Historia de una pasada

Daniel Ricciardo no sigue la regla del programa de pilotos Red Bull. Esa que sugiere que si no eres la próxima superestrella no tienes sitio. El australiano tuvo una buena carrera en las categorías inferiores pero tampoco fue un éxito arrollador. Y tras 2 temporadas y media en la F1 sin llamar excesivamente la atención de los grandes, en 2014 comenzamos a comprender lo que Helmut Marko vio en él: australiana determinación. Un concepto que sirve para expresar la mejor maniobra del GP de Italia, el adelantamiento sobre Valtteri Bottas por parte de Ricciardo, “el falso lento” de la Fórmula 1.

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A veces cuesta entender cómo es posible que desde una isla tan absurdamente alejada de Europa y Estados Unidos, el motor del mundo, puedan florecer tantos inmensos talentos del deporte. Jack Brabham, Casey Stoner, Ian Thorpe, Lleyton Hewitt, Cadel Evans, Robbie McEwen, Mick Doohan… ¿qué tiene Australia para producir deportistas de élite con una facilidad que ya quisieran para sí algunos países con más medios y, sobre todo, proximidad geográfica? Siempre se ha aludido a dos factores realmente importantes: el primero es que muchos de ellos se ven obligados a, efectivamente, emigrar al Viejo Continente para desarrollarse y llegar a ser profesionales, y lo hacen a unas edades realmente tiernas que les confieren su atributo principal: una férrea determinación. El segundo, aunque pueda parecer una boutade, es sencillo: los australianos son muy buena gente. Y eso, en competiciones tan dependientes de la imagen y la televisión, es un activo impresionante. Esa mezcla, junto con la calidad que cada uno lleva en la sangre, hace que los aussies siempre tengan algo que decir en todos los deportes. Y en esas estaba Daniel Ricciardo cuando llegó al Gran Circo en 2011.

Daniel Ricciardo Italia Análisis

Da igual que llueva, truene, gane o pierda. Daniel Ricciardo siempre tiene una sonrisa en la cara. (Fuente: dailymail.co.uk)

Apodado “el tejón melero” por lo implacable que es a la hora de cazar a una presa, Daniel llegó a la Fórmula 1 sin hacer mucho ruido. Había ganado el campeonato Europa del Oeste de la FR 2.0 con 19 años y la Fórmula 3 británica con 20. Esos fueron sus únicos títulos en monoplazas, así que uno podía ver a un piloto rápido pero no precisamente “el nuevo Senna”. Debutó con el flojísimo HRT en Silverstone, a media temporada, y rindió muy parecido a Vitantonio Liuzzi. Su momento tendría que llegar en 2012, emparejado junto con el debutante Jean-Éric Vergne, pero sumó unas escasas 10 unidades por las 16 del francés. La tabla de puntos reflejó un 20-13 a favor de Daniel en 2013, así que de primeras parecía difícil saber quién sustituiría a otro australiano como Mark Webber en Red Bull. Decidieron ascender a Ricciardo, pero la ausencia de brillo nos hizo temernos que Sebastian Vettel le pasaría por encima. Y sin embargo, fue más bien todo lo contrario. Y ahora que tiene a su lado a un Max Verstappen que no puede destilar un mayor aroma a futuro campeón del mundo, de repente Daniel sigue mandando en la pareja. ¿Qué es lo que pasa? Y entonces lo comprendimos. Su eterna sonrisa de oreja a oreja nos confundía. Acostumbrados al circunspecto rostro de los campeones, un piloto tan decididamente simpático chirriaba. “Demasiado majo para ganar”, que se suele decir. Por otro lado, sus brutales adelantamientos y su implacable determinación (sí, de nuevo estas palabras) en carrera daban la imagen de un piloto batallador pero no necesariamente ultrarrápido, a lo Hamilton o Vettel. Pero estas dos características han estado siempre ocultando lo que había detrás. La velocidad de Ricciardo es sensacional.

En el fútbol, se habla de un tipo de jugador que es el “falso lento”. Por lo general hace referencia a un hombre con una apariencia física no muy imponente, que parece incapaz de hacer un esfuerzo explosivo. Sin embargo, cuando tiene el balón y aparece una amenaza (un jugador que quiere robárselo) o una oportunidad (un espacio despejado de 10 metros para avanzar y crear peligro), el jugador hace un gesto que le convierte en imparable: por lo general una aceleración inesperada junto con un recurso técnico que delatan dos cosas: una velocidad física mayor de lo esperado y una velocidad mental mayor de lo normal. Estirando la analogía, Daniel Ricciardo es el equivalente al “falso lento” en la Fórmula 1. Mientras que los Vettel o los Verstappen dan la imagen de mayores talentos y Daniel sólo es famoso por maniobras que parecen más de inteligencia o pillería que de velocidad pura, al final resulta que en el momento de clavar la vuelta rápida en clasificación, casi sin darte cuenta el australiano está delante de los gallos, mientras éstos hablan de “pérdida de potencia”, “desajuste del equilibrio”, “algo de tráfico” o cualquier excusa peregrina. Los números no pueden estar equivocados: 15-5 a Vergne en 2012 y 15-4 en 2013, 12-7 a Vettel en 2014, 12-7 a Kvyat en 2015 y 4-0 en 2016, y 8-2 a Verstappen en 2016. Las victorias los sábados son mucho más rotundas de lo que creíamos en un piloto aparentemente de “domingos”.

