Un milagro llamado Minardi

En 2016, un equipo que ronde los 100 millones de presupuesto nos parecerá una tentativa precaria, condenada al fracaso más pronto que tarde. La pasada década, cuando los costes eran incluso más altos que ahora, había una escudería que año tras año participaba en la Fórmula 1 con menos de la mitad de ese dinero, y seguramente fue el grupo más admirado por la inmensa mayoría de la afición. Hace 2 semanas se cumplieron 11 años del adiós de Minardi: toca honrar su legado y recordar por qué se tiene en tan alta estima al jardín de infancia de la F1.

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La temporada 2010 iba a suponer una revolución en la Fórmula 1. Max Mosley, siempre enconado rival de los fabricantes, acababa de anunciar la medida más polémica de la historia del deporte: un límite presupuestario que dividía a la categoría, literalmente, en dos: los que lo sobrepasaban (y que verían recortado su tiempo en túnel de viento, tests, etc) y los que se quedaban por debajo (que serían recompensados por ello con más posibilidades). Un aluvión de inscripciones de equipos privados hizo cola para ser seleccionado como nuevo equipo en esa temporada horizonte, pues veían la opción de ser tan competitivos como los grandes con un presupuesto exiguo (45 millones de euros). Los poderosos se rebelaron contra la FIA y ganaron su batalla: adiós al límite. Los equipos nuevos, por tanto, veían segadas sus aspiraciones de victoria, y se convirtieron en tentativas errantes que pasaban de una mano a otra con múltiples cambios de nombre y propietarios, hasta que un buen día cerraron y nadie les echó en falta. ¿Quién se acuerda de Hispania? ¿Y de Caterham? Sin embargo, por muchos años que pasen, nadie se olvidará nunca de una escudería igual o más pequeña, afincada en Italia y cuyo corazón no latía con el objetivo de venderse al mejor postor, sino con el de disfrutar de la pasión de las carreras. Nadie como Scuderia Minardi recogió de forma más clara el espíritu de este deporte.

Minardi 1985

Las zapatillas Simod marcaron una de las decoraciones más icónicas de la década. (Fuente: flickriver.com)

Giancarlo Minardi, de familia involucrada en el automovilismo, heredó el amor por la competición y pronto se inmiscuyó en las categorías teloneras. Pero ojo, porque no hablamos de las valientes aventuras de Ken Tyrrell o Jack Brabham en los años 60; Minardi dio sus primeros pasos en 1980, en pleno auge de la Fórmula 1 y con unos costes ya desorbitados para la época. Se comenzó por la F2, con unos aceptables resultados de la mano de pilotos que más adelante serían conocidos, como Alessandro Nannini, Johhny Cecotto o Michele Alboreto. El salto a la F1 llegaría en 1985, con el M185 diseñado por Giacomo Caliri y (después de 2 carreras iniciales con el legendario Cosworth DFV) con un propulsor con uno de los nombres más románticos de la F1: Motori Moderni, una marca dirigida por el histórico diseñador Carlo Chiti (al lado de Enzo Ferrari, para quien construyó numerosos bólidos). El piloto era Pierluigi Martini, que a la larga sería el nombre más ligado a la marca. Y el dicho de “todos los inicios son duros” no podía ser más cierto para Minardi: las 8 primeras carreras incluyeron siete abandonos y una no clasificación. El primer “éxito” llegaría en Alemania, con Martini acabando 11º… pero sin ver la bandera a cuadros por romper el motor a 5 giros del final. Una P12 y una P8 serían los únicos GGPP acabados por los de Faenza, lugar de nacimiento de Giancarlo. Martini bajaría a la F3000 para 1986, mientras que Minardi pasaba a contar con dos coches: uno para Andrea de Cesaris y otro para Alessandro Nannini… pero las cosas no irían mucho mejor: de los 13 primeros GGPP, ningún coche clasificó para Mónaco y en el resto de carreras abandonarían ambos pilotos. Un dato que en pleno siglo XXI abrumaría, pero que antes era tristemente habitual. Parecido sería 1987, con el español Adrián Campos en el lugar de “de Crasheris”. El de Alzira sólo acabaría su GP local en aquella temporada (que incluyó una descalificación en su carrera de debut en Brasil). Nannini tampoco tuvo mucha suerte (apenas 3 banderas a cuadros), y a final de año se marchó a Benetton y permitió que Faenza formase una alineación con 2 pilotos españoles: Campos y Luis Pérez-Sala. Adrián diría adiós tras 5 pésimas carreras para dejar paso de nuevo a Pierluigi Martini… y de repente, Minardi encontró la forma.

