Cinco carreras de leyenda en Montecarlo

(Fuente foto de portada: monaco-addict.com)

La semana que viene, Mónaco alberga el Gran Premio más especial del calendario. El único que no paga canon a la FOM porque su sola presencia aporta el valor suficiente al deporte. Mientras muchos aficionados lo aborrecen por su ausencia de adelantamientos o lo denostan como un evento puramente para VIPs, otros se maravillan por la dificultad técnica del trazado y por la valentía que los pilotos muestran en este circuito. Cualquier acción, ya sea un adelantamiento o un triunfo, cotiza más si se produce en las calles del Principado. Repasamos 5 de los Grandes Premios que más colaboraron en agrandar la leyenda de este evento.

————————————————-

Durante muchos años el único circuito urbano del calendario, Montecarlo ha sido siempre la joya de la corona de la Fórmula 1. Ver correr a los monoplazas alrededor del puerto del Principado ha resultado espectacular desde que “W Williams”, el nombre con el que William Grover ocultó a su familia su pasión por las carreras, ganase por estas calles en 1929 antes de convertirse en agente secreto británico contra los nazis, los cuales acabarían ejecutándole (para más información recomendamos la lectura de “Grand Prix Saboteurs“, de Joe Saward). En cierto modo, Williams sintetizó lo que es esta carrera: casi una pillería, una locura, una actividad tan excitante que tendría que estar prohibida. Casi 90 años después, Mónaco sigue albergando el evento más destacado del calendario a pesar de que las actuales generaciones de monoplazas deberían haberlo relegado al ostracismo que acabó con la vida de otros muchos circuitos. Pero mientras haya un legado que mantener, Montecarlo seguirá durante muchos años en la parrilla. ¿Y por qué? Porque todos saben del extremo desafío que supone brillar aquí, de ahí que en diezcilindros aprovechemos para repasar cinco de los mejores Grandes Premios jamás habidos por esta calle. Nos limitaremos a listarlos por orden alfabético; queda a su disposición señalar cuál fue el más destacado de todos los tiempos.

Sin los paneles laterales para una mejor ventilación, Stirling Moss logró una épica victoria tras 100 vueltas de resistencia frente a los más rápidos Ferrari. (Fuente: pinterest.com)

1961: Moss da una lección: en 2021 comenzará una nueva Fórmula 1, pero no será la primera vez que el deporte entra en un período de gran renovación. Cuando ese momento llegue, se cumplirán 60 años de uno de los principales cambios reglamentarios de la historia: la introducción de los motores de 1,5 litros. Este cambio pilló a contrapié a todas las escuderías británicas, que simplemente adaptaron su Coventry-Climax de 2,5 L esperando un nuevo motor, pero se encontraron con que Ferrari sacó un nuevo V6 con el que dominó a placer la temporada. Malas noticias para Stirling Moss, quien no solía estar en el lugar adecuado en el momento oportuno para llevarse el título (4 subcampeonatos y 2 terceras plazas en los 6 años previos) por su particular querencia por los equipos británicos. Pero más allá de no atinar con el coche ganador, Moss era probablemente el mejor piloto de su época (tras la retirada de Fangio), y con su Lotus-Climax inscrito por el legendario concursante privado Rob Walker sabía que podría dar el do de pecho en los circuitos menos dependientes de la potencia. Y Mónaco, el primero de la temporada, era el idóneo. En un circuito prácticamente idéntico al de ahora entre Sainte Dévote y el túnel (y como únicos cambios una chicane del puerto más sencilla y una recta que unía Tabac con la actual Rascasse-Anthony Noghès), Moss marcó la pole con un 1:39.1. Al día siguiente, mantener durante 100 vueltas (!) a los más rápidos Ferrari sería harina de otro costal. Y en la salida, Richie Ginther, con uno de los 156 “morro de tiburón” se puso en cabeza, hasta que en la vuelta 14 fue súbitamente adelantado por Moss y por Jo Bonnier con el Porsche. Stirling comenzó a abrir hueco aprovechando que Bonnier taponaba a Phill Hill y a Ginther, pero los Ferrari maximizaron su superioridad para adelantarle y tirar a la caza de Moss. Sin embargo, el inglés cuajó una de las mejores actuaciones de su carrera: sin fallar un solo vértice, compensó su déficit de caballería y de chasis (el Lotus 18 era del año anterior) con un pilotaje sublime. Bajando la pole en casi 3 segundos (!), consiguió mantener a Ginther a raya durante 2 horas y 45 minutos de acoso para proclamarse vencedor por tercera vez en el Principado. Fue la única carrera en seco que Ferrari dejaría escapar aquel año, muestra de la espectacular gesta de Moss y por la cual, entre otras muchas, justifica que todavía hoy se le considere uno de los mejores pilotos británicos de todos los tiempos a pesar de no ser nunca campeón.

