1976: un duelo que hizo historia

En sus albores, la Fórmula 1 era un carísimo entretenimiento para sólo un puñado de intrépidos conductores. Las masivas diferencias en profesionalidad y tecnologías y el carácter prácticamente familiar de los integrantes de las parrillas hacían de la máxima categoría algo increíblemente distinto a lo que es ahora. El catalizador, el momento del cambio, fue 1976. Ese año nació la primera gran rivalidad del deporte, con dos personajes antagónicos, quienes aderezados con luchas, descalificaciones, apelaciones y accidentes cercanos a la muerte convirtieron a la F1 en el deporte de masas que es hoy. 

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40 años después, todavía parece imposible que dos personajes tan manifiestamente distintos pudieran protagonizar una de las rivalidades más famosas de la historia de la Fórmula 1. Es que, cuanto más lo piensa uno, más difícil le resulta a uno creer que siquiera compartieran profesión. A la izquierda, Niki Lauda, el piloto que es capaz de dejar de lado hasta a su propia familia para cumplir su gran sueño (le retiró la palabra a su abuelo después de que éste se negase a financiar sus aventuras automovilísticas). Con una mirada que derrochaba concentración y fulminaba rivales, y con el característico porte tímido del que alberga genialidad en su interior. Tanta como para llegar a 1976 en el mejor equipo (Ferrari) y como campeón del mundo vigente. A la derecha, James Hunt, el niño rebelde de fortísimo temperamento que comenzó a fumar con tan sólo 10 años, y cuya rutina durante un Gran Premio consistía en tener todas las relaciones sexuales posibles y emborracharse la noche antes de la carrera. El hombre que llevaba en su mono una enseña que rezaba “Sexo, el desayuno de los campeones” y que después de que lord Hesketh cerrase su desenfrenado equipo se vio en la calle sin un volante para 1976. El destino le sonrió cuando Emerson Fittipaldi decidió abandonar McLaren y Teddy Mayer, sin ningún otro piloto disponible, contratase in extremis a Hunt “the Shunt” (su apodo por sus accidentes en Fórmula 3).

Depailler Hunt Estados Unidos

Hunt señala a Depailler después de que éste le echase de pista en Long Beach. (Fuente: motorracingnostalgia.wordpress.com)

En definitiva, dos mundos distintos. Y sin embargo, eso no les impidió forjar una sincera amistad que perduró incluso después de 1976, la temporada en que Lauda y Hunt, Hunt y Lauda, se disputarían el campeonato que hizo famosa a la Fórmula 1. Una temporada con 16 carreras pero con un claro favorito. Niki Lauda acababa de conquistar su primer entorchado y nadie parecía hacerle sombra para lograr el segundo. Con Emmo fuera de McLaren, Lotus digiriendo el fiasco de su modelo 76 del año anterior, Brabham hundiéndose con la falta de fiabilidad del BT45 y Tyrrell como aspirante a podios pero nunca a victorias con su particular P34 de 6 ruedas, Ferrari era claramente el equipo a batir. Sin embargo, en la primera ronda de la temporada (Interlagos, ¡en su versión de 8 kilómetros!), Hunt sorprendió a Lauda haciéndose con la pole por sólo 2 centésimas. El domingo, eso sí, Niki ganaría y James sufriría un accidente por culpa de un fallo en el acelerador. La historia se repetiría en Kyalami: pole para Hunt (por 1 décima sobre Lauda), victoria para el austriaco, seguido esta vez por el propio James. Si el británico esperaba recortar distancias en Long Beach, la 3ª cita, estaba muy equivocado: al inicio de carrera, al intentar pasar a Patrick Depailler, se encontró con un cerrojazo del francés que le mandaría contra las barreras. Genio y figura, Hunt se quedó en el lugar del impacto y se dedicó a enseñarle el puño a Patrick cada vez que este pasaba por la curva donde habían chocado. Lauda acabó 2º y ya aventajaba en 18 puntos al inglés. Vendrían tiempos mejores para McLaren en España, al conseguir por fin la primera victoria con Hunt, en una carrera sin oposición. Lamentablemente, las verificaciones técnicas demostrarían que el M23 excedía la anchura máxima y James fue descalificado, la primera de las polémicas de la temporada. Lauda se convertía en el ganador del GP y, con 27 puntos de ventaja sobre Hunt, el título parecía acabado. No obstante, McLaren apeló y los resultados quedaron en entredicho. Pero como los dos siguientes GGPP acabaron en sendas retiradas de James por fallos en la caja de cambios y el motor, respectivamente, y supusieron dos victorias más para Niki, parecía que el resultado de la apelación era indiferente. Lauda, que contaba con más del triple de puntos que el 2º clasificado, tenía el título en el bolsillo.

