La leyenda antes de la Fórmula 1

(Fuente foto de portada: thejudge13.com)

Mucho antes del nacimiento de la Fórmula 1, la máxima categoría del automovilismo, por supuesto que existían las carreras. Así que permítannos escabullirnos de nuestra competición favorita para repasar lo que sucedía cuando ésta no había nacido y eran otras las que se consideraban punteras. Y en ellas destacaba la misma figura. Un italiano de Mantova considerado el mejor piloto de todos los tiempos incluso décadas después de su retirada. Tazio Nuvolari, de cuyo nacimiento se cumplieron ayer 125 años, pasó a la historia por sus decenas de victorias en Gran Premio (¡en motos y en coches!), destacando especialmente la de Alemania 1935, “la victoria imposible”.

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El principio del siglo XX fue un pésimo período para vivir en Europa. Las dos Guerras Mundiales cortaron las ilusiones de millones de personas y la sociedad tuvo muy difícil avanzar durante un período en que la supervivencia era lo único que importaba. El automovilismo se vio tan afectado como cualquier otra faceta del mundo, pero con el desarrollo tan pujante de los vehículos y la desbordada pasión y valentía (o más bien temeridad) de decenas de pilotos, la competición jamás desapareció de las carreteras. Además, ciertos regímenes veían con buenos ojos el papel propagandístico que cumplían las victorias de los conductores y constructores nacionales en cualquier Grande Épreuve, así que al automovilismo no le iba a faltar relevancia. Y un 16 de noviembre de 1892, en una Italia que años más tarde se convertiría en uno de esos regímenes, nacía un bambino que, entre guerra y guerra, pasaría a los anales de la historia de las 2 y las 4 ruedas. Tazio Nuvolari fue la primera gran leyenda de las carreras.

Las motocicletas Bianchi fueron el primer medio con el que Nuvolari demostró al mundo su talento. (Fuente: pinterest.com)

Il Mantovano Volante” no tardó en mamar competición, pues su padre y su tío eran ciclistas profesionales, especialmente este último. A Tazio le tiraban 2 ruedas ligeramente distintas, y en 1915 se sacó la licencia de motociclismo, si bien no le sirvió de mucho pues rápidamente fue reclutado para la Primera Guerra Mundial. Volvió sano y salvo y en 1920 comenzó su trayectoria. Tras unas cuantas victorias locales, el gran éxito le llegó en 1925, al ganar su primer Gran Premio de Europa. Pero su amor oculto eran los coches, desde que con 12 años vio una carrera cerca de su Mantova natal. Poco a poco se adentra en ellos hasta que un año antes del citado triunfo coincide con Enzo Ferrari. En el Circuito de Savio, Tazio fue el único capaz de seguir el ritmo de Il Commendatore a pesar de contar con un motor de la mitad de cubicaje. Nuvolari comenzó a llamar la atención de los equipos y Alfa Romeo le reclutó para un test con vistas al GP de Italia, en el que tendría que sustituir al fallecido Antonio Ascari (padre de Alberto, bicampeón de F1). En dicho test, tras ser más rápido que los otros pilotos de la marca, se estrella al fallar el embrague y se lesiona la espalda. A la semana siguiente, ganó su primer Gran Premio de las Naciones en Italia (!). Los 4 siguientes años, Nuvolari literalmente arrasa en motociclismo, disciplina que se le empieza a quedar pequeña pero que usa para costearse sus pinitos automovilísticos, y es en 1930 que finalmente da el salto a las cuatro ruedas. Alfa Romeo estaba algo enfadada después de que el agresivo italiano destrozara el bólido en aquel test de Monza, pero no podían negar su talento. Así que le inscribieron para las míticas Mille Miglia, y Tazio comenzó a grabar su nombre en la historia: en la fase nocturna de la carrera, apagó las luces para no ser visto por sus rivales y desbordó a Achille Varzi cerca del final en Brescia. La leyenda estaba naciendo, hasta el punto de que de él comenzaron a decirse cosas difícilmente creíbles, como que en el RAC Trophy de aquel año, tras haber destrozado un coche la ventana de una carnicería situada en el lateral del “circuito”, Tazio se detuvo para intentar coger un jamón. Su personaje pasó a ser un mito, y aún quedaba lo mejor.

