Una decepción más

(Fuente foto de portada: testcoches.es)

Si damos como cierto que Max Verstappen tiene más velocidad pura que Daniel Ricciardo, no cabe duda de que sus resultados de 2018 están siendo terriblemente decepcionantes. Dos cuartos y una victoria estaban a su alcance en este inicio de temporada, pero sólo suma 18 puntos (menos que Hülkenberg o Alonso) entre trompos, salidas de pista y dos choques intentando adelantar. Y todo eso mientras su compañero, desde la 6ª posición, dio un máster de sobrepasos para llevarse el triunfo en China. ¿Es un problema para Max su forma de entender las carreras?

————————————————-

Desde que se presentó al mundo en 2015, con 17 años, como un piloto tremendamente rápido, con una técnica exquisita y una agresividad desmedida a la hora del cuerpo a cuerpo, Max Verstappen se convirtió en una sensación que el deporte no experimentaba desde el debut de Lewis Hamilton. Los errores existían, pero claro, hablábamos de un menor de edad compitiendo en la máxima categoría del mundo. ¿Cómo iba a ser perfecto? Todo le salió a pedir de boca en mayo de 2016, cuando Daniil Kvyat, en Red Bull, cometía aún más errores y fue bajado del bólido para el GP de España. Max, en su lugar, va y gana en su primera carrera… y completa actuaciones sublimes, especialmente en mojado en Gran Bretaña o Brasil. Pero siguen los borrones, como en Hungría o Bélgica. El talento desgarrador frente a ese temerario comportamiento en los duelos. ¿Cuál primaría? ¿Se convertiría Max en el nuevo Lewis Hamilton? ¿O sólo sería un Juan Pablo Montoya? Estamos en abril de 2018, Verstappen tiene apenas 20 años (a Lewis le quedaban 2 para debutar…), pero ya 63 carreras en su bolsillo… y si la evolución a nivel técnico ha sido escandalosa, la experimentada en las batallas en pista no se aprecia en ningún momento. China (así como Australia y Baréin) han demostrado que Verstappen, 3 años después, sigue siendo aquel inconsciente menor de edad a la hora de adelantar: cada maniobra es una moneda al aire, y este año llevamos tres cruces seguidas.

Su tosca maniobra sobre Hamilton en Baréin demostró que Max sigue intentando cada adelantamiento al límite,convirtiéndolo en cuestión de azar. (Fuente: marca.com)

De veras, es imposible no prestar atención a lo que Max ha conseguido progresar desde su estreno, porque es ciertamente impresionante. Donde al principio era claramente un piloto manipulador pero con muchísimo margen de mejora a la hora de retrasar el momento de pisar el freno y sincronizar las fases de la curva, ahora parece hacer todo en el momento óptimo, trazando como lo haría una máquina diseñada para tomar cada giro lo más rápido posible. Frenada en el punto, entrada con la agresividad y grado de volante justos, velocidad mínima relativamente elevada y gas temprano y estable. Todo en su justa medida y en el momento preciso. Un piloto increíblemente organizado para pilotar, como se ve en los últimos tiempos. Donde en 2016 sólo vencía a Daniel Ricciardo en los sitios de curvas fluidas y pocas frenadas, en 2017 pasó a superarle con bastante regularidad en casi todas partes. En lo que llevamos de 2018, de momento las dos Q3 se han saldado con “victorias” para el holandés, además de vencerle en la Q1 de Baréin. Ya ha conseguido maximizar el arte de ponerse al comienzo de las carreras por delante de su compañero, con el amplio abanico estratégico que ofrece eso a la hora de intentar acabar el GP con más puntos que el otro Red Bull. Quedan ya pocas dudas a este respecto. El problema de Verstappen sigue siendo el que le definió en su llegada en 2015, y no es otro que su desempeño en el cuerpo a cuerpo. Usamos la palabra “organizado” para describir su pilotaje, pero sólo se puede usar un antónimo para describir su mente cuando hay que adelantar o defenderse. Max funciona por impulsos, por puro instinto, una determinación que enamora y desespera a partes iguales porque, de hecho, convierte sus acciones en lanzamientos de moneda. Mientras un enfoque cerebral tendería a reportar siempre el óptimo (“si puedo adelantar, lo haré; si no, no lo haré, pero sigo en carrera“), el #33 mantiene la misma toma de decisiones que con 17 años. Es decir, sin calcular riesgos y sin medir realmente la probabilidad de éxito de sus maniobras. En Australia, en su afán por superar a Kevin Magnussen, acabó trompeando y perdiendo numerosos puntos valiosos. En Baréin, después de estrellarse innecesariamente en la primera ronda (de ahí que la comparativa con Daniel no avanzase más), chocó con Hamilton por abrir la trazada más allá de lo recomendable. Y en China, su audacia se volvió a transformar en inconsciencia.