Lauda Hunt Gran Bretaña

Hunt, por delante de Lauda en el GP británico, antes de la descalificación del primero. (Fuente: pinterest.com)

Fue entonces cuando se vio un pequeño atisbo de relajación en Ferrari. El austriaco sólo fue 3º en el gran día de Tyrrell en Suecia; pero con Hunt 5º, el McLaren tendría hasta difícil acabar subcampeón. Lauda tenía 55 puntos y Hunt apenas 8: más de 5 carreras de ventaja. Pero de repente, el impulso cambió. James ganó en Paul Ricard mientras el motor del Ferrari fallaba. Tras el GP francés, la FIA anunciaba que la apelación de McLaren prosperaba y le fue devuelta la victoria en el Jarama. El déficit había disminuido a 26 unidades. Y ahora, justo cruzando el ecuador del campeonato, llegaba la carrera de casa de James: Brands Hatch. Lauda se hizo con la pole por delante de Hunt, Andretti y el otro Ferrari de Regazzoni. En la salida, Clay partió como un cohete y rebasó a James y Mario, pero al llegar a la primera curva chocó contra su compañero y causaría el caos. El GP se detuvo, pero Dirección de Carrera estipuló que sólo aquellos pilotos que hubiesen completado la primera vuelta podrían tomar la resalida, y deberían hacerlo desde el coche original, sin usar el muleto. Eso anulaba la posibilidad de que Hunt pudiese disputar el GP, lo cual incendió a la grada. Los jueces tuvieron que recular y dejaron salir al #11. Ya sin más accidentes, Lauda y Hunt pelearon toda la tarde hasta que un pequeño problema en la caja de cambios del 312T2 permitió al inglés adelantarle y alzarse con la victoria. Tres equipos, entre ellos Ferrari, rápidamente protestaron la readmisión de Hunt en la carrera ante los jueces, quienes dieron validez al resultado y obligaron a la Scuderia a una segunda apelación, a resolver en agosto.

Lauda Alemania

El pavoroso accidente de Niki Lauda en Alemania redujo enormemente sus opciones de salir campeón. (Fuente: biografiasyvidas.com)

