Por qué Jim fue el mejor

(Fuente foto de portada: boldwatches.wordpress.com)

Destinado a ser un granjero escocés, Jim Clark tambaleó los cimientos de la Fórmula 1 de la mano del legendario Colin Chapman y su Lotus. Su don natural para el pilotaje le convirtió en la absoluta referencia de su era y dejó registros disparatados para una trayectoria de apenas 73 carreras. Rondó la treintena en cada una de las grandes estadísticas (poles, victorias, vueltas rápidas y podios), arrojando unos porcentajes imbatidos por los fueras de serie de hoy día, y logró 2 títulos que perfectamente podrían haber sido varios más de no ser por su fatal accidente en Hockenheim, en Fórmula 2. ¿Es Clark el mejor piloto de todos los tiempos?

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Si le ha podido pasar a él, ¿qué opciones tenemos los demás?“. Chris Amon sintetizó el sentir general inmediatamente posterior al fatídico 7 de abril de 1968, el día en que Jim Clark se mató en el bosque que circundaba el circuito de Hockenheim, en una prueba menor de Fórmula 2. En aquella época, la mortalidad en el automovilismo estaba desgraciadamente a la orden del día, y cualquiera podía perder la vida en un accidente, sobre todo si se tenía en cuenta la frágil mecánica que imperaba en esos tiempos. Pero Juan Manuel Fangio y Stirling Moss, entre otros, habían demostrado que el piloto tenía una elevada importancia en evitar que las desgracias ocurriesen. Y eso fue lo que Amon (dicen que el piloto más desgraciado de la Fórmula 1, pero tuvo la fortuna de vivir para contarlo) sugirió tras la muerte de Jim: si le pudo pasar a la absoluta referencia del deporte, ¿cómo no le iba a ocurrir a pilotos mucho más inexpertos o temerarios? Esa frase nos ayuda a comprender dos cosas alrededor del escocés: la primera, que era suficientemente bueno como para evitar accidentes; la segunda, que lo era aún más, tanto como para que esa consideración de Chris fuera justa. Jim Clark era el mejor de la parrilla.

Frenando hasta el vértice a lo Hamilton, y con el sobreviraje típico de la época, era normal ver a Jim Clark con la zaga descolgada… pero siempre controlada. Y nadie era más rápido que él. (Fuente: salracing.com)

