Adiós al implacable australiano

La firmeza y la determinación llevan siglos incrustadas en la genética de los australianos. No importa cuántas trabas le pongan a un aussie en el camino; se las apañará para sobrellevar todo lo que le echen y salir adelante. Así ha sido durante toda su vida la trayectoria de Mark Alan Webber, quien a sus 40 años ha decidido poner fin a su trayectoria automovilística. Las 6 horas de Baréin de este fin de semana serán su última carrera profesional, en la que sobresale su título del WEC en 2015 y en la que hace 6 años pudo haber figurado un campeonato del mundo de Fórmula 1.

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No es la primera vez, ni será la última, que hablemos de un australiano en diezcilindros. No pueden estar geográficamente más lejos del corazón de las carreras de élite, Europa, pero eso no les ha impedido ser parte importante de la historia de la Fórmula 1. 4 títulos, de la mano de Jack Brabham y Alan Jones, y otros ganadores de Gran Premio como Daniel Ricciardo y el hombre que hoy nos ocupa, Mark Webber. Y es que aunque todos ellos demostraron una tenacidad, fortaleza y firmeza de carácter descomunales para embarcarse en un mundillo tan difícil y a decenas de miles de kilómetros de su hogar, el caso de Mark es aún más notable. Durante numerosas ocasiones a lo largo de su trayectoria se quedó sin una sola libra de apoyo financiero; lejos de rendirse, hizo todo lo que estaba en su mano para adherirse a cualquier mínima oportunidad y dejar su sello, hasta gozar de una trayectoria de 12 temporadas en Fórmula 1 y rozar el máximo éxito.

Webber Fórmula 3

Lo que comenzó en la F3 como una relación profesional entre Ann Neal y Mark Webber, se transformaría años más tarde en amor.
(Fuente: markwebber.com)

Natural de Queanbeyan, Mark llevaba el motorsport en la sangre, pues su padre Alan vendía motocicletas. El joven Webber de hecho se inició en esta disciplina, pero cuando la familia observaba cómo algunos padres e hijos acudían juntos a comprar una moto de competición y a la siguiente semana “aparecían en las noticias”, pronto trataron de reconducir su pasión. Así, recaló en las 4 ruedas algo más tarde de lo habitual: empezó en el karting a los 14 años. Compitió con relativo éxito en campeonatos locales y en 1994 entró en la Fórmula Ford australiana con un Van Diemen de 1,6 litros. Su segunda temporada al año siguiente fue más provechosa: no sólo consiguió victorias y podios, sino que estrechó lazos con la coordinadora del campeonato, Ann Neal, y cuando parecía imposible seguir avanzando consiguió un valioso patrocinio con Páginas Amarillas, con el cual despegó hacia Europa. Y 1996 fue un gran año: ganador del Fórmula Ford Festival de Brands Hatch y 2º en el campeonato. Webber era un chaval prometedor, así que no le faltarían ofertas ni patrocinios, ¿no? Pues sí que le faltaron. Nadie llamó a su teléfono. Para cualquiera, habría sido el final: hora de empaquetar y volver a Australia. Pero no para el tenaz australiano. Llamó a todo el mundo, a cualquiera que pudiera darle un volante o dinero para conseguírselo. Todo fueron negativas, pero entonces apareció su salvación. Y es que la sangre tira. David Campese, Campo, uno de los mejores jugadores de la historia del rugby, vio en apuros a su compatriota y decidió ayudarle económicamente. 50.000 libras que le salvaban la vida. Con ellas podría disputar la durísima Fórmula 3 británica, en la que acabó en un notable 4º puesto en su campaña de debut, además de debutar en el prestigioso GP de Macao (4º) y en el Masters de F3 (3º). Entonces apareció al fin una gran marca interesada en él: Mercedes habló con Webber para competir en coches sport. Mark inicialmente rechazó, porque su sueño evidentemente era la categoría reina, pero no cerró la puerta: Norbert Haug volvió a llamar y Webber entró en el equipo de GT para 1998, acompañando a una leyenda como Bernd Schneider. Fueron segundos en su primera temporada y Mark debutó en las 24 horas de Le Mans, logrando la pole pero abandonando en una fase temprana de la carrera. Repitió planning para 1999, pero en su segunda visita a La Sarthe descubrió los peligros de estos coches. Un “castañazo monstruoso“, como lo definiría el propio Webber, del que milagrosamente salió ileso fue suficiente para convencerle de volver a los monoplazas.