Y Niki empezó a preocuparse. 23 puntos seguía siendo una ventaja enorme, pero 3 semanas antes era de más del doble. ¿Estaba en riesgo su campaña por el título? La Fórmula 1 llegó a la 10ª carrera del año, en el temible Nordschleife, con un ambiente enrarecido. Las condiciones meteorológicas hacían del trazado germano un desafío incluso mayor. Si ya se encontraba desfasado para la época en cuanto a seguridad, con la lluvia el asunto era aún peor. Lauda pidió la suspensión de la carrera en la reunión de los pilotos antes del GP, pero por un voto de diferencia ganó la opción de correr. El domingo, en efecto, amaneció lluvioso, pero dada la extraordinaria longitud del trazado había secciones en las que ir con neumáticos de seco podría ser provechoso. Sólo Jochen Mass, compañero de Hunt, tomó esa arriesgada decisión. El resto, incluidos Hunt y Lauda, partieron con gomas de lluvia. En la primera vuelta, James, en la pole, se dio cuenta de que Mass tenía razón, y entró en el pit lane. Lauda hizo lo propio unos segundos más tarde, después de un giro inicial en el que perdió varias posiciones. El austriaco se encontraba presionado por remontar toda esa desventaja y salió de boxes dando el máximo. Perdiéndole el respeto al Nordschleife. Y el “infierno verde” se lo cobró. Saliendo de la curva Bergwerk, en una larga de izquierdas, Niki perdió el control de su Ferrari y se estrelló contra las barreras. El coche rápidamente se incendió, y la situación empeoró cuando otros dos coches chocaron contra él. Su casco no le cubrió el rostro y éste se vio expuesto al fuego. Tras unos angustiosos minutos, otros pilotos que se pararon para auxiliarle consiguieron extraerle del monoplaza. Niki fue llevado al hospital y cayó en coma. Había inhalado demasiados gases tóxicos y su supervivencia era poco probable. Se le dio la extremaunción y, literalmente, quedó en manos de Dios. Necesitaba un milagro para salir de ésta. Pero la vida, y la F1, tenían que seguir. La carrera en Alemania se reanudó, algo relativamente sorprendente, y Hunt ganó. Nadie quería pensar en el campeonato, pero con Lauda fuera de juego James le sacaba 10 puntos a Jody Scheckter. De repente, su 1976 pintaba muy bien. Pero entonces Niki, contra todo pronóstico, salió adelante. Su vida estaba fuera de peligro. Eso sí, parecía poco probable que el vigente campeón pudiese subirse de nuevo a un coche antes de acabar el año (y eso suponiendo que siguiera teniendo ganas de hacerlo).

Mayer Hunt Japón

El jefe de equipo de McLaren, Teddy Mayer, le señala a James Hunt que ha acabado 3º: es campeón. (Fuente: f1-history-deviantart.com)

Lauda observó enfurecido a través de la televisión del hospital cómo Hunt sumaba 3 puntos en Austria y 9 en Holanda. Es decir, que se quedaba a sólo 2 del #1. Niki no podía seguir viendo esto, así que se levantó, se puso el casco y se presentó en el paddock de Monza, sólo 6 semanas después de su pavoroso accidente, dejando a todo el mundo boquiabierto. Lauda no estaba en absoluto en condiciones (ni físicas ni mentales) de disputar un GP, pero consiguió el milagro de acabar 4º mientras Hunt trompeaba en la cola de la parrilla. Y el 25 de septiembre, la FIA desposeía al británico de la victoria en Brands Hatch, heredando Lauda el triunfo. 17 puntos de ventaja para el austriaco, con sólo 3 carreras para el final. Pero era evidente que el de Ferrari no estaba en condiciones de luchar. Hunt ganó en Canadá y Estados Unidos mientras Niki sólo podía ser 8º y 3º, a más de un minuto de distancia del #11 en ambos casos. Así que llegaron al grandioso season finale con sólo 3 puntos de diferencia. El escenario sería el novedoso circuito de Fuji, en Japón, el primer GP en el país del Sol naciente. Quien ganase el domingo sería campeón; en caso de abandono de James, Niki se proclamaría automáticamente como vencedor, mientras que si era Lauda el que se retiraba, Hunt tendría que acabar 4º. Todo valdría para acabar campeones, y tanto McLaren como Ferrari usaron sus truquillos. En el caso de los británicos, su travesura consistió en inventarse que el asfalto se hacía pedazos. Instalaron unas mallas metálicas para proteger los pontones y las tomas de aire, y Ferrari entró en pánico. En lugar de dedicar los entrenamientos para configurar el coche, la Scuderia se dedicó a buscar por todo Tokio una malla adecuada para su Ferrari. El sábado, McLaren simplemente quitó sus protecciones y dejaron a la Scuderia con cara de tontos. Habían ganado la guerra psicológica. Pero el domingo, si en el Nordschleife llovió, en Fuji literalmente cayó el diluvio universal. Los pilotos se negaron en redondo a salir, pero Bernie Ecclestone apareció en la reunión con malas noticias. El dramatismo de toda la temporada había encandilado a los teleespectadores de todo el mundo. Y Bernie, gestor de los derechos, había vendido la retransmisión del GP vía satélite. Tenía que haber carrera. Los organizadores y los pilotos cedieron a las presiones y Japón 1976 dio comienzo. Sin embargo, Lauda, como él mismo diría, “había agotado las reservas para correr riesgos descabellados“. Al final de la 2ª vuelta, se dirigió a boxes y abandonó. “Mi vida vale más que un título“, confesó sin rubor. Hunt sólo tenía que acabar 4º y marchaba cómodamente líder, así que todo el pescado estaba vendido. Pero a 1976 todavía le faltaba una última dosis de emoción. Con la pista secándose, sus neumáticos se degradaron hasta el punto de causarle un pinchazo lento que le obligó a entrar en boxes a sólo unos giros del final. Se reincorporó 5º, pero por delante estaban Alan Jones y Regazzoni sufriendo los mismos problemas de gomas. A sólo dos vueltas del final, James se encontró en la zaga de un Clay a quien unas semanas antes le habían dicho que no correría para Ferrari en 1977. Craso error: el suizo no sintió que tuviera que hacerle ningún favor a la Scuderia y cuando vio a Hunt, sencillamente, se apartó. James ya era 4º. Y tras pasar a Jones, acabó 3º. Pero el inglés no sabía su posición hasta que llegó a boxes. Se bajó de su McLaren hecho un basilisco por la parada en boxes y sintió que había perdido el título. Entonces, Teddy Mayer, en la icónica imagen que acompaña al párrafo, le dijo que había acabado 3º. ¡Campeón del Mundo!

