Roger Williamson: la tragedia se cruzó en su camino

(Fuente foto de portada: t-online.de)

Grandes pilotos como Jim Clark o Ayrton Senna nos dejaron habiendo conseguido grandes registros en la Fórmula 1. Sin embargo, hubo otros muchos desafortunados conductores que vieron segadas sus aún más jóvenes vidas sin haber podido plasmar ni una pequeña parte de su prometedor talento. Muchos pensarán en Jules Bianchi o Stefan Bellof, pero ayer habría cumplido 69 años un piloto que, tras ganarlo todo en la Fórmula 3, falleció en su segunda carrera de F1. Rememoramos a Roger Williamson, un piloto cuya muerte puso de relieve las enormes carencias de seguridad existentes en la máxima categoría por aquel entonces.

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Jackie Stewart estaba a punto de retirarse, aunque por aquel entonces sólo él lo sabía. Reino Unido iba a perder a uno de sus puntales en el deporte, pero detrás de él pujaba muy fuerte una generación de jóvenes talentos que pretendía hacer olvidar a JYS. El más recordado fue sin duda James Hunt, que en 1976 conseguiría alzarse con el título. Sin embargo, hubo otros tres conductores que perdieron trágicamente la vida sin apenas tener oportunidad de demostrar su calidad. David Tremayne los llamó “The Lost Generation“: Tony Brise (fallecido en un accidente de aviación junto a Graham Hill), Tom Pryce (falleció al atropellar a un temerario comisario de pista) y el hombre al que homenajeamos un día después del que habría sido su 69º cumpleaños, Roger Williamson.

20170203 Williamson F3

Williamson, con el nombre de su mentor Wheatcroft en el Fórmula 3.
(Fuente: asag.sk)

Nacido en el condado de Leicestershire, Williamson comenzó como la inmensa mayoría de pilotos que quieren llegar a la Fórmula 1: con un kart. A los 12 años se montó en uno por primera vez y dos después comenzó a competir. Rápidamente llenó sus vitrinas de trofeos (hasta 125 copas) y en 1966 marcó el que por aquel entonces era el récord de máxima velocidad alcanzada con un kart (184 km/h). En 1967 dio un salto, pero no a monoplazas, sino a un campeonato de coches Mini. En esa primera temporada logró nada menos que 14 victorias, y la prensa local ya le señalaba como un futuro piloto de F2 y, por qué no, Fórmula 1. Lamentablemente, su carrera se vio interrumpida cuando su bólido de F3 se incendió y no pudo dar el salto a dicha categoría, teniendo que seguir pilotando el Mini y pasando también a los Ford Anglia, en históricos trazados como Mallory Park, Thruxton, Cadwell Park, Snetterton o Castle Combe. La Fórmula 3 llegó en 1971 y Williamson consiguió éxito al instante: se proclamó campeón del certamen Lombard North y acabó 2º en el nacional. Recibió numerosos reconocimientos, como el de “Piloto del Año” por parte del British Racing & Sports Car Club, o las 1.000 libras del Premio Grovewood como piloto más prometedor de Inglaterra. Pero el gran triunfo de aquel año fue conocer, durante el evento de Mónaco, a Tom Wheatcroft, un empresario también de Leicester con quien rápidamente congenió, y que sería su puerta de acceso a las mayores cotas. La pasión por las carreras de Wheatcroft (incluso disputó un GP en 1970) pudo materializarse gracias a su millonario patrimonio y a que encontró al piloto que podía hacerla realidad. Tom montó a Roger en su F3 en 1972 y éste venció tanto en la categoría Forward Trust como en el campeonato nacional.

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Purley pide desesperadamente ayuda al resto de conductores para salvar a Williamson de su March incendiado.
(Fuente: bensweeneysf1blog.wordpress.com)

Y entonces llegaron los cantos de sirena. Louis Stanley, director del equipo BRM, le reclutó para unos tests previos a la temporada 1973, y asombró al mundillo: primero igualó el récord del circuito con el P180, y luego lo rebajó varias veces con el P160. Rápidamente le ofrecieron un volante, pero Wheatcroft quería montar al joven Williamson en un coche con motor Cosworth, la arquitectura dominadora de la época, y por ello decidieron aceptar la oferta de March. El debut llegaría en casa: Silverstone. Sin embargo, Roger no tuvo mucha suerte: la célebre montonera provocada por Jody Scheckter provocó el abandono de hasta 9 pilotos, y Williamson fue uno de los damnificados. El inglés esperaba mejor suerte para la carrera de 2 semanas más tarde, en Holanda. No podía imaginar que la tragedia se le iba a cruzar en su camino en Zandvoort. Tras partir 18º, Williamson perdió el control de su March en la octava vuelta de carrera y se estrelló en las eses que había en la parte de atrás del trazado neerlandés. El choque no le provocó lesiones mortales, pero su monoplaza volcó, comenzó a arder y se convirtió en una bola de fuego errante por el asfalto, hasta que se detuvo al lado del guardarraíl. David Purley fue el primer corredor que vio el impacto y se detuvo para tratar de ayudar a Roger. Purley llegó al lugar del accidente incluso antes que los comisarios, dejando a las claras la escasa formación y medios de que disponían. David trató de voltear el March sin que nadie le ayudase para poder extraer a su compatriota y, viendo la falta de pericia del equipo de los auxiliares, corrió a quitarle el extintor (el único que poseían) a uno de los oficiales de pista. Lo vació, pero era insuficiente para apagar el incendio. Volvió a intentar colocar el monoplaza sobre sus cuatro ruedas, pero haciéndolo él solo (los comisarios no iban equipados con trajes ignífugos y no quisieron acercarse al vehículo) no podía conseguirlo. Numerosos pilotos, que sí llevaban monos resistentes al fuego, pasaron de largo del accidente porque creyeron que era Purley el único afectado y, dado que le veían a él fuera del incendio, no creyeron que hubiera nadie más en peligro. Un comisario trató de convencer a David de que no podía hacer nada por salvarle y le apartó de la escena. Tras 8 minutos apareció un camión que tuvo que dar toda la vuelta a Zandvoort hasta llegar al lugar donde se encontraba Williamson y pudo apagar el incendio, pero era demasiado tarde. Roger, con apenas 25 años, había fallecido por asfixia.

Purley fue condecorado por su valentía y por ayudar, de forma involuntaria, a destacar todas las carencias que había en materia de seguridad en la Fórmula 1. Quedaba mucho por mejorar, y lamentablemente Williamson no fue el último fallecimiento en Gran Premio. El hecho de que la muerte le golpeara tan pronto impidió que el imaginario colectivo le recuerde como a otros difuntos como Ayrton Senna o Jim Clark, pero si la Parca no hubiese aparecido en Zandvoort 1973 el enorme talento de Roger podría haberle convertido en lo mismo que brasileño y escocés: una leyenda inmortal.

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2 comments

  1. jonathan · febrero 3

    Muy buen artículo, hace poco vi el video y se merece todos los respetos purley, me recordó un video sobre un choque en una copa lamborghini donde uno de estos se incendia y no logran apagar el fuego por la mala capacitacion

    Le gusta a 1 persona

  2. SportPrototipos · febrero 4

    Los muchachos que se zampaban cientos de vueltas en Brands, Knockhill, Goodwood, Snetterton, Oulton, Mondello…. Normal que salgan pata negra.

    Si os gusta el “sello británico” os recomiendo ver las series BTCC que habían a mediados y finales de los 90. Jamás he visto certámen tan a cuchillo como ése, y con el super acertado y añorado reglamento FIA 2L Superturismo.

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