Cruzando el charco

(Fuente foto de portada: hemmings.com)

Hubo un tiempo en que los pilotos de Fórmula 1 hacían mucho más que disputar la máxima categoría del automovilismo. Muchos llenaban los fines de semana libres con carreras no puntuables y con pruebas de Fórmula 2, pero algunos se atrevían con ese universo desconocido: el Nuevo Mundo. Las carreras en Europa y América han parecido siempre inmiscibles, pero unos cuantos se saltaron la norma. Y algunos, incluso, lograron lo impensable: vencer a los norteamericanos en su suelo.

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Puede que desde su creación en 1950 siempre llamemos “Mundial” al Campeonato de Fórmula 1, pero Europa ha sido siempre el continente en el que más Grandes Premios se disputaban temporada tras temporada. Incluso hoy día, con hasta un 60% de los eventos ubicados fuera del Viejo Continente, se sigue considerando a éste como el epicentro del deporte. Esto era así aún más en los albores, pues hasta 1953 todos los GGPP menos uno se disputaban en suelo europeo. Pero eso no significa que en ninguna otra parte del planeta hubiera automovilismo. En Norteamérica, de forma totalmente ajena a la F1, se había creado en 1948 la NASCAR y hacía ya casi 40 años que se habían disputado las primeras 500 Millas de Indianápolis. Eran dos universos totalmente distintos, pero la progresiva globalización y el “poderoso caballero” hicieron que un al principio reducido grupo de intrépidos pilotos europeos intentase emular a Hernán Cortés y cía consiguiendo la conquista (automovilística, por supuesto) de América.

20170127 Brabham 1961

El Cooper motor trasero de Jack Brabham rebasa a uno de los anticuados motor delantero que poblaban la Indy hasta la llegada de los “europeos”. (Fuente: thejudge13.wordpress.com)

500 Millas de Indianápolis: en 1920, Gaston Chevrolet, un piloto francés, se hizo con el triunfo en la Indy 500. Desgraciadamente falleció poco después en un accidente, y simbólicamente su muerte pareció significar también el final de las aspiraciones de los pilotos europeos en la carrera más legendaria del automovilismo. Durante 4 décadas consecutivas, todos los ganadores de las 500 Millas fueron estadounidenses. Pero en 1961 llegaría el cambio. Esta edición sería la última en la que la recta principal tuviera a la vista los míticos ladrillos: a partir del año siguiente sólo se dejaría la línea de meta con esta superficie, la mítica “Brickyard“. Y fue en 1961 que “los europeos” trajeron el artefacto que causaría la primera gran revolución del automovilismo: Jack Brabham, por aquel entonces bicampeón de Fórmula 1, se presentó con un Cooper con motor Coventry Climax trasero. Mientras que en la F1 la última carrera que ganase un monoplaza de motor delantero (“los caballos deben tirar del coche”, decía Enzo Ferrari) ya había sido disputada, en Estados Unidos aún contaban con esta disposición en la totalidad de la parrilla. Brabham acabó 9º, pero había plantado la simiente. La legendaria pareja de Lotus, el diseñador Colin Chapman y el piloto Jim Clark, se presentó con su modelo 29 en Indy 1963 atraídos por el notable premio en metálico (los prósperos Estados Unidos ofrecían bastante más que cualquier GP europeo) y acabaron en una altisonante 2ª posición. Jim abandonó yendo líder al año siguiente, pero no se le escapó en 1965. El escocés acabó con 44 victorias consecutivas de pilotos estadounidenses y para colmo les confirmó que el motor trasero era el futuro, y no sus anquilosados coches de motor delantero. Al año siguiente llegaría Graham Hill y vencería sobre Clark, con otro ilustre europeo como Jackie Stewart en 6ª posición. La Indy ya no era sólo cosa de “yanquis”.

20170127 Mclaren Can-Am

Bruce McLaren, a bordo de su M8B Can-Am.
(Fuente: bruce-mclaren.com)