Gené Minardi 1999

Marc Gené logró en Europa 1999 el primer punto de Minardi en 4 años. (Fuente: f1-history.deviantart.com)

El piloto italiano clasificó 16º en Detroit 1988 en su vuelta a la F1, y al día siguiente acabó 6º, superando a Yannick Dalmas y Alex Caffi: era el primer punto de la historia de Minardi. De nuevo con el Cosworth (actualizado a su versión DFZ), Martini y Pérez-Sala pasaron a terminar bastantes más Grandes Premios, lo cual fue el preludio de un 1989 en el que el equipo italiano haría historia. Pirelli regresaba al deporte suministrando gomas a Minardi, y los resultados, aunque tardaron, llegarían: en Silverstone, Martini y Pérez-Sala acabarían respectivamente 5º y 6º, los dos coches en zona de puntos y habiendo perdido sólo 1 vuelta con respecto al ganador Alain Prost. Pierluigi lograría la heroica hazaña de liderar una vuelta en el GP de Portugal, que acabaría 5º, y junto con el punto de la ronda final en Adelaida sumarían un total de 6 unidades, que le permitirían acabar en 11ª posición entre los hasta 20 equipos que participaron aquel año. 1990 comenzó de forma aún más espectacular, pues Martini metió su M189B en primera línea en el GP inaugural (!). Sin embargo, aquel año no reportó puntos. Pero fue un “accidente”: en 1991, el italiano lograría dos espectaculares cuartas posiciones, antes de abandonar de nuevo el equipo. Por Minardi siguieron pasando jóvenes promesas, como Christian Fittipaldi, Fabrizio Barbazza (ambos metieron en puntos 4 veces el Minardi en las primeras 6 carreras de 1993), Luca Badoer, Giancarlo Fisichella, Jarno Trulli o Esteban Tuero. Todos ellos hicieron sus pinitos en la categoría en los años 90 gracias a Minardi, de ahí que muchos considerasen al equipo italiano como el “jardín de infancia” del deporte. Debido a la falta de medios y a la poca experiencia de los pilotos, se trataba de un lugar en el que se disfrutaban de las carreras sin presión ni politiqueos. A la hora de la verdad, obviamente, eso se traducía en paupérrimos resultados: tras la aceptable primera mitad de década, Minardi no sumó un punto durante 3 temporadas seguidas. No fue hasta que llegó uno de los GGPP más locos de todos los tiempos, Europa 1999, que Marc Gené pudo conseguir una P6 por delante de Eddie Irvine y su Ferrari “triciclo“. La situación financiera era precaria, hasta el punto de que tuvieron que romper su sagrada tradición de no emplear pilotos de pago (¡¿cómo sobrevivían hasta entonces?!), contratando en el 2000 a Gastón Mazzacane. Gabriele Rumi, que en 1996 había adquirido gran parte del equipo, sufrió un cáncer y no podía seguir al frente, por lo que vendió su participación al patrocinador del piloto argentino, que a su vez fue comprada en el 2001 por el magnate de la aviación, Paul Stoddart. Minardi se salvaba… de momento.

