No salió como esperaban

(Fuente foto de portada: nine.com.au)

2017 debería haber sido el año del asalto al título por parte de Red Bull. Sin embargo, no consiguieron ni estar en la pelea desde antes de la primera carrera. Adrian Newey y los suyos fueron excesivamente conservadores con su enfoque inicial del RB13 y les llevó más de medio año alcanzar a Mercedes y Ferrari… y aún faltaban los 50 CV que no dependen de ellos. En cualquier caso, el final de temporada mostró que la factoría de Milton Keynes sigue siendo capaz de producir material potencialmente campeón. Y donde desde luego no les falta calidad es en materia de pilotos. Vaya par de toros…

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Red Bull ha cogido la nada recomendable costumbre de empezar la temporada peor de lo que las acaba. En un campeonato en el que se reparten los mismos puntos en marzo que en noviembre, ser veloz desde el principio es sencillamente obligatorio para pelear por el campeonato del mundo, máxime cuando el establishment está tan acentuado como actualmente. Casi sin excepción desde 2011, año en que Sebastian Vettel triunfó en Australia, los angloaustriacos han sido incapaces de marcar la referencia inicial. En 2017, de nuevo, volvió a suceder. Y sí, con el paso de los meses consiguen mejorar y enseñar al mundo de lo que serían capaces si al año siguiente comenzasen a tope. Pero dicho año siguiente vuelve a ser el día de la marmota. Si Red Bull quiere pelear el campeonato de 2018, deben tener un coche para pelear por la victoria de Albert Park o nuevamente habrá motivos para quedar decepcionados.

El RB13 era bastante simple a ojos vista a inicios de temporada. El febril trabajo hasta bien entrado el verano puso al bólido a la altura de Mercedes y Ferrari. (Fuente: motor.es)

El RB13 pareció en su presentación un coche tan modesto que a nadie le sorprendió que en Australia el más rápido de los dos en Q3 se quedase a 1,3 segundos de la pole. El análisis inmediato desveló que el tiempo lo perdían en todas partes: su motor Renault era una debilidad, pero el chasis también. Se apreciaba que la línea de la carrocería era demasiado limpia para intentar camuflar el déficit de velocidad punta, e indudablemente la prohibición de la suspensión “activa” les afectó. Pero si algo bueno tienen los trabajadores de Milton Keynes es que su grado de desarrollo durante la temporada es elevadísimo. Seguro que desde antes de las puestas de largo ya sabían que tendrían que poner toda la carne en el asador. A partir de esas semanas críticas en febrero y marzo, lo que tardasen los diseños en llegar desde el software de CAD de la fábrica hasta salir del autoclave en forma de fibra de carbono moldeada y enviarse rumbo a los circuitos sería el plazo que separaría a Red Bull de las primeras muestras de mejoría. En China llegó el primer podio; en España, ya a menos de un segundo de la pole, el segundo; en Hungría, tras una enorme revisión del chasis, Red Bull ya estaba a unas pocas décimas del dúo de cabeza; y en Italia, con una mejora de motor, parecieron estar casi en igualdad de condiciones con Mercedes y Ferrari, hasta el punto de que entre Singapur y México sumaron más puntos, podios y victorias que la Scuderia. A nivel técnico, el RB13 acabó siendo un coche notable en todo tipo de curvas, y quedó la impresión de que, por un pelo, tenían el mejor chasis de la parrilla. La velocidad punta era obviamente su déficit, pero donde más perdían era en la tercera ronda de clasificación. Lo que parecían prometedoras Q2 se transformaban en decepcionantes posiciones en parrilla debido a la falta de un mapa motor mágico de Q3. Marina Bay y el Hermanos Rodríguez fueron dos poles perdidas por este motivo. Pero en carrera, y eso se percibió incluso desde Australia, el Red Bull era un coche que rendía muy bien.