Stoddart Webber

¿Qué mejor manera de debutar en Fórmula 1 que puntuando en casa?
(Fuente: auto123.com)

La Fórmula 1 parecía un sueño lejano. Ya contaba con 23 años y ni siquiera había tenido una mísera oportunidad. Entonces se cruzó en su vida Paul Stoddart, otro australiano que estaba a punto de entrar en F1, y le sufragó una temporada de F3000 en su equipo. Acabó 3º, como el mejor rookie del año, por delante de un tal Fernando Alonso. Eso le permitió comenzar a hacer sus pinitos como probador en la máxima categoría: primero con Arrows, y luego con Benetton, donde conoció a Flavio Briatore y éste se convirtió en su mánager, financiándole un segundo año en F3000 en el que acabó 2º. Pero Stoddart había adquirido Minardi y allí había un volante titular esperándole para 2002. Al fin había llegado a la Fórmula 1. ¡Y cómo entró! En Australia, su primer GP, acabó en 5ª posición e hizo las delicias del público. El resto del año, como no podía ser de otra forma con semejante hierro de coche, fue durísimo, pero ya había dejado su marca. Entre premios de “rookie del año” y comparaciones con el estilo y la calidad de Nigel Mansell, ascendió a Jaguar para 2003. Allí comenzamos a ver de qué pasta estaba hecho Mark. El australiano demostró ser un piloto corajudo, brillante en los tramos de entrega pura, tales como enlazadas rápidas o lugares con guardarraíles cerca. Montecarlo y Silverstone eran los circuitos donde Webber era imbatible. Por esta bravura, sin duda el de Queanbeyan destacaba en la recién inaugurada clasificación a una vuelta: metió el Jaguar R4 en el top-6 de parrilla en nada menos que 5 ocasiones y sumó 17 puntos por los 0 de su reputado compañero Antônio Pizzonia (sustituido a mitad de año por el difunto Justin Wilson, que consiguió 1 unidad). El nombre de Mark estaba en boca de todos, y después de que Williams anunciase el adiós de Juan Pablo Montoya para 2005, todos señalaron al australiano como el elegido para el volante. Eso obligaba a permanecer otro año en Jaguar, pero el 2004 fue un desastre: más allá de una escandalosa P2 en parrilla en Malasia, no hubo nada a destacar en un equipo que estaba a punto de cerrar sus puertas. Ya tardaba en llegar 2005, y Webber finalmente se decantó por Williams. Flavio Briatore, jefe de Renault, le había insistido en que fuera a la marca del rombo en sustitución de Jarno Trulli y que se midiera de tú a tú con Alonso, pero Mark prefirió Grove… y fue el mayor error de su carrera deportiva. En Australia 2005, Giancarlo Fisichella (al volante de ese Renault) ganó con facilidad; Webber acabó 5º, detrás de un David Coulthard que pilotaba un Red Bull, los herederos de… sí, Jaguar. Mark esperaba pelear por el título mundial, pero lo que tuvo fueron 2 temporadas en Williams llenas de sinsabores, problemas de fiabilidad y apenas un podio. En Montecarlo, claro (de hecho deberían haber sido 2, pero en 2006 todo se fue al garete). Hora de volver a Milton Keynes.

Webber Hamilton

Webber dominaba Montecarlo y Silverstone, escenarios donde ganó en 2010. Lamentablemente, el título se le escapó en las últimas carreras. (Fuente: f1fanatic.co.uk)