Can-Am: en los viejos tiempos, los pilotos de élite eran camaleónicos y multidisciplinares. Tan pronto mezclaban una carrera de F1 con otra de F2, un paso por la resistencia e incluso, por qué no, algún que otro rally. Entre tanta actividad, incluso conseguían sacar tiempo para los sports car. En 1966 se creó una competición en Norteamérica con 2 carreras en Canadá y 4 en Estados Unidos, a disputar con coches del Grupo 7. La libertad técnica del campeonato era asombrosa (aunque tal vez en exceso): no había límite de tamaño de motor, se permitía la turbocompresión y apenas había restricciones aerodinámicas. Dos constructores europeos se animaron a participar en la primera temporada del certamen: Lola y McLaren. Por parte de los “anfitriones”, era Chaparral quien defendía el honor del Nuevo Mundo. Pero los seis primeros títulos se fueron a parar al otro lado del charco. John Surtees, con su Lola, ganó el primero, y McLaren se hizo con los cinco siguientes, dos de ellos con el propio Bruce. Lamentablemente, el neozelandés falleció probando su M8D para la temporada 1970 en Goodwood y no pudo defender su título. Penske ganó 2 títulos para Estados Unidos (eso sí, con un Porsche) pero Jackie Oliver lograría para Gran Bretaña (con el Shadow) el último título antes de que la categoría se cancelase. Renacería en 1977, esta vez utilizando monoplazas, y gozó de un decenio más de emoción. Lola fue la gran dominadora de esta segunda etapa, pero al volante iban pilotos contrastados de la Fórmula 1 como Jacky Ickx, Patrick Tambay o Alan Jones. Con el cambio de década apareció la IndyCar, los europeos empezaron a perder el interés y la categoría encaró su definitivo ocaso. Pero siempre quedará en el recuerdo como el certamen que enfrentó a “Europa” (Denny Hulme, Bruce McLaren, Jackie Oliver, John Surtees, Jacky Ickx, Alan Jones, Keke Rosberg, Patrick Tambay, no todos europeos pero sí “representando” a la Fórmula 1) contra “América” (Mario Andretti, Parnelli Jones, Dan Gurney, Phil Hill, Peter Revson, Al Unser Jr.), como si de la mítica Ryder Cup se tratase.

20170127 Villeneuve F-Atlantic

Agresivo como siempre, Gilles Villeneuve se dio a conocer en la F-Atlantic en 1976. Los pilotos invitados de F1 quedaron prendados con el canadiense. (Fuente: globalserve.net)

Fórmula Atlantic: así es como comúnmente se denomina al Atlantic Championship, y de hecho sería más correcto utilizar este segundo nombre, pues “Formula Atlantic” más bien responde a un campeonato estadounidense que poco tiene que ver con el certamen objeto de estudio, pero a veces el error se repite en tantas ocasiones que acaba desplazando al término original. En 1974 se disputó la primera temporada de la F-Atlantic (llamémosla así), que obtuvo reconocimiento de la FIA como una categoría de bólidos propia. Los coches tenían características aproximadas a los de la antigua Fórmula 5000, y la principal característica era que el campeonato estaba sancionado por la federación canadiense, lo cual permitió descubrir al mundo algunos circuitos legendarios como Edmonton, Mont-Tremblant, Mosport, Elkhart Lake, el mítico Trois-Rivières y por supuesto el por aquel entonces llamado Île Notre-Dame Circuit, hoy día más conocido como Gilles Villeneuve. Y es que el piloto canadiense se dio a conocer precisamente en este certamen. Los europeos se sintieron atraídos por la categoría, que se disputaba entre abril-mayo y septiembre, y entre los pilotos invitados estaban gente como James Hunt, Riccardo Patrese, Patrick Depailler, Vittorio Brambilla, Jean-Pierre Jarier, Didier Pironi o Jacques Laffite. Todos ellos comprobaron de primera mano el nacimiento de una nueva estrella, y es que Gilles (campeón en 1976 y 1977, además de ganar también la versión estadounidense de 1976) impresionó en la carrera de Trois-Rivières del año de su primer título. Villeneuve, que adoraba las carreras de motonieves y similares, se convirtió en un auténtico mago de las condiciones adversas, obteniendo una sensibilidad extraordinaria para la lluvia o cuando tocaba conducir con 3 ruedas o cegado por un alerón. Los europeos lo intentaron, pero nadie pudo batir al verdadero as en su tierra natal.

Por supuesto, ha habido participación europea en más categorías americanas y con la creciente globalización es totalmente normal ver a pilotos europeos que no optan a la Fórmula 1 marcharse a hacer las Américas, sobre todo desde la creación de la CART / Champ Car (y ahora IndyCar). Pero tanto compaginar ambas tareas (Clark, Hill) como viajar a Norteamérica para pulir el talento y luego dar el salto a la F1 (Rosberg) parecen dos tendencias totalmente olvidadas. Todavía Europa y América son dos universos muy diferentes en cuanto a automovilismo, pero seguramente nunca volvamos a tener a ningún valiente, como Brabham o Clark, capaz de reinar en los dos mundos al mismo tiempo. Ya no es época de conquistadores.

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One comment

  1. SportPrototipos · enero 28

    Pedazo articulo 🙂

    El segundo mayor despliegue tecnológico desde la Golden Era de los 30.

    Me gusta

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