Nuvolari fue considerado un pionero por su estilo de conducción. Su exagerada agresividad estaba totalmente medida, de ahí su éxito. (Fuente: arocalfissima.com)

En 1931 se estrenó en el Campeonato Europeo, por aquel entonces el certamen más importante del mundo, y que año a año recogía carreras históricas como el GP de Italia en un Monza con su mítico óvalo, el GP de Alemania en el temible Nordschleife o el incipiente GP de Mónaco. Nuvolari se centró exclusivamente en los bólidos para su primera tentativa con Alfa Romeo en el Campeonato. Ganó en Italia compartiendo coche con Giuseppe Campari, pero no recibió puntos al no estar originalmente designado en ese coche, sino en el que compartía con Baconin Borzacchini, que se averió a media carrera. Fue 2º en Spa (el de 14 kilómetros) y 11º en Francia, pero se preparó a tope para 1932, el año que le encumbraría como el mejor piloto del mundo. Mónaco, Targa Fiorio, Italia, Francia, y las Copas Ciano y Acerbo. El título del Campeonato de Europa es suyo. A pesar de la apariencia salvaje y descontrolada de su pilotaje, Tazio era ultrarrápido por su profundo conocimiento (¿o más bien don?) de la física del vehículo. Fue considerado por Enzo Ferrari como el “inventor del derrapaje de las 4 ruedas”, y su mecánico Paride Mabelli podía dar buena cuenta de la habilidad del mantovano: “Antes de comenzar la Targa Fiorio, Nuvolari me pidió que me tirase al suelo del coche [en aquella época el mecánico iba junto con el piloto] cada vez que él gritase, lo cual era una señal de que entraba en una curva demasiado rápido y necesitaba bajar el centor de masas del coche. Me pasé toda la carrera en el suelo. Nuvolari empezó a gritar en la primera curva y no paró hasta la última“. Al acabar este año, el escritor Gabrielle D’Annunzio le regaló una tortuga de oro para simbolizar que él era “el hombre más rápido, el animal más lento“, y lo uso como talismán y símbolo en sus coches. Los éxitos continuaron en 1933, ganando prácticamente todo: Túnez, Alejandría, Nîmes, Niza, Bélgica… y destacando su triunfo en las 24 horas de Le Mans y en la Eifelrennen (Nürbürgring Nordschleife), ya no con Alfa Romeo sino con Ferrari, que se encargó de la actividad deportiva de aquélla cuando decidió cesar sus actividades. El 1934 traería una mala noticia, al romperse una pierna en el GP de Alejandría y no poder sumar apenas éxitos dicha temporada, y en ese tiempo Mercedes pasó a tomar la iniciativa. Se avecinaban malos tiempos para Tazio en 1935, pero aquel fue el año en que su leyenda alcanzaría su máximo. El 28 de julio, en el Nordschleife, Nuvolari logró “La victoria imposible”.

Al paso bajo la bandera de la cruz gamada, Nuvolari aguó la fiesta alemana con una de las mejores actuaciones de todos los tiempos. (Fuente: grandprixhistory.org)

Tazio llegó a Alemania con su desfasado Alfa Romeo P3, y en principio no tenía nada que hacer frente a los Mercedes-Benz W25s de los otros talentos de la época (Rudolf Caracciola, Manfred von Brauchitsch o Luigi Fagioli) o a los Auto Union Bs de Varzi, Hans Stuck y “Nebelmeister” Bernd Rosemeyer. La parrilla, decidida por sorteo, puso a Stuck en la pole por delante de Nuvolari, pero en la carrera, con asfalto húmedo y cielo nublado, pronto Caracciola, Rosemeyer y Fagioli se pusieron a liderar. Il Mantovano comienza a tirar y con su P3 de 265 CV adelanta a los Auto Union y Mercedes, que cuentan con 375 caballos (¡un 40% más de potencia!) y se pone líder en el décimo giro. Llegó la ronda de repostajes, y Mercedes, dirigida por el mítico Alfred Neubauer, despachó a sus coches con celeridad: von Brauchitsch salía de boxes por delante de Caracciola y Rosemeyer. ¿Y dónde estaba Nuvolari? Tazio perdió más de 2 minutos en su parada por culpa de una rotura en la bomba del repostaje. Salió 6º, sin absolutamente nada que hacer. Pero si recuerdan “LA carrera” de Juan Manuel Fangio en este mismo lugar 22 años después, pueden imaginarse que el bueno de Nuvolari ya había hecho una hazaña similar a la del Chueco. El italiano comenzó a pilotar como el demonio y se olvidó de sus 110 caballos de menos: delante de 300.000 espectadores alemanes y numerosos altos cargos del Tercer Reich, que esperaban una victoria germana, Nuvolari adelantó a todos en apenas unas vueltas. A todos, menos a von Brauchitsch, líder cómodo hasta que le indican que Tazio se ha puesto 2º. El italiano recorta varios segundos giro a giro, pero los 35 que le separan de la cabeza al iniciar la última vuelta parecen totalmente insalvables. Sin embargo, su alocado ritmo había puesto un estrés inesperado al Mercedes de von Brauchitsch. Neubauer, asustado por la degradación de neumáticos, intentó que Manfred entrase a cambiarlos, pero ya era demasiado tarde. En el último giro, en la legendaria curva Karussell, el trasero izquierdo se desintegró. Nuvolari, que estaba justo detrás, le adelantó y puso rumbo a la meta. Cuando todos en la tribuna vieron salir de la niebla una silueta roja en vez de plateada, el público enmudeció. En un auténtico hierro, el menudo mantovano había derrotado de forma totalmente imprevista a toda la caballería alemana. Y el Reich se quedó sin su fiesta. Tardaron una eternidad en encontrar una bandera italiana que poner en el podio y ni siquiera tenían el himno, por lo cual Tazio les dio un disco que llevaba siempre consigo para que lo pusieran. Mientras sonaba la Marcia Reala, Nuvolari (a quien la corona de laurel, prevista para un fornido piloto alemán, le llegaba a las rodillas) podía sentir el valor de su hazaña.

