El campeón póstumo

(Fuente foto de portada: formula1.com)

Dicen que los récords están para ser batidos, pero ojalá el de Jochen Rindt no sea nunca igualado. El austriaco es el único campeón del mundo coronado a título póstumo, después de que tras su fallecimiento en Monza en 1970 nadie pudiera superar su inmaculado total de puntos aquella temporada. Su valentía y su agresivo pilotaje encandilaron a la afición, y su irrefrenable talento le hacía candidato a marcar unos registros para la historia. ¿Qué habría sido del austriaco si no se hubiera cruzado el destino?

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Esa célebre nariz de boxeador parecía destinada a fracasar en todo aquello que intentase. Expulsado varias veces del colegio, con la pierna rota en un accidente de esquí, conduciendo sin carnet durante año y medio y siendo descalificado de su primera carrera por conducción peligrosa, Jochen Rindt no parecía tener la mínima aplicación para hacer nada de lo que se propusiera. Sin embargo, bajo esa superficie de “macho” bravucón que iba contra las normas había un talento que merecía la pena ser domado. Apenas 4 años después de esa bandera negra en su debut en automovilismo, se había hecho con las 24 Horas de Le Mans y encaraba una rutilante trayectoria en Fórmula 1 que le hacía ser candidato a convertirse en uno de los pilotos más exitosos de todos los tiempos. ¿Cómo pasó el austriaco de ser un descerebrado salvaje a liderar con todo merecimiento el Mundial de 1970 y ver truncada una centelleante carrera digna de múltiples títulos por culpa de la tragedia en Italia?

Rindt comenzó haciendo sus pinitos en la Fórmula 2, y rápidamente encandiló a aficionados y entendidos por su salvaje conducción.
(Fuente: flickr.com)

Jochen Rindt, quien habría cumplido 76 años el pasado miércoles, nació en Alemania pero creció en Austria después de que sus padres fallecieran en un bombardeo durante la Segunda Guerra Mundial. En su adolescencia fue un chico cuyo único objetivo era impresionar a los demás, y su fanfarrona actitud le llevó a un accidente esquiando que le obligó a una operación cuyo resultado fue el acortamiento de una pierna en 4 centímetros, y por tanto condenado de por vida a la cojera. Eso no le impidió seguir trasteando y pasando a la actividad arriesgada por excelencia, el automovilismo. A la bandera negra en su debut le siguió una serie de destacadísimas actuaciones en las que puso de relieve su temeridad: en Cesenatico, Italia, un accidente en las primeras vueltas obligó a la entrada de la ambulancia en el circuito. Mientras los otros pilotos levantaron el pie para dejar paso a la ambulancia, Jochen aceleró a fondo y se coló entre las barreras y el vehículo para ponerse en cabeza. Semejante mezcla de valor y talento llamó la atención, y todos miraron con detalle a lo que el austriaco pudiera hacer en su debut en Fórmula 2 en 1964. Apenas un mes después, en el London Trophy en Crystal Palace, Rindt venció la carrera batiendo al as de la categoría, Graham Hill. Ahora sí que estaba en los radares. Siguió practicando en la Fórmula 2 y a su vez hizo sus pinitos en los coches sport. En 1965, él y Masten Gregory se presentaron en Le Mans con un aparentemente poco competitivo Ferrari 250LM, y se tomaron la carrera como un incordio. Esperando que el coche se rompiera pronto, pudieran cobrar la prima e irse, decidieron pilotar a tope. Rindt condujo toda la noche y avanzó desde la 18ª plaza hasta el podio. Y al amanecer, de repente, eran líderes. Unas horas después, Jochen y Masten firmaron una de las victorias más inesperadas de todos los tiempos. Era hora de Fórmula 1.

Rindt, como de costumbre, derrapando en Crystal Palace en Fórmula 2. (Fuente: @Stuart_dent)

Técnicamente hablando, el austriaco (de licencia; en realidad, era alemán y nunca tuvo siquiera identificación austriaca) ya había debutado en la máxima categoría, con un abandono en, precisamente, Austria 1964, pero no fue hasta 1965 que disputó una temporada completa, sumando 4 puntos para Cooper. En esos años, Rindt se dio a conocer y mostró al mundo su pilotaje. De forma nada sorprendente, Jochen conducía al límite, de forma hiperagresiva y siempre deslizando la zaga en las curvas. Enzo Ferrari le definió como un “acróbata”, curiosamente una palabra que se usa hoy día para Sebastian Vettel, pero en aquella época ser agresivo era otra cosa. Preguntado por cuántas veces había conducido más allá de los límites, Jochen contestó “¿alguna vez he conducido dentro de ellos?“. Aunque la Fórmula 1 no era aún un deporte de masas, desde luego la afición quedó encandilada… y los fotógrafos aún más, pues tenían siempre espectaculares instantáneas que llevar a sus periódicos. Rindt siguió con Cooper en 1966 y comenzó a cosechar sus primeros grandes resultados, con 3 podios y la tercera posición final en el campeonato. Sin embargo, la temporada 1967 fue un absoluto desastre y Jochen cambió de aires hacia Brabham, el equipo liderado (y capitaneado desde el volante) por el propio “Black Jack“. Había recibido ofertas de casi todos los equipos, sabedores de que ya había mostrado el talento puro y sólo la mecánica frenaba sus opciones de triunfos. Brabham, campeón el año anterior, fue otro desastre por culpa de su Repco. Dicho motor no tenía nada que hacer frente al dominador de la época: el Cosworth DFV. Rindt, cuya carrera era llevada por un tal Bernie Ecclestone, no estaba seguro de qué paso dar. Brabham era la opción más apetitosa desde el punto de vista económico, pero ahora Lotus aparecía como la escudería en la que estar si se quería ser campeón del mundo. Rindt, sin embargo, era consciente de los riesgos que conllevaba trabajar para Colin Chapman: “En Lotus, puedo tanto ser campeón del mundo como morir“. Hasta pocos días antes del GP de España de 1969 no estuvo seguro de firmar con el equipo, y casi se arrepiente al instante de haberlo hecho: en dicha carrera, tanto a él como a Graham Hill se le rompieron los alerones traseros elevados e impactaron fuertemente contra las barreras.

