos que tardaron tanto en conquistar este cetro (Pantano, Valsecchi, Leimer), la carrera de Palmer no parecía tener mucho más recorrido. Lotus le reclutó en 2015, pero como piloto de pruebas. La oportunidad soñada llegó en 2016, cuando Romain Grosjean abandonó el barco a la deriva y puso rumbo a Haas. A su lado tendría a Kevin Magnussen, que no dejó mala imagen en 2014 junto a Button. ¿Podría vencerle? Todas las apuestas ponían al danés muy por delante… hasta que en Australia Jolyon, con su estilo de entrada en curva tipo Rosberg, batió a su compañero en clasificación, y en carrera pudo retener durante casi 10 vueltas a un bólido infinitamente superior como el Toro Rosso de Carlos Sainz, que encima calzaba gomas nuevas. No era una mala imagen la dejada el día de su debut. Sin embargo, a partir de entonces la temporada se convirtió en un desastre. Un complicado RS16 no le ayudó a mostrar sus virtudes, y los inacabables problemas menores de fiabilidad tampoco. Magnussen comenzó a superarle día sí día también en clasificación (descontando Canadá, donde Kevin no participó, el #20 le venció en todos los sábados, y además Palmer no ha vuelto a Q2 desde Melbourne), hasta que llegó Hungría. Un circuito especial para intentar algo especial.

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Palmer lamentó la aparición de la lluvia en Q1. La última bandera roja arruinó sus opciones. (Fuente: GPUpdate.net)

Tras no mostrar mucho en los libres del viernes, Renault metió a sus coches P10 y P12 en la FP3. Lo nunca visto en 2016. ¿Era de verdad posible estar tan arriba? El diluvio en clasificación habría sido bueno en cualquier otro GP… pero ahora que parecían ir bien, tenía más pinta de incordio. Y exactamente eso ocurrió. Ambos coches cayeron en Q1, con Jolyon particularmente enfadado por encontrarse una bandera roja justo en su vuelta rápida. El fin de semana parecía tirado a la basura. Pero el domingo, Palmer mostró la mejor cara de la temporada. Conscientes de que en realidad estaban “fuera de posición”, en Renault decidieron dividir estrategias; Magnussen partiría con las súperblandas y el inglés con blandas. El #30 superó a Kvyat en la salida, ya era 16º. Los problemas de Button le subían al 15º lugar. Su largo primer stint fue tan positivo como el de Kimi Räikkönen (en las 25 primeras vueltas sólo perdió 15 segundos con el finés, y no hace falta mencionar la enorme diferencia de coche entre uno y otro) y tras su primera parada le ganó el puesto a Nasr, Gutiérrez y Grosjean. Ya era 12º, y ahora con un juego nuevo de SS con el que quería dar caza a Hülkenberg, que calzaba unas S muy usadas. En la vuelta 39, con ambos coches pegados, los dos decidieron entrar a boxes. Sería un duelo de mecánicos… y Renault ganó a Force India (aunque Nico reconoció parte de la culpa). 11º. Y para mayor alegría, la arriesgada estrategia de Sergio Pérez a una sola parada fue abortada: segundo pit stop del mexicano y P10 para Jolyon. ¡El primer punto! Parecía hecho… ¿fue tal vez el exceso de confianza lo que echó todo por tierra? En la vuelta 48, tras marcar su segundo giro más rápido del día, Palmer perdió el control de su RS16 en el vértice de la curva 4. La entrada parecía buena, pero antes de rozar el piano interior el coche amarillo rotó como una peonza. A pesar del contravolante del inglés, el control estaba perdido. Quedó contra la marcha en la escapatoria, y todavía maldiciéndose por haber perdido el botín se reincorporó a la pista con cierta peligrosidad justo cuando pasaban Grosjean y Pérez. Ya nada importaba.

Ahora toca extraer las conclusiones positivas del Hungaroring, y éstas son dos: la primera es que el coche parece haber mejorado levemente, y la segunda es que Palmer por fin ha conseguido mostrar al mundo que puede cuajar una actuación impresionante con la que llamar la atención a otros jefes de equipo. La enorme inversión que se espera de Renault de 2017 en adelante convierte a sus dos volantes en lugares muy codiciados por todos los pilotos. Ya le han salido decenas de novios a esos puestos, y en casi ninguna quiniela figuraba Jolyon. Ni siquiera Kevin. ¿Qué ha de hacer entonces el #30? Demostrar que Hungría no es flor de un día: vencer a su compañero en el lance favorito del danés, la clasificación (ya mantuvo el tipo frente a todo un Jenson Button en 2014), y tener más domingos como este. Claro que necesita una actuación redonda: lograr subir el Everest que es entrar en la zona de puntos para luego caerse al ir a clavar la bandera no es precisamente atractivo. Todavía tiene 10 carreras para intentar demostrar que se cometería un error si Jolyon (y ya no el hijo de Jonathan) no está en la parrilla de 2017.

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