El fin de una era

(Fuente foto de portada: lamaximablog.com.ar)

Muchos pedían desde hacía tiempo su adiós. Seguramente, ni siquiera le vayamos a echar realmente de menos. Pero eso no significa que la labor de Bernard Charles Ecclestone desde los años 70 merezca desprecio: él ha hecho la Fórmula 1 tal y como es ahora, tan grandiosa y tan multimillionaria. Sin él, no sería más que un entretenimiento elitista y millones de personas desconoceríamos la pasión por las carreras de coches. Analizamos por qué Bernie ha sido tan importante y por qué había llegado su fecha de caducidad.

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Cualquiera que se haya aficionado a la Fórmula 1 en los últimos, digamos, 30 años conocerá el nombre de Bernie Ecclestone. Puede que no sepa muy bien qué hace, ni cómo ha llegado hasta allí, pero sabe que es un pez gordo. Con 86 años, prácticamente era parte del decorado, y dada su legendaria habilidad para llegar a acuerdos y firmar contratos nos empezábamos a temer que hubiera conseguido alguna especie de trato con la parca. En su día mencionábamos una pequeña conversación entre Bernie y un desafortunado periodista (desafortunado porque, por lo general, uno siempre salía perdiendo en cualquier tipo de entrevista con “Mr. E”):

Periodista: ¿Qué pasará cuando te hayas ido?
Bernie: ¿Cómo ‘ido’?
P: Bueno, de algún modo… ‘ido’.
B: Yo no me voy a ninguna parte.

Pero ese juez inexorable llamado “tiempo” se encargó de tranquilizarnos. No, no es que haya “llegado su hora” en el sentido metafórico, pero sí que toca a su fin su longeva etapa al mando de la nave comercial de la Fórmula 1. Los nuevos propietarios, Liberty Media, quieren hacer las cosas a su manera y Bernie, ley de vida (empresarial), simplemente se ha visto relegado. Tras una carrera de 60 años en la F1, llega un momento trascendental. Es la hora de responder a la pregunta que durante muchos años nadie quiso hacerse: ¿qué habrá después de Bernie?

20170125 Ecclestone Piloto

Todos tenemos un inicio… y este es el de Bernie Ecclestone, haciendo sus pinitos al volante. (Fuente: 500race.org)

Pero para responder a eso, tal vez haga falta primero plantearse otra pregunta: ¿qué ha sido Bernie? ¿Por qué ha llegado a ser tan importante durante todo este tiempo? Es por tanto el momento de desempolvar los libros de historia y echar un vistazo al pasado. Antes incluso de que la Fórmula 1 naciera, Ecclestone era un muchacho de Suffolk (aunque más tarde su familia se mudara a los alrededores de Londres) cuya pasión eran las motocicletas. A la edad en la que muchos de nosotros elegíamos titulación universitaria, Bernie ya había montado un negocio de venta de partes de motos y comenzó a ganar dinero, el aspecto en el que sin duda más ha destacado durante toda su vida. Con esto pudo costearse un F3 a bordo del cual logró algún que otro resultado destacado. Sin embargo, a la usanza de su amigo Max Mosley, no tardó en darse cuenta (numerosos accidentes mediante) de que no había sido bendecido con el don de la velocidad, y se dedicó a seguir haciendo dinero. En esta ocasión se movió en el mercado inmobiliario. Con éxito, claro. Volvió a las carreras en 1957, pero esta vez adquiriendo un equipo. O lo que quedaba de él: Ecclestone adquirió los restos de Connaught Engineering y sentó en uno de sus coches al piloto del que era mánager: Stuart Lewis-Evans. Para 1958, éste se había ido a Vanwall y Bernie se permitió el lujo de matar el gusanillo, intentando preclasificarse para el GP de Mónaco de aquel año, sin éxito (él mismo lo definiría años más tarde como “un intento no muy en serio“). En la carrera final de la temporada, Mike Hawthorn se proclamó campeón en un luchado final contra el ganador del GP, Stirling Moss, a los mandos de su Vanwall. El otro, el de Lewis-Evans, había sufrido una pavorosa deflagración que hirió mortalmente al piloto británico, pues fallecería de resultas del fuego 6 días más tarde. La tragedia conmovió a Bernie, quien definitivamente dio por concluida su carrera como piloto y se centró decididamente en la gestión.

20170125 Balestre Mosley Ecclestone

Balestre y Ecclestone, con Mosley convenientemente en medio, leal primero a la FOCA y luego a la FIA. (Fuente: BBC.com)