Tras semejante año, Hunt y Lauda necesitaban un bajón para ordenar sus sentimientos. El inglés había logrado el objetivo y, simplemente, se dejó llevar. El hedonismo se apoderó de él y jamás volvió a estar en la forma suficiente como para pelear por otro campeonato. Tras un año aceptable y otro para olvidar en McLaren, pasó a Wolf en 1979, retirándose a media temporada sin haber sumado un solo punto. Hunt se recicló como ácido comentarista de TV y mantuvo un ritmo de vida que resultaba, sencillamente, insostenible. A los 45 años, Hunt falleció de un infarto. Su breve pero intensa existencia tuvo de todo, y como alguien del paddock (perdonen que no recordemos el nombre) dijo tras su muerte, “tenemos suerte que alguien que pudo hacer cualquier cosa en la vida decidiera dedicarse a la Fórmula 1“. Niki Lauda quiso redimirse de la oportunidad perdida en 1976 y se proclamó campeón al año siguiente. Pero la decisión de abandonar en Fuji alteró su relación con Enzo Ferrari, quien puso en el otro coche a un rápido Carlos Reutemann y provocó la ira de Niki, que se fue a Brabham por una cuantiosa suma de dinero. Tras un 1978 aceptable, en 1979 todas las carreras salvo dos acabaron en abandonos. Niki se hartó y en plenos entrenamientos en Canadá se retiró, pasando a dedicarse a otras actividades como fundar su aerolínea. Una aventura que requería de demasiado dinero, por lo que volvió a la F1 con McLaren y de pasó ganó el título de 1984. Sin velocidad (no logró una sola pole aquel año), pero con toneladas de inteligencia. En definitiva, dos personalidades tan distintas que, por mero magnetismo, se atrajeron, cuajando entre ellos una gran amistad que se mantuvo antes, durante y después de 1976, la temporada que enganchó a la gente a la Fórmula 1 (hasta el punto de inspirar una película, ‘Rush‘, de la cual hemos enlazado algunas escenas) y convirtió a la máxima categoría del automovilismo en el gigantesco espectáculo que es a día de hoy.

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One comment

  1. papima · noviembre 26

    Muy buen artículo! felicidades.

    Me gusta

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