Cuarenta años de leyenda

(Fuente foto de portada: autobild.es)

Williams celebra hoy sus 40 años de existencia (aunque su nacimiento es una fecha bastante controvertida para los historiadores, que no se ponen de acuerdo) y lo hace rememorando sus grandes días, que hoy parecen tan lejanos. El equipo privado por excelencia, el verdadero espíritu “british” de la Fórmula 1… los de Sir Frank son la tercera escudería más laureada de la historia y han sido quienes han marcado el paso durante décadas en este deporte. Ahora están sufriendo, pero días como hoy permiten a los de Grove mirar con orgullo al pasado para poder ilusionarse con el futuro.

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Mónaco, 1969. Frank Williams inscribe su primer vehículo en un Gran Premio de Fórmula 1. Con apenas 27 años, este vendedor, primero ambulante de comestibles y luego de coches y repuestos (y que también había hecho sus pinitos en la conducción; los emprendedores de antaño eran increíblemente polifacéticos y “hechos a sí mismos”), se dio cuenta, como tantos otros, de que el pilotaje no era lo suyo, y decidió costear la aventura monegasca de su amigo Piers Courage, con un Brabham que “Black Jack” había vendido a Frank con el objetivo de que participase en la Fórmula Tasman. Todavía quedaban 8 años para que este joven entusiasta de las carreras plantara la simiente de lo que hoy día es el tercer equipo más exitoso de la historia y, más relevante para él, el equipo privado por excelencia de la Fórmula 1.

El pundonor de Alan Jones definió de inmediato al “piloto Williams” (Fuente: taringa.net)

Entre ese lejano 1969 y 1977, Sir (todavía no) Frank se dedicó a comprar vehículos e inscribirlos para su propio concursante, Frank Williams Racing Cars. Los De Tomaso, March, Politoys o Iso-Marlboro le permitieron al británico entrar en el campeonato mundial, pero cuando Walter Wolf compró el equipo y relegó a Frank de la dirección general, el de Durham decidió crear una nueva escudería con vistas a ser constructor de sus propios bólidos. Para ello necesitaba a un ingeniero, y a quien encontró fue a un tal Patrick Head, que acabó decepcionado con su primera experiencia en Fórmula 1 y se había alejado de los circuitos para diseñar barcos. Frank le convenció de unirse a su nueva tentativa y, en 1977, nació oficialmente Williams Grand Prix Engineering. No había tiempo para diseñar un coche, así que Williams comenzó con un March 761. Su único piloto, el belga Patrick Nève, no consiguió sumar ningún punto, pero en la pequeña base de Didcot (en un almacén de alfombras…) estaban seguros de que en 1978, ya con Head tirando sus primeras líneas, les iría mejor. Nació así el FW06, un coqueto monoplaza que pronto haría icónica su decoración blanca y verde con Fly Saudia de patrocinador. El piloto en esta ocasión era Alan Jones, alguien a quien Frank y Patrick definieron y siguen definiendo como “el arquetípico piloto de Williams”: aguerrido, valiente, capaz de llevar el coche a hombros si fuera necesario. El australiano sumó los primeros puntos del equipo en Sudáfrica (4º) y más adelante logró el primer podio, 2º en el Glen. Sin embargo, ese 1978 fue el año en que Colin Chapman había enseñado “la versión 1.0” del efecto suelo, el arma con el que dominar la Fórmula 1 durante los siguientes años. Head demostró su talento y fue el primero en copiar el concepto y sublimarlo; eso sí, el FW07 no llegó hasta la mitad de 1979 y por ello no hubo opción de pelear el título, pero cuando el segundo coche de Williams GPE pisó el asfalto, sólo hubo que conseguir su puesta a punto para que llegaran los resultados: ya con dos pilotos a bordo (Jones y Clay Regazzoni), ambos bólidos abandonaron en España y Bélgica, pero en Mónaco Clay consiguió acabar y hacerlo en 2ª plaza. Dos GGPP después llegaría el gran día: en Silverstone, el Williams de Jones arrasó en los entrenamientos pero falló en carrera, y fue Regazzoni quien se llevó (de forma algo inesperada) el primer triunfo para el equipo británico. Jones ganó las 3 siguientes carreras y también la penúltima, en Canadá, presentando así sus credenciales para 1980. Alan sería emparejado con Carlos Reutemann, y ambos demostraron que Sir Frank y Patrick habían logrado la mejor montura de la parrilla: Jones se proclamó campeón del mundo al ganar en Montréal y metió a Williams de lleno en la historia.