Ecclestone puso el ojo en un joven piloto austriaco con una endiablada velocidad pura. No, no era Niki Lauda, sino Jochen Rindt, que se convirtió en un nuevo representado de Bernie. Sin embargo, de nuevo el infortunio se cruzó en su camino: a 3 carreras del final de 1970, Jochen se estrelló en Monza y pereció yendo líder del Mundial. Nadie pudo sumar más puntos que él a final de año y Rindt quedó como primer (y esperemos que único) campeón del mundo póstumo. Así, Bernie dejó también la representación y empezó a interesarse por un rol más activo: la dirección de equipos. En 1972 le compró Brabham a Ron Tauranac por 100.000 libras y abandonó la vía de producción de coches que Ron y “Black Jack” habían comenzado. Ecclestone razonó que el verdadero dinero se conseguiría centrándose al 100% en la Fórmula 1, y vaya si estuvo atinado. Sobre todo porque dos años después fundaría la asociación que le convirtió en uno de los hombres más ricos del planeta: la Formula One Constructors Association (FOCA). Y ahí llegó la pequeña pero multimillonaria aportación de Bernie: fue él quien convenció a los otros jefes de equipo (Frank Williams, Ken Tyrrell, Colin Chapman, Teddy Mayer) de que ellos tenían la sartén por el mango. Que ellos eran los actores de la Fórmula 1 y por tanto deberían ser los que tuvieran voz y voto en dos aspectos: normativa y reparto de ingresos. Que la FISA (la Federación por aquel entonces) eligiera a un “tipo duro” (en su época miembro de las SS francesas, nada menos) como Jean-Marie Balestre sólo podía indicar que necesitaban a alguien para frenar el imparable ascenso de la FOCA. Tras huelgas de pilotos, “carreras pirata”, descalificaciones y boicots entre 1980 y 1982, Balestre y Ecclestone acabaron firmando el memorable Pacto de la Concordia: la FISA se quedaba con el control de la normativa técnica y la FOCA con el de los derechos comerciales. Ecclestone tenía la gallina de los huevos de oro: desde 1976, la expansión mundial de la Fórmula 1 era vertiginosa, y había millones y millones de libras en un enorme pastel a repartir. Frank Williams, Ron Dennis y compañía acababan de convertirse en ricos gracias a Bernie, y por tanto no pusieron muchas pegas a que un 23% de dicho pastel fuera directo al bolsillo de “Mr. E”. Para colmo, también estaba logrando llevarse bien con la Federación, primero trayendo al deporte al legendario doctor Sid Watkins e invirtiendo en seguridad para conseguir una drástica reducción en la peligrosidad de la F1, y más tarde viendo cómo su antiguo abogado, Max Mosley, se hacía con la presidencia de la FIA, y ambos fueron uña y carne.

20170125 Ecclestone 2010

El brillante espectáculo del que disfrutamos en el siglo XXI es en gran parte creación de Bernie 40 años ha. (Fuente: f1fanatic.co.uk)

Pero lo difícil no es llegar, sino mantenerse. Y las extraordinarias dotes negociadoras de Bernie hicieron que siguiera al mando durante todos estos años. Puede que fuera de la vieja escuela creyendo que en pleno siglo XXI creyera que el fax era un aparato “moderno” y que los contratos se firmaban con un apretón de manos, pero ni mucho menos era un ignorante o un inocente. Su cinismo a la hora de interpretar los acuerdos para su beneficio sacaban de quicio a cualquiera. ¿Ejemplos? Allá van tres. El primero vino en la citada lucha FISA-FOCA, cuando los equipos partidarios de la segunda explotaron un agujero legal: los coches debían cumplir el peso mínimo pudiendo llevar en su interior los líquidos lubricantes y refrigerantes cuando fueran subidos a la báscula. Así que, ni cortos ni perezosos, estas escuderías aparecieron en Brasil 1982 con unos enormes tanques llenos de agua que, supuestamente, servían para refrigerar los frenos. Tan sólo tenían que dar el peso mínimo con dichos tanques antes de la carrera y en las primeras vueltas podían vaciarlos para correr “al margen de la ley”. El segundo ejemplo lo reveló Max Mosley en el gigantesco Formula 1 Opus Book: “una vez en la piscina del Sheraton en Buenos Aires tuvimos una competición de buceo y Jochen Mass aguantó la respiración y nadó 4 largos. Entonces Bernie dejó de jugar al backgammon [su juego favorito; tanto, que hasta firmó algún patrocinio ganando una partida] y dijo que el haría 5 y que si alguien quería apostar. Cuando todo el mundo puso el dinero en la mesa, Bernie me dijo: “bien, ¿dónde está mi snorkel?“. El tercer ejemplo (y habría decenas más) lo tuvimos con la reintroducción de los repostajes en 1994. La F1 había sido dominada por la suspensión activa de Williams, y en aras de hacer el deporte más interesante (y por tanto más vendible), Bernie “coló” la vuelta de los repostajes en los acuerdos de prohibición de dicha suspensión activa. Los equipos no estaban de acuerdo porque las máquinas de repostaje costaban una fortuna, pero entonces apareció Ecclestone y dijo: “no os preocupéis: yo suministraré las máquinas“. A final de año, los equipos le fueron a Bernie con las facturas y éste respondió impávido: “yo dije que las suministraría, no que las pagaría“.

Como ven, un auténtico personaje, un lince de los negocios y con una inteligencia, o más bien astucia, por encima de lo común. Pero con la llegada del siglo XXI, Bernie perdió el paso. Se estrelló con la TV interactiva en 2002 por falta de demanda y le cogió aversión a los cambios, hasta el punto de no ser capaz de entender el inmenso potencial de Internet y las redes sociales. Eso, sumado a sus problemas judiciales (sobornó a Gerhard Gribkowsky para que éste no desvelara su evasión fiscal), sus desfasados comentarios sobre las mujeres (“acabo de tener una de esas ideas brillantes… las mujeres deberían vestir de blanco como el resto de aparatos domésticos“), y el peligro que corría tanto su propia vida (aunque no tardara en sacar tajada publicitaria) como la de su suegra (con su correspondiente ácido comentario, por no decir otra cosa) daba como resultado que Bernie debía hacerse a un lado. Seguramente su fecha de caducidad hacía tiempo que había pasado. Y el nuevo triunvirato de Liberty Media, con Chase Carey a los mandos, Sean Bratches dirigiendo la faceta económica y Ross Brawn la deportiva, seguramente nos impida echar de menos a Ecclestone. Pero no sería justo olvidar su labor durante estos años: gracias a él, hoy millones de personas amamos la Fórmula 1.

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