Albers USA 2005

El “peculiar” GP de Estados Unidos 2005 dio a Minardi sus últimos puntos en F1. (Fuente: autosport.com)

En dicha temporada debutaría de la mano de los italianos otro joven piloto… pero sin duda éste es el mejor de cuantos han tenido: un tal Fernando Alonso, con apenas 19 años, se presentaba en Melbourne a bordo del PS01 (por las iniciales del nuevo propietario). El español, que dejó su huella, se fue a Renault con su mánager Flavio Briatore y su hueco lo ocupó otro debutante que acabaría siendo igualmente ilustre: Mark Webber. Piloto australiano, con jefe de equipo australiano, debutando en Australia… ¿qué podía salir mal? Mark acabó en una legendaria 5ª posición y luego improvisaron una visita al podio. Sin embargo, como Paul confesaría más tarde, estaba a punto de hacerse notar en su patrimonio el atentado del 11 de septiembre de 2001. Sus negocios en la aviación cayeron en picado y el rendimiento del equipo menguó de forma considerable (si cabe). En 2003 tuvieron al enésimo debutante, el tristemente fallecido Justin Wilson, y a un holandés de apellido familiar, Jos Verstappen. En Brasil, bajo el diluvio universal, Paul “perdió los estribos” y tiró a la basura la estrategia del equipo. Decidió salir de boxes cargado de combustible para intentar llegar a meta sin pit stops, confiando en Safety Cars y banderas rojas. Jos abandonó por un trompo causado por la electrónica del enclenque PS03, pero en el momento de la retirada iba por delante de Giancarlo Fisichella, el ganador del GP. Stoddart sabía que esa era la única ocasión en la que Minardi podría haber logrado la mayor gesta de la historia del deporte… y también la última. En 2004 llegarían más debutantes con patrocinio debajo del brazo, Gianmaria Bruni y Zsolt Baumgartner, quien encontró la financiación formando un “club de fans” que hacía pequeños donativos, mucho antes de que la palabra “crowdfunding” estuviera de moda. El equipo, hablando claro, era económicamente insostenible, así que Paul pasó a la acción convirtiéndose en el “enlace sindical oficioso” de la F1. Es decir, el que alentaba a los equipos a rebelarse contra la FIA. A la historia pasó su rueda de prensa en Canadá 2003, donde puso los puntos sobre las íes, su intento de reducción de costes de los test de neumáticos en Brasil 2004, firmada por todos menos Ferrari, y su amenaza a la FIA de llevarla a los tribunales por no dejarles correr en Australia 2005 con coches que no cumplieran la nueva normativa aerodinámica. Con el rendimiento cayendo en picado y los costosísimos V8 a la vuelta de la esquina, Minardi sabía que estaba en un apuro. Y como hicieran ese mismo año Jordan y Sauber, la única opción era vender. Dietrich Mateschitz compró el equipo, lo llamó “Toro Rosso” para mantener sus raíces italianas y en China se puso fin a 21 años de Minardi en la F1.

El último piloto que debutó en la Fórmula 1 de mano del equipo italiano fue Robert Doornbos, en Alemania 2005. Curiosamente hoy es el 35º cumpleaños del holandés, por lo que valga esta fecha para homenajear a una escudería que no habrá ganado ninguna carrera o campeonato, pero que durante 21 años fue uno de los pocos vestigios del puro amor por las carreras que habitaba en la parrilla. Perderlo era inevitable, debido a la evolución del deporte, pero al menos la plantilla, la base y el espíritu italiano siguió. Y aunque en Brasil 2003 no pudieran ganar, sin duda sintieron Italia 2008 como una victoria suya. El pequeño equipo de Faenza al fin triunfaba contra los grandes.

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One comment

  1. Gerson Vargas · septiembre 24, 2016

    Los 90 fue el fin de los equipos que podrían llamarse “románticos” en la formula 1 como olvidar los Jordan de esos años con sus decoraciones en la nariz del monoplaza de reptil o de abeja, el 1 2 de Damos Hill y Ralf en spa en el 98, Frentzen en en 99 con sus tres victorias. Steward-Ford y Herbert en el gp de Europa del 99, los Ligier, los Prost y los Tyrell!

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