No brilló en clasificación, pero su férrea determinación en carrera (y una pizca de suerte en momentos clave) hizo que Daniel Ricciardo sumase más puntos que su compañero. (Fuente: f1fanatic.co.uk)

En cualquier caso, los inicios de temporada difíciles son un buen escenario para que la pareja de pilotos se luzca. Dentro de 3 días llegará un análisis de Force India en el que se verá cómo de importante fue en las primeras 3 carreras que sus pilotos fueran dos tan buenos como Sergio Pérez y Esteban Ocon. En este caso, los dos conductores de Red Bull le dieron al equipo una cantidad de puntos suficientemente elevada como para que el déficit de vehículo y fiabilidad, alarmante en muchos casos, les permitiera conseguir 3 victorias y 13 podios. En cuanto a Daniel Ricciardo, 2017 ha puesto de manifiesto que el instinto racing del australiano es uno de los más destacados de toda la parrilla. Su férrea determinación (cómo no, con esa nacionalidad) le convierte en uno de los mejores pilotos “de domingo” de la parrilla. El de Perth ha alcanzado los 200 puntos a pesar de sus 6 abandonos. La matemática es exacta y dice que, de media, Daniel consiguió 10 unidades por carrera, es decir, 5º en promedio. Ese sería el rendimiento estándar, pero habida cuenta de los 6 ceros, eso supone que el #3 consiguió 60 puntos extra gracias a poner su RB13 por encima de lo que le correspondía. Y sus 9 podios son suficientemente elocuentes: Ricciardo ha pilotado pero que muy bien los domingos. Sus adelantamientos han sido espectaculares gracias a su pilotaje marca de la casa: la frenada ultratardía. Daniel es un Lewis a la hora de apretar el pedal izquierdo, pero a partir del movimiento inicial no tienen nada que ver. Mientras que Hamilton comienza a sincronizar el giro de volante con el soltado de pedal, bailando en el filo, Ricciardo opta por frenar totalmente en línea recta, para entonces aportar con dirección: un primer movimiento profundo y luego otro aún más pronunciado en el vértice. En cierto modo, recuerda al famoso “neutroviraje” del primer Fernando Alonso. ¿Pero cómo de rápido es esperar hasta ir despacio para girar? Al fin y al cabo, su movimiento está igualmente limitado por la física, y no va a provocar un golpe de sobreviraje que destruya las gomas. Además, llevar tanto volante en el vértice, a lo Kimi, complica la tracción posterior. Y por tanto, su instinto en el rueda a rueda o en las bellísimas pasadas no tiene su contraparte en la técnica de pilotaje: Ricciardo no es, a 2017, uno de los pilotos más rápidos del mundo. Su 7-13 en clasificación no es casualidad, y en algunos de sus buenos resultados no puede negarse la influencia de la suerte, con abandonos clave (en especial de su compañero) que, combinado con su instinto “carreril”, le dieron numerosos puntos. El azar se giró totalmente en el último tercio de campeonato y el australiano encadenó abandonos sin casi posibilidad de mostrar su velocidad. Y eso ha hecho que afronte el invierno con varias preguntas en su mente. ¿Puede de veras ser campeón del mundo?

La clasificación y los accidentes en las salidas no le dejaron respirar hasta el último tercio de campeonato. Entonces, con actuaciones como México, Max Verstappen se destapó como un futurible campeón del mundo. (Fuente: f1aldia.com)