Mansell y Piquet apoyan a su jefe después del dramático accidente en marzo de 1986 que le postró en una silla de ruedas.
(Fuente: GPUpdate.net)

También deberían haber ganado el título de 1981 con las cuidadas evoluciones C y D del FW07, pero una penosa racha central sin puntos de Alan Jones dejó sólo a Carlos Reutemann luchando contra el Brabham de Nelson Piquet. Y el “Lole” acostumbraba a ser imbatible cuando tenía el día… pero a desaparecer en el centro del grupo cuando no. Tras llegar a la última prueba en Las Vegas con una ventaja de un punto sobre el brasileño, marcó la pole y se posicionó como el máximo favorito al título mundial. Sin embargo, ese domingo en el Caesars Palace, Reutemann sencillamente se hundió. Perdió 4 plazas en la salida y antes de mitad de carrera fue pasado por Piquet, en una maniobra en la que frenó inexplicablemente pronto. Para colmo, se le rompió la caja de cambios y se quedó sin 4ª marcha, haciéndole imposible mejorar la P8 final. Nelson acabó 5º, sumó 2 puntos y se proclamó campeón… si bien Williams revalidó el título de constructores y confirmó que seguían siendo el equipo a batir. Así se demostró en 1982, con el título de Keke Rosberg, pero la verdadera prueba era que consiguieron atraer a todos los pilotos punteros de la época. La primera pareja explosiva fue Nigel Mansell junto con, precisamente, Nelson Piquet. Era 1986, y la asociación con Honda (tras toda una vida con el Cosworth DFV, al que dedicaremos el próximo “Historias de la F1” porque están a punto de cumplirse 50 años de su debut) comenzaba a fructificar tras 3 años sin pelear por los títulos (¿les suena?). El FW11 se reveló en pretemporada como un coche formidable, así que había muchas esperanzas en el título. Frank había ido a Paul Ricard a ver uno de los ensayos previos al primer GP del año, pero rápidamente tuvo que coger un coche para ir al aeropuerto y estar en Londres al día siguiente. En una curva del trayecto, Williams perdió el control en una curva y el Ford Sierra volcó, con Frank y el responsable de márketing del equipo Peter Windsor a su lado. Windsor sólo sufrió unas heridas leves, pero su compañero quedó aplastado entre el asiento y el techo y su médula espinal se fracturó a la altura de la cuarta vértebra. Frank quedaría para siempre postrado en una silla de ruedas. Esta dramática tragedia afectó notablemente al curso del equipo, quien se vio con una terrible falta de liderazgo para manejar a sus dos “número 1” (aunque Piquet defiende que, antes del accidente de su jefe de equipo, el acuerdo era que él era el verdadero punta de lanza) y le regalaron el título a Alain Prost.

Algo se murió en el alma de Williams (y de la Fórmula 1) el 1 de mayo de 1994. (Fuente: parathyroid.com)