La cara de la moneda se vio en la salida de China, donde dos audaces adelantamientos en la salida le pusieron en puesto de podio. La cruz vino después… (Fuente: motorsport.com)

Max volvía a estar por delante de su compañero en parrilla, y tiró de la citada audacia para hacer una de esas maniobras en la salida que siempre tiene en la cabeza y que intenta con más regularidad que nadie, con resultados funestos en algunos casos. Verstappen se tiró al interior de la curva 1 para hacer menos metros que un Hamilton enzarzado con Räikkönen y se le coló por dentro al tetracampeón. En el tercer córner, encontró tracción de la buena en sus US para salir rápido y perseguir a Kimi por la recta hacia la horquilla de la curva 6. Y su movimiento fue una espectacular pasada por fuera que dejó sin respuesta al finés. En apenas media vuelta, el veinteañero se había quitado a dos campeones del mundo sin pestañear. Salió cara. La clase de maniobras que nos dejan con la boca abierta… cuando salen bien. Y ese fue el problema con el que se encontró cuando, tras el Safety Car, Max se vio con la victoria en su mano si quería cogerla. Sólo tenía que adelantar a 3 bólidos haciendo uso de sus gomas mucho más nuevas y más blandas que las de sus rivales. La tarea, como demostró Ricciardo, era factible. Sólo había que realizarla. Y siguiendo con la metáfora de la moneda, esperar que ésta caiga cara tres veces seguidas da una probabilidad del 12,5%. Es decir, que 7 de cada 8 veces que se viera en esa situación Max sería incapaz de completar la tarea si sigue afrontando cada adelantamiento como un “todo o nada”: En la primera jugada, el holandés intentó un descarado exterior en la curva 7 a Lewis, y se fue sobre las virutas de goma, perdiendo la plaza con su compañero y a la postre condenándose a ser, como mucho, el “2” en el doblete Red Bull. Cara 1, cruz 1. Después se quitaría de en medio a Hamilton con una maniobra convencional en el interior de la curva 6. Cara 2, cruz 1. Y un giro después, apreciando un hueco inexistente en el interior de la curva 14, se llevó puesto a Vettel de forma amateur. Cara 2, cruz 2, y 10 segundos de sanción por las molestias. Pudo adelantar de nuevo a un apagadísimo Hamilton por fuera en la curva 6, pero no pudo quitarse a Räikkönen ni a Bottas ni meter el tiempo suficiente para mantener la P4. Así que una 5ª posición, el mejor resultado del año… que obviamente fue agridulce. Mientras él atendía a la prensa en el corralito, Ricciardo (que iba por detrás de él en el Safety Car) bebía champán de su bota.

El fútbol va de marcar goles, y el principal atajo para lograrlo es tener una técnica depurada. La Fórmula 1 va de conseguir puntos, y el arte que más probabilidades da es conducir rápido. No hay nada como ser un mago de las físicas y dinámicas del vehículo en frenada, curva y tracción, pero ni mucho menos esa técnica es la única a conocer para dominar el deporte. Se necesita ser bueno adelantando, defendiendo, manteniendo un ritmo constante, no saliéndose en lluvia, haciendo buenas arrancadas, encontrando los huecos justos… y Max, tras pulir de forma espectacular todo lo relacionado con su conducción en clasificación y la velocidad pura en general, sigue suspendiendo en varias de las asignaturas. Pero mientras haber observado un progreso daría esperanzas de que, con el tiempo, seguiría limando sus defectos, Max sigue en algunas de las tareas exactamente en el mismo punto que en 2015. Eso le convierte más en Juan Pablo Montoya y menos en Lewis Hamilton. El colombiano ganó unas carreras en el deporte y fue despedido por su equipo tras chocar con su compañero de equipo; el inglés tiene 4 títulos, comanda algunas de las estadísticas históricas y es indudablemente uno de los mejores pilotos de todos los tiempos. Max tiene que decidir quién quiere ser y ponerse manos a la obra. Un talento tan arrasador, y con tanto tiempo por delante, no puede desperdiciarse. Por el bien de la Fórmula 1.

¿Quién crees que sumará más puntos para Red Bull en 2018? Vota en nuestra encuesta y deja un comentario con tu opinión.

Anuncios

One comment

  1. Lautaro · abril 18

    Hago una cita textual que lo resume todo: “Si puedo adelantar, lo haré; si no, no lo haré, pero sigo en carrera“. Creo que Max debe hacer un click importante tras China, ser un poco más paciente, un piloto más “estándar” si se quiere. Si lo consigue, es candidato a ser campeón del mundo sin dudas.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.