Ahora empieza lo malo

Desde que el pasado mes de diciembre Toro Rosso firmó llevar motores Ferrari en 2016 pero de la especificación del año anterior, la estrategia para la temporada quedó clara: conseguir el máximo de puntos al principio y luego tratar de vivir de las rentas. Ahora que llega el verano, y tras el flojo rendimiento en Hockenheim, queda claro que estamos ante el comienzo de la segunda fase del año, la dura. STR marcha 6ª en el campeonato de constructores, pero todo apunta a que caerá un año más a la P7. ¿Ha sido por tanto un acierto abandonar los motores Renault y pasar a los italianos?

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Todos los equipos de Fórmula 1 tienen una idiosincrasia relativamente diferenciada, sus objetivos (aunque la meta final de todos sea ganar) no son los mismos y por tanto cada análisis debe tener en cuenta las circunstancias propias de las diferentes escuderías. Sin embargo, dentro de las singularidades existentes a lo largo y ancho de la parrilla, Toro Rosso sea seguramente la más especial de todas. Es, en sentido estricto, el único equipo claramente filial de otro. Fue creado con el claro objetivo de servir de entrenamiento a los jóvenes pilotos del programa Red Bull antes de ascender al equipo titular. Incluso son los únicos que, años atrás, se dejaban pasar por una escudería distinta a ellas. Su marcado carácter de “equipo B” hace preguntarse algunas cosas: ¿están de verdad aquí para competir? ¿Sólo sirven para que Dietrich Mateschitz corra con 4 coches en vez de 2? Estas particulares características tal vez justifican las igualmente particulares decisiones que han de tomar. Como por ejemplo llevar a la FIA a excepcionalmente permitir un motor homologado de un año anterior. Toro Rosso, decepcionado por la falta de competitividad de Renault en 2015, aceptó quedarse con un Ferrari de dicha temporada, pues a su juicio sería mejor que lo que le diese la marca del rombo. La Scuderia no quería que Red Bull tuviese acceso a su motor de 2016 a través de su equipo hermano, y tampoco iba a arriesgarse a verse batidos de vez en cuando por su equipo cliente. Así que sólo pudieron ofrecerles el motor antiguo. O lo tomas o lo dejas.

Sainz Toro Rosso

El motor Ferrari 2015 iba a suponer una mejora de unas 3 décimas sobre el Renault 2016. Acertaron… a medias. (Fuente: as.com)

La idoneidad de ese movimiento ya fue debatida en su momento. Nuestras cuentas sugerían que el cambio le daba a STR un impulso de unas 7 décimas, a las cuales habría que restar lo que hubieran mejorado al pasar de Renault 2015 a Renault 2016, que estimamos en su día en 4 décimas. Es decir, 0,3 segundos que le permitirían subir por la escala de rendimiento hasta pelear con Williams y Red Bull por ser el tercer equipo en Melbourne. Eso fue exactamente lo que ocurrió, pues los Toro Rosso clasificaron P5 y P7 en Albert Park. Ahora bien, conforme avanzase el año el rendimiento caería notablemente. Y nos tememos que volvimos a acertar. Ya desde el principio se vio claro que subestimamos la mejora de los motores durante el invierno (fundamentalmente, Renault): al llegar a Baréin y sus largas rectas, Toro Rosso se quedó fuera de la Q3. En velocidad punta, aunque no de forma tan dramática como con los motores franceses, seguían estando abajo. El STR11, eso sí, está siendo un chasis tan fantástico como el STR10, y dados los reducidos medios de lo que antes era Minardi el resultado es impresionante: bueno en curvas lentas, formidable en giros rápidos. Pero mientras que los otros 10 equipos de la parrilla pueden mejorar coche y motor al alimón, en Faenza sólo pueden limitarse a tocar la carrocería. El propulsor será el mismo hasta Abu Dabi, así que cuando Franz Tost y los suyos miran hacia las 9 carreras finales, lo hacen con temor. Ahora empieza lo malo. Y si miran a la clasificación, ven que 45 puntos y la 6ª plaza actual tal vez no es toda la renta que les hubiera gustado conseguir. McLaren, a sólo 3 unidades, viene más fuerte que ellos y lo más probable es que les venzan. Y si caen a la P7, repetirán lo hecho el año pasado. Por tanto, podría concluirse que al final no había gran diferencia. Tan sólo quedará el regusto de que a final de temporada se tendrá el ánimo algo bajo, en vez de haber ido hacia arriba con los progresos de Renault, pero seguramente el resultado hubiera sido similar. Claro que nunca se sabrá a ciencia cierta.

Kvyat Austria accidente

El accidente de Kvyat en Austria fue producto de una rotura de suspensión por ir demasiado sobre el piano. Un sumario de su deprimente temporada. (Fuente: motorsport.com)

