Así no, Max

(Fuente foto de portada: motorsport.com)

2017 no fue el año de Max Verstappen por una increíble serie de problemas de fiabilidad que le impidieron sumar los puntos que su rendimiento de clasificación sugirió. Al final de temporada, con todo puesto en orden, consiguió dos dominantes victorias que nos anunciaban un 2018 lleno de éxitos. Pero llevamos 6 carreras esta temporada, y en un 100% de ellas ha trompeado y/o ha tenido un accidente que ha lastrado su botín de puntos. Ya en su cuarto año en la categoría, empieza a ser excesivo el número de incidentes en el que se ve envuelto. Y mientras que la Fórmula 1 vaya de sumar puntos, Max no demuestra estar suficientemente preparado.

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Hablar de Max Verstappen y tratar de medirle en base a referencias pasadas es tremendamente complicado. Por un lado, tiene la misma experiencia que nombres asentados como Carlos Sainz. Con su número de carreras disputadas, Lewis Hamilton y Sebastian Vettel ya eran campeones del mundo y Fernando Alonso estaba a punto de hacerlo. Pero por otro lado, tiene 20 años y medio. A esa edad, el de Stevenage no había debutado en GP2, Seb no había comenzado su primera temporada completa y el bicampeón iba a empezar su año de probador en Renault. “¿Qué esperar de Max Verstappen?” es una pregunta muy difícil de responder, pues la horquilla entre una faceta y la otra es tremendamente amplia. ¿Debería estar ya en posición de ganar un título mundial? ¿Hay que esperar de él lo mismo que de un recién llegado? Aunque pueda parecer oportunista, lo cierto es que como dijo Ayrton Senna “uno vale tanto como su última carrera“. Y ese dicho, en el caso del #33, no le está valiendo en ninguno de los seis eventos de 2018. Verstappen, uno de los talentos más prometedores desde su debut, está decepcionando a aficionados y eruditos del deporte.

La perfección de Max a la hora de mover el monoplaza en todas las fases de la curva no tiene casi parangón en la parrilla actual.
(Fuente: crash.net)

En nuestro decálogo fundacional insistíamos en buscar “el porqué” más que en narrar “el qué”. En el caso del holandés, no nos vale decir que ha sido el primer piloto en batir en clasificación a Daniel Ricciardo (13-7 en 2017), sino que buscamos el motivo. Y el motivo va mucho más allá de lo que sus detractores puedan reconocer: Max es un piloto muy bueno. Siempre desde un punto de vista técnico, a día de hoy Verstappen está en la absoluta élite del deporte. Mientras que muchos grandes nombres del deporte son unos elegidos para corregir los vaivenes del coche (los “reactivos”), Max es de los que prefiere guiarlo y ponerlo por donde él quiere (los “manipuladores”). El holandés empezó siendo un “pequeño Hamilton” en sus movimientos, al intuirse una gran coordinación freno decreciente-volante creciente en la entrada en curva con la que mantener siempre el control del vehículo y poder acercarlo calmadamente hacia ese concepto conocido como “el límite”. Pero poco a poco, casi carrera a carrera, el #33 fue yendo hacia su propio estilo, algo más Räikkönen (el pre-2008, claro), en el que pasó a perfeccionar todas las fases de la curva. Frena en el punto correcto, comienza a aportar dirección a la tasa correcta, y clava el vértice pasándolo con una velocidad mínima bastante elevada. Para otros conductores, eso supondría una salida lenta o una derrapada en tracción, pero Verstappen ha conseguido manipular a la perfección el peso del monoplaza para poder darle una salida más en línea recta (y, por supuesto, con una excelente gestión del gas), más limpia y por ende más rápida. En el vídeo enlazado, salvo en la primera curva, que es en subida (algo que induce sobreviraje) y por tanto le pilla a contrapié, yerra en su conducción, pero en el resto se ve esa perfección y esa gran velocidad en curva. La tabla de tiempos no engaña. Pero la Fórmula 1 es mucho más que el lado técnico del pilotaje. Es una serie de artes y en todas ellas hay que rendir a un nivel al menos notable si se quiere ser campeón del mundo. Por una de ellas fue conocido desde casi su debut, y es por su ultraagresivo cuerpo a cuerpo. En ocasiones brillante, en otras tantas rayano en lo peligroso. Pero lo que estamos viendo en 2018 eclipsa su calidad técnica e incluso también la propia emoción de las batallas en pista. Simplemente, Max parece estar fuera de control, en una inestabilidad que le hace cometer error tras error ni siquiera compitiendo contra otro piloto, sino simplemente yendo solo. Y esa es una noticia muy mala. Ser agresivo en una pelea en pista, como en China o en Azerbaiyán, tiene un lado bueno y uno malo: a veces haces el adelantamiento del siglo y a veces acabas en el muro. Pero lo ocurrido en Australia, Baréin, España o Mónaco no tiene nada positivo: simplemente, es anticompetitivo.