Ricciardo Italia Análisis

Ricciardo se tiró desde su Perth natal para pasar a Bottas en la primera chicane. Y lo mejor de todo: ni siquiera se pasó de frenada. (Fuente: lamaximablog.com.ar)

Así, cuando uno vio a Daniel Ricciardo perder la P5 en parrilla por una mísera milésima frente a Valtteri Bottas en el Gran Premio de Italia, podía esperar que la pelea se prolongase durante las 53 vueltas de la carrera. Y si los contendientes eran el finés que reconoció en pretemporada que había sido muy conservador y el australiano que jamás deja escapar a su presa, ¿quién dudaba del resultado? Dado que Daniel contaba con un déficit de velocidad punta importante, estaba claro que necesitaba que Red Bull le echase una mano. Tras parar Bottas en la vuelta 13, los de Milton Keynes dejaron a Ricciardo unos giros más en pista con unos SS usados que apenas había degradado. El australiano entró en la 16, mientras el #77 había tenido que lidiar con un intenso tráfico (Button, Sainz, Wehrlein). En esos tres giros, a pesar del undercut, Ricciardo sólo perdió 5 décimas. La pasada en pista en casi igualdad de neumáticos era improbable, Daniel apenas recortaba en las rectas con el DRS porque el motor Mercedes tira bastante más que el Renault. Así que alargar tanto el primer stint le daba impulso para intentar un offset decisivo en el segundo paso por boxes: en el peor de los casos podría contar con gomas bastante más nuevas; en el mejor, éstas serían además superblandas, más rápidas. Eso fue exactamente lo que sucedió: Valtteri, temiéndose el undercut masivo que de vez en cuando intenta Red Bull, fue de los primeros en hacer su segundo pit stop; Daniel se quedó con vía libre y exprimió sus gomas. Se detuvo siete giros más tarde y calzó los SS: ahora, con un diferencial de velocidad, el adelantamiento era más factible. Pero aun así, salir a menos de 4 décimas de la Parabolica era mucho pedir: necesitaban que Ricciardo hiciera su maniobra favorita. Y en la vuelta 47, ¡zas!

Todos sabíamos que lo iba a hacer. Ya lo había hecho antes en el mismo punto. Y sin embargo, es inevitable. Daniel se tira en lo que parece mucho más allá del último metro, y sin embargo lo clava. Una maniobra como esta no ha pasado desapercibida, claro, y ya es clara candidata al “Adelantamiento del Año” oficioso. La respuesta de Daniel, celebrándolo en plena carrera, ha vuelto a cautivar al aficionado. Y sus declaraciones tampoco han dejado indiferente: “Fue un adelantamiento que disfruté realmente. Tengo tres horas de viaje esta noche y no quiero pasarme todo el viaje arrepintiéndome de no haberlo intentado“. Ricciardo destila pureza, competición, pasión por las carreras. Y eso la afición sabe reconocerlo. Con una reputación cada vez mejor que la de su compañero (acusado de maniobras temerarias y menospreciándole por su adolescencia), tal vez sea hora de ir considerando muy en serio al #3. Su sinceridad a la hora de valorar su escaso bagaje de victorias a sus 27 años da una pista de que tiene muchas ganas de aumentarlo en 2017. Ese año, el Red Bull será supercompetitivo y su compañero le apretará las tuercas a límites insospechados. Podríamos estar ante una batalla de campeonato. ¿Alguien se atreve a apostar contra el inflexible tejón melero de Perth?

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2 comments

  1. 001 · septiembre 6

    Ricciardo indudablemente es muy buen piloto, se adapta bien a las características auto que le toque conducir, y si demostró en Monza un buen trabajo en condiciones que no eran favorables a su auto, (pista muy rápida), tambien demostró muy buen trabajo en pista lenta como Monaco.

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  2. numancia54 · septiembre 9

    Pues si, gran artículo y grandes verdades. A Ricciardo lo asimilo con la parábola de la cigarra y la hormiga. Daniel es la hormiga que trabaja en silencio sin aparente brillo, mientras otros iban de cigarras cantando y presumiendo de superioridad. Veremos que pasa el año que viene, pero será divertida la batalla dentro de Red Bull

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