Patrese pasa “bajo” el Renault de Arnoux y se lleva un triunfo al que él mismo parecía haber renunciado. (Fuente: motor.es)

1982: ¿quién quiere el triunfo?: Gilles Villeneuve acababa de dejarse la vida en Zolder, y la Fórmula 1 se quedó sin un supertalento al frente. Unos por muy mayores (Lauda, Watson) y otros por muy jóvenes (Prost, Mansell), sólo Nelson Piquet, el vigente campeón, parecía una gran referencia. Pero en un complicado año para Brabham, cambiando entre BMW y Ford, Nelson no figuró como candidato al triunfo en el Principado ese año, partiendo 13º y abandonando por un fallo del turbo a media carrera. Así que la carrera estaba abierta a quien la quisiera… y por una vez de veras pareció que nadie quería llevarse la victoria. René Arnoux comenzó dominando con su Renault desde la pole, pero en la vuelta 15 trompeó en la Piscina y se retiró de la carrera. Eso dejó a su compañero Prost en cabeza, directo a por una victoria que, desde luego, no iba a meter a esta carrera en los libros de historia… pero entonces cayó la lluvia a pocos giros del final y se desató el Apocalipsis. El francés perdió el control a la salida de la chicane y abandonó como su compañero. Eso dejó líder a Riccardo Patrese, pero en la siguiente vuelta trompeó sobre el aceite en Loews y se quedó mirando en sentido contrario. Didier Pironi surgió como nuevo cabeza de carrera, cruzó la meta y entró en su última vuelta. De forma increíble, el sistema eléctrico de su coche falló en el túnel y Pironi se tuvo que bajar de su Ferrari. Eso hubiera permitido a Andrea de Cesaris hacerse con su primer triunfo en la categoría, si bien el destino tenía otros planes para él. Antes de poder dar alcance a Pironi, el Alfa-Romeo se quedó parado en la bajada a Mirabeau sin combustible para más. La “patata caliente” pasaba entonces a Derek Daly, quien todavía estaba en la penúltima vuelta, pero entonces la televisión cazó al irlandés sin alerón trasero y con el coche destrozado, teniendo que aparcar antes de la Rascasse con la caja de cambios rota. Fue entonces cuando Patrese apareció de nuevo, tras haber conseguido reincorporarse de su trompo, y aprovechó que nadie quería llevarse la victoria para cruzar la meta por 76ª y última vez y anotarse el triunfo más raro de todos los tiempos.

Ayrton Senna celebra con algarabía su primer podio en F1. ¿Quién sabe si podría haber ganado de no haberse suspendido la carrera?
(Fuente: pinterest.com)

1984: Senna deja su sello: Martin Brundle sufrió un severo accidente en los entrenamientos libres del Gran Premio de Mónaco de 1984 que, a priori, no debería haberle impedido clasificar. Cuando llegó corriendo a boxes, Sid Watkins, el legendario doctor de la F1, le hizo un examen y Brundle no fue capaz de recordar cómo regresó de su accidente. Una información suficiente para impedirle volver a subirse al coche y un anticipo de que este Gran Premio sería bastante raro. Esperemos que Brundle estuviera recuperado para el domingo y pueda hoy recordar una de las carreras más míticas en el Principado. Un fortísimo aguacero cayó para animar la acción desde el inicio, 45 minutos después de lo estipulado con la esperanza de que el cielo diese una tregua. Cuando al fin comenzó el Gran Premio, Alain Prost se escapó desde la pole mientras René Arnoux y Derek Warwick chocaban en Sainte Dévote y el británico salía despedido contra Patrick Tambay, causando lesiones a ambos. Nigel Mansell adelantó a Prost en la novena vuelta y pasó a liderar su primer GP, pero trompearía seis vueltas más tarde en Beau Rivage y se retiraría de la carrera. Fue entonces cuando surgió de la nada el nombre de un piloto brasileño que se encontraba debutando ese año en la categoría con el modesto Toleman: Ayrton Senna, desde la P13 en parrilla, venía a toda velocidad y se deshizo de Arnoux y Lauda para ponerse 2º. El austriaco trompeó en la vuelta 23 en el Casino víctima de un mal balance de frenos debido a la bajísima temperatura, y Prost (que poco antes había chocado levemente con un comisario en pista, sin daños que lamentar) estaba padeciendo el mismo problema. El francés vio cómo Senna marcaba vueltas rápidas y le recortaba la distancia, mientras por detrás aparecía, aún más rápido que el brasileño, un desconocido Stefan Bellof, 20º en parrilla con su Tyrrell atmosférico y ahora tercero después de adelantar a Arnoux. Eso sí, el alemán sería descalificado por irregularidades en el peso de su bólido, y por ello la carrera pasó a la historia únicamente por Ayrton. Sólo 7 segundos le separaban de la cabeza en la vuelta 31, cuando Prost hizo una serie de aspavientos al pasar por meta pidiendo la suspensión por la lluvia. Ello motivó que Jacky Ickx, director de carrera, desplegase la bandera roja en el siguiente giro. La decisión fue polémica, en tanto que Prost e Ickx compartían motor Porsche en distintas disciplinas, y el belga jamás volvería a dirigir un Gran Premio debido a que tomó la decisión de forma unilateral. Nunca sabremos si Senna podría haberse llevado el triunfo, pero sí que si Prost hubiera acabado 2º pero la carrera hubiera llegado al 75%, se habría llevado 6 puntos en vez de los 4,5 que finalmente consiguió. Unos meses más tarde perdería el título por media unidad y Alain lamentaría que Mónaco 1984 durase sólo 31 giros. Aun así, menos de media distancia valió para hacerle un hueco en la historia del deporte.