Pero no podemos olvidar hacer mención a un factor limitante: desde el Gran Premio de España uno de los pilotos ha sumado sólo 2 puntos. Con Max Verstappen en el equipo, la posición de STR sería mucho más sólida; pero desde que el holandés ascendió a Red Bull y Daniil Kvyat aterrizó en Faenza, el rendimiento del ruso ha caído en picado. La temporada del #26 se torció desde que en su Gran Premio de casa se dejase vencer por la enorme presión y chocara contra Sebastian Vettel por dos ocasiones. Bajarle del RB12 fue un golpe demasiado duro para el joven Daniil. En cierto modo, está siendo víctima de la precocidad de su trayectoria. Debuto en F1 con 19 años, subió a un coche para pelear por podios y victorias con sólo 20 y ahora que tiene 22 (por decir algo, la edad con la que Lewis Hamilton disputó su primer GP) parece un piloto quemado. La excesiva fogosidad de su conducción siempre le ha limitado a ser un piloto rápido pero inestable. Esa entrada ultraagresiva en curvas a lo Alonso 2004-06, esos contravolantes constantes en tracción, esa forma de pilotar siempre al límite… en clasificación, en velocidad pura puede resultar competitivo, pero no es una base estable desde la que trabajar. Los accidentes han sido una constante; una pista húmeda era el preludio de un choque. Seguramente, con tiempo y paciencia Kvyat podría haberse moderado y acabar siendo un piloto tipo Rosberg, capaz de controlar su evidente talento para desplegarlo de forma comedida. Pero la cantera de pilotos de Red Bull no se caracteriza precisamente por esperar: o rindes, o te vas. Esa presión ha sido como echar gasolina al fuego, y Kvyat está corriendo cada vez peor. Sus declaraciones en Alemania, cuando quedó eliminado en Q1 a medio segundo de distancia de su compañero, demostraron la desesperación y el agujero en los que está metido ahora mismo. Sus esperanzas de seguir en F1 en 2017 son prácticamente nulas.

Sainz Gran Bretaña

En Gran Bretaña, Carlos Sainz acabó 8º, su posición favorita del año. La regularidad ha pasado a ser un también un atributo del madrileño. (Fuente: laf1.es)

La cara alegre del equipo se encuentra ahora mismo en el otro box. Carlos Sainz sintió un enorme alivio cuando Verstappen fue ascendido; en 2015 y estas primeras carreras de 2016, la buena pinta que tenía el madrileño se estaba viendo opacada por el torrente de sensaciones que era Max. Sainz comenzó su andadura en Fórmula 1 demostrando ser en cierto modo la antítesis del holandés: velocidad y reflejos frente a la manipulación y la técnica del #33. Pero ni mucho menos es un piloto que lleve al extremo su estilo, como Kvyat. Carlos siempre ha demostrado un cierto nivel de control en su conducción al límite y visualmente, siendo agresivo, tampoco va despendolado. Al lado de alguien como Max, eso sí, sus defectos iban a saltar a la vista. El más destacado era el de entrar con demasiada velocidad y grado de giro a una curva para luego, con la trasera exterior en apoyo, intentar dar gas y traccionar rápido. Los límites de la física obviamente seguían estando ahí, por lo que Carlos tenía que lidiar con un golpe de sobreviraje en ese punto, con la consiguiente degradación que tantas y tantas veces le ha arruinado lo que parecían grandes sábados cuando su primer stint resultaba demasiado corto y salía de boxes en tráfico. Pero desde el GP de España, Sainz mutó. ¿Fue el impulso psicológico de deshacerse de Verstappen? ¿Fue heredar su chasis de carrera? Sea cual sea la respuesta, lo cierto es que Carlos por fin se volvió competitivo los domingos. De repente se puso al nivel del resto de la parrilla en materia de gestión de neumáticos o de impresión de un ritmo. En Montmeló dio una lección; en Montréal, otra. El #55 se ha convertido en un piloto para sumar puntos con regularidad. El año pasado, Sainz puntuó en 7 ocasiones y alcanzó 18 unidades; en sólo 12 carreras de 2016, los guarismos han subido a 8 y 30. La progresión es evidente, y le ha hecho ser candidato a numerosos volantes incluso de fabricante oficial, pero Toro Rosso anduvo rápido en renovarle para 2017.

Seguramente se tenga que medir con la siguiente promesa del programa de jóvenes talentos, Pierre Gasly. El duelo sería apasionante porque, a diferencia de lo que suele ocurrir, Toro Rosso podría medir a su nuevo piloto al compararlo con un valor ya consagrado. Y si a nivel de pilotos eso resulta atractivo, a nivel técnico también debería ser un buen año. Con la abolición del sistema de tokens y por tanto con gran libertad de evolución, tener un motor de un año anterior sería un auténtico suicidio. Así que Faenza se ha asegurado gozar de motores Renault 2017, que además en caso de no ser tan competitivos como los Mercedes importará menos, pues el peso del chasis aumentará con la nueva normativa. En definitiva, Toro Rosso seguirá cumpliendo su objetivo de ser el “jardín de infancia” de sus promesas, pero además gozará de una gran competitividad que le podría permitir mejorar el 7º puesto por escuderías. El final de 2016 será muy duro, pero hay motivos para mirar a 2017 con ilusión.

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One comment

  1. 001 · agosto 6, 2016

    Ante las negras perspectivas de Red Bull-Toro Rosso, en el 2015 en vista del 2016, decidieron poner el motor Renault, con sus promesas de mejora en los Red Bull, y el Ferrari en los Toro Rosso, de manera que limitaban riesgos de fracaso. En el tenebroso tema de Sainz-Verstrappen-Kvyat, Sainz debió de haberse sentido desilusionado de que el equipo haya considerado mejor a Verstrappen que a él, y subirlo al primer equipo, cuando en la temporada pasada (2015) a Sainz le dieron el auto con todos los problemas de fiabilidad que condicionaron y limitaron sus resultados, debido a su fortaleza mental y a conocer la politiquería y favoritismo dentro dentro de los equipos, no le afecto negativamente el ascenso de Verstrappen, como se ve le afecto a Kvyat.

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