El suyo fue el típico caso que nos hace preguntarnos lo de siempre: “¿cuántos grandes pilotos nos hemos perdido por la dificultad de que éstos lleguen a la élite?“. ¿Quién iba a decir que en la recóndita región de Fife, en una tradicional familia granjera, surgiría un talento irrepetible? Casi se puede considerar un milagro que Clark acabase dedicándose a una profesión que en sus circunstancias podría considerarse remota. Rápidamente captó la atención de quien sería su mecenas, Colin Chapman, al correr contra él con un Lotus Elite de GT en Brands Hatch. En Holanda 1960, con 24 años, debutó en la Fórmula 1, y entre esa fecha y el GP de Sudáfrica de 1968, en Año Nuevo, los registros de Clark pasaron a la historia. 2 títulos (los mismos que Fernando Alonso), 25 victorias (las mismas que Niki Lauda), 33 pole positions (las mismas que Alain Prost) y 28 vueltas rápidas (tres más que Mika Häkkinen) en tan sólo 73 carreras. La magnitud de las cifras es mastodóntica, y nos pone enfrente de un piloto que marcó la absoluta referencia, hasta el punto de que uno miraba la clasificación de cualquier sesión sabiendo que arriba del todo se encontraría un “1º J. Clark (Lotus)”. Un registro que apabulla es el de que ganó sus dos títulos consiguiendo la máxima cantidad de puntos posibles: 100% (si bien en la era en que sólo contaban los mejores de todo el año). Otro es el de que nadie ha conseguido más Grand Chelems que él: 8 (¡logrando 3 en cada uno de sus años de Mundial!). Pero si hay un dato curioso, es el de que el total de podios es de “apenas” 32 (la mitad que David Coulthard o Rubens Barrichello). Jim Clark fue 6 veces tercero y sólo una 2º, una estadística que lo dice todo: Clark era un auténtico depredador que sólo sabía ganar… y cuando no lo hacía, generalmente era porque su coche le dejaba tirado (23 abandonos, nada menos). ¿Significaba eso que Jim era un piloto agresivo, de todo o nada? Pues absolutamente todo lo contrario. Clark tal vez sea uno de los primeros pilotos que merezca el apelativo de “manipulador perfecto”. La conducción de la época, como sugería Jackie Stewart, consistía en la separación de fases: primero frenada, luego giro y finalmente tracción. Los vértices eran relativamente tardíos, pues inicialmente se quitaba toda la velocidad en línea recta y después se metía volante. Pero Clark fue de los primeros que pilotó en lo que él mismo llamó “falso vértice”: uno muchísimo más temprano de lo normal. Jim frenaba tarde y fuerte, y para quitar velocidad de forma rápida comenzaba a girar el coche mucho antes que los demás. En principio, un vértice temprano implica dejarse mucha tarea para la salida de curva (el bólido no está recto), pero precisamente mantener el pedal pisado hasta el ápice descolgaba la zaga y le permitía poner el coche en la dirección de la salida, por supuesto ayudado por el gas en una época en la que, como siempre decimos, era imposible no derrapar en tracción. Vaya, estamos describiendo exactamente a Lewis Hamilton, ¿verdad? Pues Jim fue el primero.

En las atroces condiciones de Bélgica 1963, Jim Clark consiguió una de las victorias más aplastantes de la historia de la Fórmula 1.
(Fuente: motorsportmagazine.com)

Como Lewis, Clark también era valiente. Una recordada anécdota de Jackie Stewart es aquella en la que el tricampeón contaba el miedo que pasó cuando su acelerador se quedó bloqueado en la Curva Grande de Monza (por aquel entonces, no tan fácil a fondo), y cómo con gran destreza supo salvar la situación, provocando el aplauso de quien escuchaba la narración. Entonces Jim, extrañado, dijo: “o sea, ¿que tú habitualmente levantas en esa curva?“. Y es que el enorme talento de Clark era en ocasiones un defecto: Jim nunca comprendió al resto de pilotos y no entendía por qué no eran capaces de hacer lo mismo que él. Por eso, también fue un relativamente mal piloto probador: su talento era tal que podía pilotar bien coches totalmente inestables. Le decía al equipo “va bien, no lo toquéis”, cuando en realidad había varias décimas a pulir en los reglajes que Clark era incapaz de apreciar. Claro que eso no solía ser necesario porque durante toda su carrera pilotó un Lotus, habitualmente el coche referencia, diseñado por Colin Chapman, con quien tenía una compenetración rayana en lo telepático. Cuando el coche iba medio bien, Jim ganaba. Y cuando estaba en su punto, sencillamente arrasaba. Dos actuaciones destacan por encima de todas. La primera fue en Bélgica 1963, en el temible Spa, una pista que no le gustaba (algo parecido a Mónaco, donde curiosamente nunca ganó) por su enorme peligrosidad. Clark había clasificado 8º y la carrera comenzó con unas inquietantes condiciones de lluvia y niebla. Sin embargo, a pesar de sus miedos y de la desafiante S de Masta, Jim se subió al Lotus y compuso unas primeras vueltas legendarias. A mitad de carrera, no sólo era líder, y no sólo había doblado a todos menos al 2º (¡en un circuito de 14 kilómetros!), sino que a éste, Bruce McLaren, le metía 5 minutos. Desde ahí hasta el final, aflojó y aun así consiguió una de las victorias más destacadas de todos los tiempos. 4 años después, en un intento de apurar sus escasas opciones por el título, Clark se plantó en la pole de Monza y se escapó con facilidad hasta que, en la vuelta 12, pinchó un neumático. Entró en boxes y perdió una vuelta, y con ello sus posibilidades en el campeonato. Pero Jim no se iba a rendir: volvió a salir, pilotó al límite, se desdobló, igualó su tiempo de pole y en el 60º giro, a 8 del final, volvió a ponerse líder. Sin embargo, había exigido demasiado combustible en su remontada, y en el último giro su motor comenzó a perder potencia. Comenzó a zigzaguear para que la admisión encontrase las últimas gotas de su depósito, pero John Surtees y Jack Brabham le pasaron y le relegaron a la 3ª plaza. Nadie se fijó en quién ganó de los dos, que llegaron a meta separados por 2 décimas, sino que todos fueron a aclamar al gran héroe del día, un Clark que había hecho historia.

