La llegada de Alfa

(Fuente foto de portada: alfaromeo.es)

Sauber aseguró su futuro a medio plazo en Fórmula 1 al aliarse con Longbow Finance, un grupo de inversores que aportó liquidez y acabó con la mala costumbre que el equipo suizo estaba cogiendo de no pagar a sus proveedores e incluso a sus empleados. Así que ahora desde Hinwil miran al futuro con ilusión y ponen las primeras piedras de su puente de salida de la última fila. Alfa Romeo es el nombre que les deberá sacar del pozo. ¿Pero cómo de profunda será la participación de la mítica marca italiana? ¿Y cómo afecta todo esto a Ferrari y su futuro en el deporte?

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La escudería que ganó el primer Gran Premio de Fórmula 1 de un campeonato mundial ha vuelto. Alfa Romeo triunfó en Gran Bretaña 1950 y lo hizo en otras 9 carreras más entre dicho año y el siguiente, alzándose con el título de pilotos en ambos casos (y el de constructores si hubiera existido en aquella era) gracias a Nino Farina y a Juan Manuel Fangio. Pero en 1952 decidió abandonar el deporte por culpa de los costes (¿les suena?) y no volvió “a tiempo completo” (es decir, fabricando chasis y motor) hasta 1979, consiguiendo durante los 7 siguientes años algunos podios pero ninguna victoria, debido fundamentalmente a una alarmantemente baja fiabilidad de sus monoplazas. En 1985 Alfa cerró el chiringuito, y aunque propulsó al flojísimo equipo Osella dos temporadas más, lo cierto es que la escuadra italiana no recordaba ni de lejos a aquella que monopolizó el deporte en su nacimiento. No ha sido hasta 2017 que Sauber, inmersa en la búsqueda de una marca que les apoyase para volver a la media parrilla, apareció como una oportunidad para los milaneses. Alfa Romeo se aliará con los suizos a partir de 2018… ¿pero cuál será el alcance de dicha unión? ¿Y la implicación en el futuro? ¿Es Alfa-Sauber algo más que un peón que acaba de mover Sergio Marchionne en su dura partida de ajedrez frente a Liberty Media?

El primer beneficio del que gozará Sauber por su unión con Alfa Romeo será la “conexión Ferrari” que le trae a Charles Leclerc, un auténtico proyecto de campeón del mundo. (Fuente: lapatilla.com)

En lo puramente deportivo, a muchos les gustará ver una gran marca como Alfa unida de nuevo a la Fórmula 1. Se podrá discutir (y en muchos casos con acierto) la aportación de los fabricantes al deporte, pero un pro innegable es que ver a una marca como la italiana entrando en F1 es un indicador de la buena salud de la que goza este negocio. Aún con potencial para atraer a grandes constructores, los agoreros habrán de rebajar sus críticas. Eso sí, que hayan decidido reestrenarse en la parrilla con un equipo existente y no creando una licencia propia sugiere que la situación no es idónea para una aventura desmesurada. Por suerte o por desgracia, el motor es ahora mismo la parte que manda, y en 2021 se cambiará la unidad de potencia a una versión que los fabricantes vean más relevante. Dados los problemas de Honda para hacer un propulsor mínimamente competitivo en 3 años, es un sinsentido condenarse a dicho tiempo de transición cuando en breve el trabajo quedará obsoleto. Así que Alfa, de momento, prefiere sólo aportar su marca más una variable que, de momento, no queda del todo clara. Sergio Marchionne, el director ejecutivo de FCA (la casa matriz de Ferrari y Alfa) fue algo ambiguo, pero obviamente asumió costes de esponsorización: “Alfa Romeo contribuirá a los gastos del equipo pero no hablaré de cifras. Los costes no afectarán al Grupo FCA (Fiat Chrysler Automobiles)“. En principio, la colaboración va más allá del patrocinio y debería extenderse a los ámbitos estratégico y tecnológico, de tal forma que cada marca se aproveche de los conocimientos técnicos de la otra. Y a todos nos da la sensación de que será más bien Sauber quien utilice los recursos (suponemos que tanto materiales como humanos) de su nuevo compañero de viaje, por el módico precio de subir a su volante al prometedor Charles Leclerc (miembro de la academia Ferrari) y poner como probador a Antonio Giovinazzi (ídem). En cualquier caso, la relación Alfa-Scuderia es evidente y nadie se esfuerza en ocultarla: los motores del equipo serán obviamente los del Cavallino, en versión 2018 (nada de un año más antiguos), pero a nadie se le escapa que en 2021, con “la nueva Fórmula 1”, Alfa Romeo podría estar interesada en adquirir la escudería y poner su propio motor, siendo estas tres temporadas como una avanzadilla con la que meterse en el paddock y no pagar la novatada como Honda.