Por supuesto que sí. Pero es inevitable que los ojos se acabaran yendo a final de temporada hacia el otro box. Y es que en su tercer año en Fórmula 1, Max Verstappen se ha confirmado como un miembro de la élite del automovilismo. Señalado por Lewis como uno de los 4 grandes junto a él, Vettel y Alonso, el holandés es una auténtica sensación en el deporte. Su fogosa mentalidad ha encandilado a la mitad de la afición, mientras la otra no soporta la excesiva agresividad del veinteañero. Pero lo que nadie puede negar es su inmenso talento que, al contrario que su compañero, sí que se traslada a los sábados. Porque desde un punto de vista técnico, Verstappen es un fuera de serie. Empezó siendo un gran “manipulador”, pero ahora ha dado el salto a “manipulador perfecto”. Su timing en las curvas es impecable. La frenada es tardía, pero no así su aporte de dirección: muy pronto mete volante y juega en el límite a lo Vettel, consiguiendo una velocidad en el vértice apreciablemente alta mientras sigue frenando. El ligerísimo matiz con respecto al alemán es que éste consigue dar gas un pelín antes (o, si lo dan a la vez, el holandés ha de corregir), pero en conjunto la curva trazada por Max sigue siendo muy competitiva. Tanto, de hecho, que ha superado en 2017 a su compañero y se ha postulado como número 1 tácito de Red Bull debido a la situación contractual de ambos: mientras que al holandés le han atado hasta 2020, Milton Keynes no ha llegado todavía a ningún acuerdo con el australiano para más allá de 2018. Algo tendrá el agua cuando la bendicen. Entonces, ¿por qué Ricciardo ha acabado con 32 puntos más que Verstappen? La realidad es que los domingos ambos han estado más igualados por el especial instinto del australiano, pero el holandés no es manco a la hora de intentar adelantamientos o defender su posición. La diferencia ha sido, en parte, debida al azar: la fiabilidad destrozó al #33 en los dos primeros tercios de campaña. Tuvo 7 retiradas, una más que Daniel, pero en 6 de ellas iba por delante de su compañero (mientras que en las 6 de Daniel, sólo superaba a Max en 3). Pero también porque las arriesgadas maniobras de Verstappen no son tan limpias como las de su compañero: mientras Ricciardo superó de forma perfecta a Räikkönen en la primera chicane de Monza, Max se enzarzó con Felipe Massa hasta descontrolarse sobre el piano y llevarse al brasileño. Eso afectó tanto como la fiabilidad para que el de Hasselt acabase 6º en el campeonato. Pero cuando la mala suerte le ha esquivado, el hijo de Jos “the Boss” ha dado un nivel como para asustarse: sus victorias en Malasia y México fueron de una contundencia que han de ser tenidas en cuenta. En 2018, Verstappen va a ser un hueso durísimo de roer.

Así que Red Bull puede estar segura de que sus pilotos no van a ser el punto débil el año que viene. ¿Será su motor? ¿O será un chasis poco evolucionado al princpio? ¿O todo al fin cuadrará en Milton Keynes y se estrenarán con una victoria 7 años después? Hay muchísimas esperanzas puestas en Red Bull para 2018. Tantas como hace 12 meses, todo sea dicho. Y que ellos puedan unirse a la pelea por los títulos tiene un efecto multiplicador: por un lado, 6 coches peleando por el cetro, como en 2010, sería brutal para la afición; por otro, acabar con la hegemonía de Mercedes lleva un premio extra como cuando Alonso destronó a Michael Schumacher. Pero fundamentalmente, pensar en un RB14 campeón equivale a imaginarse una batalla entre dos de los pilotos más despiadados de la parrilla. Ricciardo y Verstappen pegándose de tú a tú los domingos por las victorias es un ingrediente tan potente que es imposible no soñar con él para la próxima temporada.

¿Cómo valoras la temporada 2017 de Daniel Ricciardo y Max Verstappen? Vota en nuestras encuestas y deja un comentario con tu opinión.



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One comment

  1. Gerard Pujol · diciembre 12, 2017

    Máximos favoritos antes de empezar sobre el papel. El incremento del factor aerodinámico en la ecuación de rendimiento, el poder disponer de una zaga de alta adherencia y sus pilotos (posiblemente la mejor dupla de todo el mundial) los ponía en el centro de las apuestas. Al final el rendimiento en Australia fue flojo y aunque han progresado siempre han parecido un paso atrás respecto a Mercedes y Ferrari. A parte dejo la baja fiabilidad que se ha cebado especialmente en Max. El regalo a Ricciardo en Azerbaidjan y el super talento de Max (en serio, quién puede dudar de él?) han permitido victorias pero lejos de las expectativas. Atención a ellos en 2018, como dices si cuadran las piezas pueden ser imparables.

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