Mansell era 3 segundos más rápido que Senna, pero el brasileño supo hacer ancho su coche para llevarse un triunfo contra pronóstico.
(Fuente: motor.es)

1992: Ayrton derrota al invencible: la Fórmula 1 se ha caracterizado por diversos años de monopolio de una marca sobre todas las demás, haciendo que las carreras fueran tirando a aburridas. Para colmo, en algunos casos ni siquiera existe competencia interna en el equipo, y el campeonato es totalmente descafeinado. Schumacher en 2002 y 2004, Clark en 1963 y 1965… pero seguramente lo conseguido por Nigel Mansell en 1992 destaca sobre todo lo demás. Y es que su Williams FW14B fue un particular prodigio de la ingeniería, con la suspensión activa y una electrónica absolutamente puntera que estaba comenzando a desnaturalizar el pilotaje. El inglés arrasó con pole y victoria en las 5 primeras carreras, y Mónaco parecía ser la sexta seguida cuando fue el más rápido el sábado por nada menos que 9 décimas sobre su compañero y 1,1 sobre la referencia del Principado, Ayrton Senna, que llevaba 3 triunfos seguidos aquí. El domingo, todo parecía señalado para que Mansell mantuviese su racha y rompiese la del brasileño, pero Senna no se iba a dar por vencido y en la salida desbordó al otro Williams, el de Patrese, para ponerse 2º. Mansell tiró y se escapó hasta 20 segundos, mientras por detrás Senna tenía que defenderse de Riccardo (hasta que la caja de cambios del italiano comenzó a fallar) y Schumacher daba emoción al tratar de adelantar a Jean Alesi en Loews y colisionar con el francés. En la 60ª vuelta, Alboreto trompeó justo delante de Senna y a punto estuvo de causar un choque entre ambos, pero Ayrton ese día tendría la suerte de cara: 10 giros después, Mansell sufría un pinchazo lento en su rueda trasera izquierda y tenía que entrar en boxes a cambiarla. Nigel salió 5 segundos por detrás de Ayrton pero con un ritmo 3 segundos por vuelta superior. Y si apenas 31 giros bastaron para meter a Mónaco 1984 en la historia, la edición de 1992 sólo necesitó los tres últimos para inscribirse en los libros. Mansell, con su característico estilo agresivo, se lanzó a la yugular de Ayrton y durante 4 minutos estuvo buscando en todas las curvas un hueco por el que pasar. Nigel era alarmantemente más rápido, pero Senna cerró todas las puertas y no sucumbió ante el lenguaje corporal del británico. Senna cruzó la meta como vencedor, igualando a “Mr. Montecarlo” Graham Hill con 5 triunfos en el Principado y demostró que en la Fórmula 1 no siempre se trata de adelantar; a veces, una pelea sin pasadas, como ésta o aquella de Alonso y Schumacher en Imola, es muchísimo más recordada.