Red Bull era un proyecto de futuro y contaba con un gran activo como Adrian Newey, así que no le importó ser parte de la media parrilla en 2007 y 2008, años en los que sublimó su velocidad (hizo añicos a Coulthard, sobre todo en clasificación), y se preparó para el gran cambio normativo de 2009. Sin embargo, en el invierno previo a dicha temporada, Webber sufrió durante su evento benéfico de ciclismo en Tasmania un accidente contra un coche que le causó graves daños en la pierna derecha. Llegó muy apurado a Melbourne, teniendo que llevar unas piezas de acero dentro de su rodilla que desesperaron a Adrian Newey, pues suponían un peso que desquilibraba la maravilla de diseño que era el RB5, que lamentablemente se topó con la ventaja inicial del Brawn GP y su doble difusor y no pudieron hacer nada por el campeonato. Eso sí, Webber aprovechó para, en su Gran Premio nº 130, conseguir la primera victoria. Un momento increíblemente emotivo que le sirvió para liberar años de frustraciones. En un momento dado se puso en 2ª posición del Mundial, pero de repente hiló 5 ceros seguidos y se descolgó. Tendría que intentarlo en 2010, cuando el RB6 fuera un cochazo desde el inicio y pudiese ganar el título. Esa parte de la ecuación se cumplió: el problema era que a su lado tenía a Sebastian Vettel, niño prodigio de la cantera de Red Bull, y con más velocidad pura que él. La solución era sencilla: usar la experiencia, lo poco que no tenía Seb. Esa mezcla se reveló explosiva durante toda la temporada: hubo choques en pista y también fuera de ella. Tampoco faltaron nuevos “castañazos monstruosos“, salidas nefastas y algún accidente evitable. Pero estaba en el par de 2010: con 3 coches relativamente igualados, ningún piloto estuvo exento de fallos groseros. Si acaso, la ligera ventaja era para el RB6, y como Vettel había acumulado problemas de fiabilidad e incidentes de juventud Webber llegó a Corea, a 3 carreras para el final, como líder del campeonato, 14 unidades por delante de Alonso y su compañero Seb. La pista de Yeongam se estrenó con diluvio dominical, y en las primeras vueltas Mark cometió un error fatal. Entonces nadie lo sabía, pero el australiano corrió la parte final del campeonato con un hombro dañado por otro accidente de bicicleta: se lo ocultó al equipo, temeroso de que decidieran descartarle y centrarse en Vettel. Comoquiera que el alemán tampoco acabó en Corea, Mark se mantuvo 14 puntos por delante de él, pero 11 por detrás de un Alonso que estaba a punto de hacer la machada. Tras Brasil, la situación en el mundial era: Alonso, 246; Webber, 238; Vettel, 231; Hamilton, 222. Webber necesitaba ganar y que Fernando no fuera 2º, pero el principal temor era que Sebastian fuese 1º, pues eso le impediría ser campeón. En esas llegaron a una de las clasificaciones más tensas de todos los tiempos, y en la Q3 se decidió todo: Vettel, 1º; Alonso, 3º; Webber… un desastroso 5º. Mark tuvo un sábado nefasto justo en el peor momento. Con Seb 1º, Mark no tenía ni una sola opción. Y desde la P5, ganar era imposible. Así que Red Bull lo vio claro: Vettel era la opción más sólida, y Webber sería usado para confundir a un Alonso que no estaba pensando en el alemán (ser 4º le valía si Mark estaba detrás). El resto es historia.

Mark sabía que 2010 era su última oportunidad. Nadie podría parar a Vettel después de esto. Corrió 3 años más con Red Bull pero nunca pudo plantar tanta cara ni ser candidato al título (de hecho nunca consiguió siquiera un subcampeonato). En 2013, para cuando la velocidad ya se había ido y la situación dentro del equipo era insostenible, la firmeza australiana (de ahí su perfil de Twitter, @AussieGrit) decidió que era hora de colgar el casco; al menos de la F1, porque había elegido volver a la resistencia: sus 3 años en el WEC han servido para dar lustre al campeonato y para adornar el palmarés del propio Mark con el título de 2015. Mañana, en Sakhir, se despedirá para siempre del automovilismo de élite, y aunque nunca pudo conseguir el premio gordo (ni el título de F1 ni las 24 Horas de Le Mans) desde luego puede estar orgulloso de todo lo logrado cuando hace 20 años subsistir en F3 era una odisea. Tal vez por eso ha decidido enviarle una carta a su “yo” del 2001, antes de entrar en el Gran Circo. Webber dejó su marca, y eso es más que suficiente.

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