Todo a su alrededor era negatividad, pero el domingo de Max en Mónaco fue sublime. Eso sí, su objetivo será que nunca más tenga que protagonizar espectaculares adelantamientos por culpa de un absurdo error en la FP3… (Fuente: motorsport.com)

Tuvimos un trompo en plena carrera de Albert Park que le hizo perder un par de posiciones; otro en la Q1 de Sakhir cuando ya había marcado un tiempo suficiente para pasar de ronda; un absurdo incidente al acabar un VSC en Montmeló al rozar a Lance Stroll y perder parte del alerón delantero. Pero en Montecarlo llegó la traca. En un día en que su coche era el mejor y tenía serias opciones de conseguir su primera pole en F1 y su primera victoria en el Principado, Max cometió un error fatal. La chicane lenta de la Piscina, desde su remodelación en 2016, es terriblemente confusa. Su vértice redondeado en la de derechas anima a tomarla más rápido para luego frenar ligeramente para la de izquierdas. Si en una curva normal lo habitual es incrementar el grado de giro en el vértice, aquí la técnica usual es mantenerlo constante desde la entrada y frenar algo menos, pues la curva puede pasarse más rápido, o si eres un acróbata a lo Vettel-Hamilton puedes confiar en hacer girar la zaga apretando un poco más el pedal, pero nunca metiendo más volante. Y Max se equivocó, pues precisamente lo que hizo fue cargar la dirección muy pronto y aumentar la dosis antes del vértice. Que un piloto de tal nivel técnico cometa ese error (y, para colmo, tras haberlo hecho clavado en 2016) sólo puede achacarse a que, mentalmente, Max no está este año. Parece estar tomándose cada desafío (sea una curva o una pelea) como si fuera el último, algo que aunque siempre ha estado en sus venas nunca lo ha demostrado tan abiertamente como en esta temporada. Empujar así en una FP3 cuando hay que llevar el coche al garaje demuestra que está en el lado equivocado del límite. Hay quienes sugieren que se ha visto obligado a pasarse de la raya porque Ricciardo le está obligando a subir el nivel, pero lo cierto es que en 2016 y 2017 el #3 estuvo muy bien y el holandés supo demostrar una progresión espectacular hasta llegar a un rendimiento sublime a finales de la temporada pasada. Su involución en 2018 es por tanto inesperada, y mientras que uno puede responder “es que sólo tiene 20 años” otro puede decir “ya, y el año pasado 19 y actuó más maduramente“. Con el Gran Premio perdido tras ese accidente, el domingo Verstappen nos demostró que, en efecto, sigue siendo buenísimo. Y sobre todo, que es especial. Poquísimos pilotos han conseguido efectuar 4 adelantamientos en un mismo GP de Mónaco (no contamos el quinto a Hartley, por ser Red Bull-Toro Rosso), pero Max fue uno de ellos. Quitarse a Ericsson en Mirabeau y a Sainz por fuera en la Nouvelle Chicane, incluso si luego hubiera cometido otro error infantil, ya serían suficientes para quedarse prendado del talento del holandés. Acabó sumando 2 puntitos en una carrera sin Safety Cars, por lo que el mérito es notable.

Y ese buen resultado debe servir a Max para centrarse y comenzar a construir. Buscar las cosas positivas para recordarse a sí mismo que tiene el talento suficiente para ser campeón del mundo, y que lo que queda es trabajar en el resto de facetas donde Ricciardo es, indiscutiblemente, mejor. Hablamos de saber cuándo arriesgar, de no querer hacer siempre el adelantamiento perfecto y de entender que, en ocasiones, hay que ser paciente o incluso aceptar una derrota parcial si, a la larga, va a dar réditos. Por tanto, el único objetivo para Canadá es tener un fin de semana limpio. Ni un roce con el muro. Ningún exceso de valentía en los libres del sábado. Y en carrera, tratar de llevar el coche a la meta sin incidencias con otros pilotos. Ya ha demostrado en 2017 que, haciéndolo así, puede ser más rápido que Ricciardo y, la clave de todo, que puede sumar más puntos que él. Recuperar ese nivel y terminar de comprender cuándo arriesgar y cuándo no será el salto que el Verstappen 4.0 tendrá que dar con respecto a la magnífica 3.0. Pero esta 3.1, de momento, no le va a llevar a lo que él quiere, que es ser campeón del mundo.

¿Quieres participar en el próximo debate del mes? Ponte en contacto con nosotros vía mail (diezcilindros@gmail.com) o redes sociales si quieres ofrecer tu punto de vista sobre algún tema candente de la Fórmula 1.

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One comment

  1. Francisco · mayo 29

    Mii punto de vista sobre Max es menos analitico y más crítico; porque un piloto de F1 pone en valor o destroza el trabajo de mucha gente. Lo que exige madurez tanto para digerir los éxitos como aprender de los fracasos Y no hablo de humildad, sino de evolución.
    Desconozco si la figura paterna en el Box es parte clave, pero no me gusta, y Hamilton cambió cuando desapareció.
    Pilotos rápidos y agresivos no han sido campeones (Montoya?)…
    Siendo extremista para ser campeón del mundo sólo hay que ganar a 1 en la pista (tu compañero) y a muchos en los despachos para conseguir “el asiento”. Ganar a tu compañero se presupone pero en este caso hay severas dudas. Si a eso le sumamos que los equipos grandes
    arriesgan poco su inversión…

    Ya veremos… que no le pase como un ex compañero.
    El chico tiene velocidad, Ojalá demuestre también cabeza ….(y a mi mente vienen las batallas Senna – Prost)

    Le gusta a 1 persona

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