Un roce con el muro en el momento justo: Hamilton tuvo suerte incluso al perder el control a principio de carrera para llevarse un meritorio triunfo. (Fuente: storify.com)

2008: Lluvia, Hamilton y un toque de suerte: a lo 1982, 2008 se convirtió en un año de múltiples alternativas y en el que hubo 7 ganadores de 5 equipos distintos (¡hasta Toro Rosso se unió a la fiesta!), y todos los equipos salvo Force India consiguieron un podio a lo largo de la temporada. Eso sí, al principio de año no había esa alternancia, y en la habitual posición de Mónaco como la sexta carrera Kimi Räikkönen llegaba como líder, Felipe Massa como 2º y en las tres últimas carreras Ferrari había sumado 52 puntos de 54 posibles, con dos dobletes y un 1-3. Ferrari monopolizó la primera línea en el Principado y todo apuntaba a otro paseo militar. Pero entonces apareció la lluvia, esa animadora de las carreras que convirtió Mónaco 2008 en toda una locura, y fue todo lo que necesitó Lewis Hamilton para, en su segunda temporada en F1, cuajar una notable actuación que requirió de un golpe de suerte. Lewis arrancó bien desde la P3 y desbordó a Kimi antes de Sainte Dévote, mientras todos navegaban entre el spray con mucha precaución. Los vagones se separaron mucho y eso ayudó a que un error de Lewis pasara casi inadvertido: en la sexta vuelta, se fue largo en Tabac y chocó contra la barrera, desllantando la trasera derecha. Entró inmediatamente en boxes y añadió un poco de gasolina, saliendo en una sólida 5ª plaza de todo el caos. Las condiciones comenzaron a empeorar y Fernando Alonso se estrelló en Massenet, parando a cambiar el morro y poner lluvia extrema, que eran las gomas indicadas, mientras que Coulthard y Bourdais chocaron sucesivamente en el mismo punto y provocaron la salida del Safety Car, acercando a Lewis a la cabeza. Räikkönen fue sancionado por un error de los mecánicos en la preparrilla y Robert Kubica subió a la 2ª posición, que se convirtió en primera cuando Massa se fue largo en Sainte Dévote. Polaco y brasileño pararon a repostar y poner nuevos intermedios, pero Hamilton siguió con sus tanques todavía con caldo, se puso líder y comenzó a reventar el cronómetro. La pista empezó a secarse justo cuando se aproximaba el pit stop para Lewis. El timing fue perfecto y Hamilton pudo poner slicks en el momento adecuado. Kubica y Massa entraron después a copiar la táctica y dejaron al inglés con el liderato real. Pero la carrera tenía aún más miga por detrás: Alonso intentó maximizar su fase con las gomas de lluvia adelantando en Mirabeau a Mark Webber e intentó una audaz maniobra sobre Nick Heidfeld en la antigua Loews que acabó con ambos chocando. Adrian Sutil aprovechó el caos para colarse por dentro en la curva y ganar tres posiciones bajo bandera amarilla, una acción que no fue investigada y que hizo que el alemán se pusiera 4º a 15 giros del final cuando un fuerte accidente de Nico Rosberg desplegó de nuevo el Safety Car. Era de largo el mejor resultado de Sutil en F1 y también de su escudería, la debutante Force India. Pero no todos los cuentos tienen final feliz. En la resalida, Räikkönen, que marchaba justo por detrás, perdió el control en la bajada hacia la Nouvelle Chicane y se llevó por delante a Adrian, que tuvo que entrar en boxes con el coche roto y se fue a llorar a la parte de atrás del box. Las lágrimas de Force India se solaparon con las sonrisas de McLaren: la diosa Fortuna permitió acabar con el dominio de Ferrari y transformó el Mundial 2008 para convertirlo en uno de los mejores de la historia.

Como es obvio, una recopilación de este tipo deja siempre el mismo sabor de boca: ¿por qué estas 5 carreras y no otras? Hay ediciones memorables que podrían haber pasado el corte: la de 1996, ganada por Olivier Panis y a la que ya dedicamos un artículo sobre la espectacular remontada del francés; la de 2004, en la que Schumi, a lo Mansell, dejó pasar la oportunidad de hacer un 6 de 6 al chocar con Juan Pablo Montoya en el túnel y permitió la única victoria de Jarno Trulli; o la de 2011, en la que Vettel, Alonso y Button se jugaron el triunfo a tres estrategias distintas mientras Hamilton hacía las delicias adelantando por doquier (y chocando a partes iguales) y Vitaly Petrov quedaba lastimado tras un múltiple accidente en la Piscina, un día después de que Sergio Pérez chocara a 250 km/h en la Nouvelle Chicane. No hace sino añadir más mística a un circuito lleno de leyenda, como las cerillas que supuestamente los comisarios colocaban en los guardarraíles para ver quién las partía. Mónaco, a pesar de ser anacrónico y no ofrecer adelantamientos, sigue siendo un lugar único, irrepetible y, seguramente, destinado a formar por siempre en el calendario de la Fórmula 1.

¿Cuál es tu Gran Premio de Mónaco favorito? Vota en nuestra encuesta y deja un comentario con tu opinión.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.