Después de aquello, todo lo que pudiera hacer Tazio en adelante no podría ser comparable. Sigo ganando carreras, pero todavía con Alfa y luego con Auto Union, pero la edad y sus accidentes comenzaron a mellar su salud y su rendimiento. La Segunda Guerra Mundial acabó con cualquier atisbo de competición automovilística, y para cuando en 1946 volvió la normalidad Nuvolari ya tenía 53 años, una enfermedad pulmonar fruto de su profesión y teniendo que superar el dramático fallecimiento de su hijo Alberto. Aun así, siguió ganando y dejando imágenes épicas, como cuando condujo sin volante en la Coppa Brezzi, accionando la dirección desde la columna con una llave inglesa (!). O cuando en las Mille Miglia de 1948, visiblemente enfermo de forma irreversible, tosiendo sangre, marchaba líder con media hora de ventaja sobre su compañero hasta que la suspensión dijo basta. Esa fue su última gran actuación; aun así, siguió corriendo en un lamentable estado ya que las carreras era lo único que tenía. Su introspección y soledad fueron aumentando, y la falta de salud acabó con él: tras dos ictus, Tazio falleció en su cama en Mantova el 11 de agosto de 1953. Nunca llegó a debutar en Fórmula 1, pero ni siquiera la máxima categoría del mundo era necesaria para plasmar el inmenso talento de la primera gran leyenda del automovilismo. Nuvolari barrió a su competencia como ningún piloto jamás lo ha hecho en la historia.

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3 comments

  1. SportPrototipos · noviembre 17

    La Golden Era, si señor!

    Posiblemente, el mejor artículo desde el nacimiento del blog (y eso que la Golden Era dio para MUCHO)

    Bravissimo!

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  2. AlcarriaF1 · noviembre 20

    Es tan grandioso lo que acabo de leer, que me he quedado sin palabras qué escribir. Simplemente gracias por explicar la historia de este enorme hombre, que conocía muy vagamente y hacía años que no veía nada sobre él.

    Lo dicho, no sé qué destacar de alguien así. Es todo tan absolutamente increíble, que otros grandes quedan “enanos” en la comparación con Tazio.

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    • diezcilindros · noviembre 20

      Gracias a ti por el comentario ^^.

      La historia del deporte es siempre muy difícil de analizar. Un Nuvolari en plena forma estaría a años luz del peor piloto de Fórmula 2 de hoy en día por las exageradas diferencias en el entrenamiento y los conocimientos adquiridos. Pero Tazio corrió en su época y, en comparación con sus coetáneos, su superioridad fue más grande que muchas de las hegemonías vistas en las últimas décadas. ¿Alguien se imagina a un piloto de hoy día ganando una carrera con un coche 5-6 años más antiguo y con 110 CV menos que sus rivales, haciendo un pit stop dantesco? Si no fuera porque no compitió en Fórmula 1, sin duda su nombre debería aparecer a la altura de los más grandes.

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