El Lotus 72 de Rindt giró bruscamente hacia el guardarraíl antes de Parabólica, ellugar donde falleció su héroe Wolfgang von Trips 9 años antes. (Fuente: reddit.com)

Rindt, que con el tiempo se fue convirtiendo en un piloto más temeroso del riesgo (especialmente si no puede controlarlo él), como se desprende de sus declaraciones sobre Indianápolis en sus dos visitas allí en 1967 y 1968 (“sentía que iba de camino a mi propio funeral. Es catastrófico, sólo conduzco por el dinero“), mandó una sincera carta a Colin Chapman: “He estado corriendo en F1 durante 5 años y he cometido un error (embestí a Chris Amon en Clermont Ferrand) y tuve un accidente en Zandvoort debido a un fallo en la selección de una marcha; por lo demás, me las arreglé para no meterse en problemas. Esta situación cambió rápidamente desde que me uní a tu equipo. Honestamente, tus coches son tan rápidos que todavía seríamos competitivos con unas libras de más que se utilizasen para hacer más fuerte la parte más débil; más allá de eso, creo que deberías pasar algún tiempo revisando lo que tus diferentes empleados están haciendo. Por favor, pinesa mi sugerencia, pues sólo puedo conducir un coche en el que tenga un poco de confianza, y siento que el punto de no confianza está bastante cerca“. Esa confianza rara vez existió, pues a pesar de lograr pole tras pole casi nunca podía finalizar las carreras. No fue hasta octubre de ese año 1969 que consiguió su primera victoria, en el Glen. Las cosas, eso sí, cambiaron en 1970. Tras comenzar el año con el Lotus 49C (y ganar en Mónaco de forma épica, como se aprecia en el vídeo anteriormente referenciado), Chapman al fin puso a punto el Lotus 72, “el mejor coche de carreras que existe en este momento“, según Jochen. Al fin llegó la confianza, y Rindt, literalmente, arrasó. Ganó las 4 primeras carreras con el nuevo coche; en la quinta, tras hacer la pole, falló el motor (no el chasis). Llegó Monza, y Jochen podía hacerse matemáticamente con el título. Si ganaba en Monza y Jack Brabham era 5º o peor, el título iría a las manos de Lotus. Pero entonces todo comenzó a torcerse. Rindt quería llevar el Lotus 49 a Monza, pero Chapman mandó 3 unidades del 72 y decidió eliminar los alerones, convirtiendo al monoplaza en una bestia inestable. Rindt iba en el habitáculo con sólo 4 puntos del arnés abrochados, y no los 5 habituales, y tampoco quería la correa de entrepierna porque, en caso de incendio (habitual en la época), uno no querría estar atado al vehículo, sino liberado para salir corriendo. Pero en caso de impacto, Rindt necesitaría esa sujeción. Y en los entrenamientos, su bólido de repente viró a la izquierda antes de la curva Parabolica, fruto de un fallo en el sistema de frenado. Rindt chocó violentamente, a más de 300 km/h, contra un guardarraíl mal instalado, y falleció prácticamente en el acto. Nadie sería capaz de recortar la enorme diferencia de puntos amasada durante el año, y al acabar la temporada Jochen fue nombrado campeón a título póstumo. Su mujer, la modelo finesa Nina, recogió el trofeo en una posterior ceremonia sin motivo para la alegría.

La muerte de Rindt sacudió al mundillo por la cantidad de negligencias que implicó. Chapman, quien fue procesado y juzgado por el accidente (aunque absuelto), se recluyó y se convirtió en una persona más recelosa, dándole vueltas a la rigidez de sus diseños. Ecclestone todavía no termina de asumir el adiós de su protegido, cuya muerte fue un auténtico shock para él. Sir Jackie Stewart siguió liderando las iniciativas por la seguridad, y puede afirmarse que hoy es prácticamente imposible que volvamos a perder a un supertalento por un accidente tan absurdo. Rindt podría haberse hecho con los títulos de 1972 y 1973 y, con apenas 31 años, aún podría tener cuerda para muchísimos triunfos más. El arisco (al menos de puertas hacia fuera) Jochen fue un formidable campeón del mundo; si Chapman hubiera hecho caso a aquella carta, tal vez recordaríamos al austriaco como un piloto absolutamente legendario.

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