Se podía avecinar el inicio de una espiral descendente, pero el coche de 1987 fue tan bueno como su predecesor y tanto Piquet como Williams ganaron fácilmente los títulos. El problema vino cuando, al intentar renovar el contrato con Honda, la marca nipona puso como condición que Satoru Nakajima se subiese a un volante. Frank se negó en redondo y tuvo que cargar con los lentos Judd atmosféricos. Cayeron a la 7ª plaza de constructores y perdieron por el camino a sus dos figuras, quedándose con Riccardo Patrese y Thierry Boutsen para subcampeonar en dos ocasiones mientras duraba el binomio McLaren-Honda. El nuevo golpe de genio no llegaría de la mano del diseñador Patrick Head, que había ascendido a un puesto más directivo en la empresa (no en vano, tenía el 30% de la misma), sino de un joven Adrian Newey, que venía de hacer maravillas con un ridículo presupuesto en March. El FW14 que concibió para 1991 se convirtió en el coche más avanzado de la época; sólo los problemas de juventud le impidieron pelear más de tú a tú por el título, una vez que Mansell había vuelto al redil. Sólo era cuestión de afinar los detalles para lograr los éxitos al año siguiente: el FW14B de 1992, famoso por su suspensión activa, se convirtió en uno de los monoplazas más dominantes de la historia: durante el período de 6 años que daba comienzo en ese momento, Williams ganó 4 títulos de pilotos y 5 de constructores. Alain Prost salió de su retiro para pilotar esa maravilla y lograr el 4º título, y Ayrton Senna llegó un año después para lograr lo mismo. Lamentablemente, el 1 de mayo de 1994, ocurrió la desgracia que cambió el deporte. Y Williams jamás volvió a gozar de un piloto de semejante calibre. Damon Hill y Jacques Villeneuve ganaron los títulos de 1996 y 1997, pero muchos tuvieron la sensación de que su montura era inmensamente superior a la Ferrari de Michael Schumacher, que aun así les puso en problemas. En cualquier caso eran 7 títulos de pilotos y 9 de constructores; en apenas 20 años de existencia, el bagaje era bestial.

Sin embargo, la nueva Fórmula 1 puso de manifiesto que el espíritu de equipo privado tenía los días contados. Los costes eran inasumibles, los grandes fabricantes llegaban para hacerse con el control del deporte y el departamento técnico de Williams se quedó desfasado. La unión con BMW jamás llegó a ser perfecta porque Sir Frank nunca les dejó “meter las narices” en el diseño de chasis, y cuando los alemanes volaron para crear su propio equipo, Frank volvió a los orígenes: motor Cosworth, y de nuevo 100% privado. Obviamente, a costa de unos resultados deportivos pésimos: no volvió a acabar en el podio de los constructores hasta que en 2014 atinó al aliarse con Mercedes justo el año en que los V6 germanos se convirtieron en hegemónicos. Y esta etapa de (hasta ahora) 4 años es la que vive Williams en el momento de su 40º aniversario. Qué lejanos tiempos en los que Sir Frank se gastaba las pocas libras que ganaba en la Fórmula 2 en las cabinas telefónicas para contactar con posibles patrocinadores. O aquellos en los que desmontaba su bólido y facturaba las piezas como equipaje de mano. Delicado de salud como está a sus 75 años, el legendario patrón ya hace tiempo que se hizo a un lado, pero su hija Claire perpetúa la esencia del equipo. Williams seguirá por siempre en la Fórmula 1 porque este es su único objetivo: la competición. Las carreras. El puro deporte.

¿Crees que Williams subirá al podio esta temporada? Vota en nuestra encuesta y deja un comentario con tu opinión.

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2 comments

  1. Gerard Pujol · 19 Days Ago

    Te felicito por este gran artículo. Que gran repaso a la historia de uno de los imprescindibles en la categoría. Su superioridad en los 90 fue antológica. Me da lástima ver cómo desde su ruptura con BMW han perdido gran parte de su ambición y lo peor no es los resultados que van a peor año tras año sino la sensación de conformidad que los acompaña. Fueron lo máximo de la categoría y sé que la situación es muy complicada para un equipo privado, pero es que Force India les pasa por delante con menos bagaje y presupuesto. ¿Qué objetivos tiene ahora mismo? ¿Sobrevivir? ¿Un podio aislado? ¿Ser el 4o equipo? Me parece poco para los que ha supuesto Williams para la F1.

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    • SportPrototipos · 19 Days Ago

      Hay ciclos, incluso épocas completas.

      Pocos recuerdan que la mismísima Ferrari estuvo 21 AÑOS (¡¡21!!) (1979-2000) sin ganar un mundial de pilotos. Victorias parciales, poles, llegar a final de temporada con opciones de lucha por campeonato…pero sin cuajar.

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