Su victoria en Sudáfrica 1968 le parecía poner en el buen camino para iniciar la campaña por el tercer título, pero entonces llegó Hockenheim y allí acabó su vida. ¿Qué podría haber conseguido Clark de sobrevivir a aquel accidente? ¿Se hubiera llevado los 3 títulos que Lotus se agenció en los años posteriores? ¿Quién sabe? En el fondo, todos los grandes pilotos son esclavos de su tiempo, y esa puede ser una buena metáfora para acabar con esta serie de “Por qué fueron los mejores”. Los pilotos de élite de la actualidad son los más preparados de la historia, y seguramente sea cierto que los 10 mejores de hoy son superiores a casi todos los que ha habido desde 1950. Pero ellos sólo pueden ser comparados con los de su era. Igual que Michael, Juan Manuel, Alain, Ayrton, Niki, Jackie y Jim. Ha habido que dejar fuera de este improvisado ranking a grandes pilotos que, sin duda, pueden hacer tantos méritos como ellos para colarse en el top-10 de cualquiera: Mika Häkkinen, Nigel Mansell, Nelson Piquet, Jack Brabham o Stirling Moss son leyendas. Pero tal vez fueron los 7 primeros, junto a los tres superélite de la actualidad, los que dominaron sus respectivas eras, o compitieron entre ellos por hacerlo. Dos o tres generaciones más de pilotos tal vez nos enseñen que se podía pilotar mucho mejor que hoy día. Pero para la posteridad quedará que, en sus respectivos momentos, pocos los hubo más grandes que los aquí recordados.

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4 comments

  1. SportPrototipos · febrero 23

    Extraordinario especial, como los anteriores.

    Menuda delicia de análisis.
    Grande!

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  2. Rodolfo Barragán · febrero 24

    Siempre tuve curiosidad y admiración por Jim Clark, y con este artículo se responden muchas de mis dudas, un piloto con la velocidad y la valentía en las venas, tal vez el último velocista “clásico” si se me permite el término, me gusta mucho la declaración de que era un mal probador por el simple hecho de que un auto malo lo hacía bueno, eso me da a entender que era un piloto impresionante que entendía que con su talento dominaría cualquier cosa, leyendo todos artículos buscando al mejor piloto… me habría encantado enfrentarlos en una carrera en condiciones contra los top de nuestra época. un duelo donde se involucren, Schumacher, Senna, Prost, Lauda, Clark, Stewart, Fangio, vs Alonso, Hamilton, Vettel, Raikkonen, Riccardo, Verstappen. si no es mucho pedir que fuera en Spa, en condiciones mixtas, el año de los autos se los dejo a su consideración… !Se vale soñar! eso es lo que hace bonito al este deporte. el aire romántico de sus historias, hazañas, leyendas, correr al filo del riesgo y jugar con la propia vida por ser el mejor.

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  3. casillademarcos · febrero 26

    Esta serie “por qué fueron los mejores” me pareció fabulosa. No podía esperar a recibir la siguiente entrega.Gran trabajo. Felicitaciones.

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