Cual Adam Sutler en “V de Vendetta”, Sergio Marchionne vigilará desde su pantalla lo que ocurra en Alfa Romeo Sauber. (Fuente: soymotor.com)

Pero precisamente esa relación entre Milán y Maranello es la que no pasa desapercibida para muchos escépticos. Marchionne dejó una críptica frase: “Todo lo que tenga Ferrari irá para Alfa Romeo, salvo que ponga en riesgo alguna de las marcas“. Una cosa es que Sauber se beneficie de la tecnología de una marca externa, pero otra muy distinta es que un equipo nodriza alimente a otro. En la actual situación de horas de túnel de viento limitadas y otros muchos recursos bastante controlados, pensar en que una escudería pequeña se va a aprovechar de las investigaciones de la grande y viceversa puede levantar ampollas. Si el trasvase de información es notable, sería como si en un test de pretemporada probasen con dos coches, o si tuvieran el doble de posibilidades y líneas de investigación en el diseño del coche. La FIA tendrá que severísima con ello y asegurarse de la independencia entre Ferrari y Sauber, igual que la que (en principio) existe entre Red Bull y Toro Rosso desde 2010, año en que los de Faenza tuvieron que empezar a fabricarse su propio chasis. Pero si a muchos les preocupa la relación de ambas escuadras en el plano deportivo, ¿qué decir de la esfera política? Por todos es sabido que Ferrari ha amenazado con dejar el deporte desde que salió la nueva normativa de motores prevista para 2021. Pero es previsible que el órdago pueda ir también motivado por las negociaciones del nuevo Pacto de la Concordia y que podrían acabar con varias de las prerrogativas de los que goza la Scuderia por el mero hecho de ser el equipo que es. A saber, su derecho de veto en las nuevas normativas impulsadas por la FIA y su extra monetario de entre 70 y 90 millones de dólares por el Cavallino de su logo. Pero uno puede decir “bueno, si Marchionne está entrando con otro equipo en la Fórmula 1, debe ser que está contento con el deporte, ¿no?” Lamentablemente, el politiqueo es más cínico: con dos equipos (y la fuerte influencia sobre Haas, a quien Sergio quiere relacionar con Maserati), FCA tendría un importante control sobre la parrilla, y aunque no le dé para hacer mayoría absoluta (sólo faltaría), desde luego sí que le permite aumentar el impacto de sus amenazas de dejar el deporte. Una cosa es que se vaya un equipo; pero perder 3, con más de mil despidos como consecuencia y dejando una parrilla devaluadísima, sería una bestial amenaza para la Fórmula 1. Así que Alfa, aunque no entre “de veras” hasta 2021, tendrá una importancia capital en el desarrollo de las futuras negociaciones en la trastienda del deporte.

Pero lo que más nos interesará de esta unión, al menos de momento, es ver lo que logrará en pista. Aunque perderá una parte de alma del privado, Sauber mantendrá más sustantitividad que en su época de BMW y, por tanto, será amable ver cómo consiguen trepar desde la cola de la parrilla. En 2018, hay dos equipos claramente al alcance: Haas y Toro Rosso. Contra el primero competirán en igualdad de condiciones a nivel de motor; la diferencia la hará el chasis. A finales de la pasada temporada, aun con el propulsor un año más antiguo, el C36 anduvo cerca de escapar de Q1 y podía plantar cara. Con respecto a Faenza, ya en las últimas carreras de 2017 estuvieron atrás, y si el nuevo motor Honda no mejora lo visto estos 3 años con McLaren, Hinwil podría batirles. Pero donde más esperanzas hay puestas es en la pareja de pilotos. O más bien, en “el” piloto. De los 6 involucrados en esa teórica batalla de la parte final de la parrilla, Charles Leclerc es el más prometedor de todos. Su inexperiencia pesará, pues ya sabemos que los coches estrenados en 2017 son un arduo desafío para los novatos, pero si consigue adaptarse a una velocidad express (a lo Esteban Ocon), el monegasco podrá marcar la diferencia y ayudar a Sauber a ascender por el campeonato de constructores. Y si lo hace monstruosamente bien, tal vez el segundo volante de Ferrari esté reservado para él en 2019. ¿Podría ser esa la primera muestra de que Alfa y Ferrari van a estar estrechamente ligados?

¿En qué posición crees que acabará Alfa Romeo Sauber en 2018? Vota en nuestra encuesta y deja un comentario con tu opinión.

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