¡Hasta luego!

He pensado durante demasiado tiempo cómo estructurar este artículo, y ni siquiera he podido imaginar la primera línea. Así que tiraré de improvisación y optaré por empezar yendo al grano: sí, lo dejo. diezcillindros pone un punto. Pero lo que todavía no tengo claro es si ese punto es seguido, aparte o final. En caso de duda, me cubriré las espaldas. Ahora mismo, es un punto y aparte. No habrá más entradas en la web durante un período de tiempo indefinido. De momento, eso es todo lo que puedo decir.

Este párrafo, entiendo, será el que deba dar las razones. Y siento si en algún momento me quedo corto. Hace exactamente 3 años, decidí arrancar diezcilindros como respuesta a una necesidad personal. Mi pasión por la Fórmula 1 y mi apreciación de que al mundillo hispanoparlante le faltaba un enfoque como el que yo le quería dar me animaron a abrir la web y a escribir. Desde el primer momento quise dejar claro que esto era única y exclusivamente parte de mi tiempo libre, que no quería convertirlo en nada superior y que sería mejor si lo tenía como hobby. Durante estos tres años, diezcilindros ha sido una parte imprescindible de mí y ha tenido una gran influencia en definir mi personalidad y mis intereses a día de hoy. Os puedo asegurar que quien mejor se lo ha pasado, quien más ha aprendido, quien más ha descubierto sobre la Fórmula 1 durante este período he sido yo. Pero en todo momento, la web se encontraba supeditada a lo que yo pudiese, o quisiese, dedicarle de mi tiempo, de mi voluntad, de mis proyectos y de mis objetivos. Y alrededor del final de la primavera, me di cuenta de que un cambio personal importante me obliga a desprenderme de algunas actividades que han acompañado mi día a día durante todo este tiempo. Siento no poder explicarlo con más detalle, pero debido a ese cambio personal he decidido renunciar a partes de mi pasado y presente para tratar de tener un mejor futuro. Durante este 2018 he abandonado, por poner un ejemplo, un juego en el que llevaba desde 2005, o ciertos entretenimientos diarios en los que llevaba años. Y debido a mi necesidad personal (en la que tampoco voy a entrar en más profundidad) de “transformarme”, diezcilindros no es más que otro daño colateral. Mientras que esos juegos y entretenimientos que he ido abandonando los tenía como rutina más que como pasión, de diezcilindros puedo decir que sigo prácticamente con la misma ambición y las mismas ganas con las que empecé el 1 de enero de 2016. Realmente, una parte importante de mí no quiere dejar la web, porque no tiene motivos. Tres años después, sigo creyendo lo mismo: “mi pasión por la Fórmula 1 y mi apreciación de que al mundillo hispanoparlante le faltaba un enfoque como el que yo le quería dar” continúan existiendo. La motivación permanece. Por eso me duele más: porque es otra parte de mí, y no el 100%, la que pide dejarlo, teniendo la oposición de la primera. Simplemente, mi necesidad personal de cambios arrasa con casi todo, creyendo que el fin (mejorar) justifica los medios (poner un punto y aparte en algo que no quiero interrumpir).

La única concesión que le voy a hacer a esa “mitad destructora” es que, ciertamente, necesito algo de tiempo para otras cosas. A todos nos gustarían los días de 30 horas, pero sólo tienen 24. Y en varias ocasiones, en especial en este 2018, he podido percibir que donde antes renunciaba a otras cosas (un partido de fútbol, una actividad social, dormir más), ahora he renunciado o bien a escribir un artículo o bien a hacerlo con la suficiente calidad. Y aun así, diezcilindros ha seguido siendo de largo mi actividad de ocio más recurrente. Con esta, son 721 entradas las publicadas en estos 3 años. Algunas han sido meros recopilatorios, comentarios de balance sobre el proyecto o invitaciones a vuestra participación, como los #dcdebates. Dejemos en, digamos, 650 las entradas verdaderamente trabajadas. Mi promedio de trabajo en una entrada es de 2 horas. No sé si os parecerá poco, o mucho, pero es lo que necesito para un artículo promedio de 1.500 palabras. En varias ocasiones, parte del tiempo incluso se va en seleccionar el tema de una entrada. A veces, como durante un GP, no tardo ni media décima en decidirlo; otras veces, sobre todo fuera de actividad, me he quedado totalmente en blanco y he tenido que darle varias vueltas hasta encontrar algo de interés. Luego, evidentemente, viene la parte de documentación. Desde la recurrente Wikipedia hasta páginas especializadas, desde vídeos de YouTube hasta revistas de mi estantería, desde tweets con gráficos hasta comentarios vuestros en la web. Todo me ha servido para inspirarme, encontrar datos y referencias y plasmarlas en un artículo. Como es obvio, esta parte era la más extensa, pero a su vez la más entretenida. No lo era tanto la parte final, más estética y formal, consistente en encontrar las fotografías adecuadas y, sobre todo, darle la lectura final antes de darle a “Publicar”. 721 entradas en la web, y 721 veces que le he dado a “Vista previa” para asegurarme de que no había erratas. Tal vez creáis que mis artículos están bien redactados o sin faltas ortográficas; no os podéis imaginar la cantidad de errores detectados en esa fase final. De las 650 entradas trabajadas que he citado antes, no exagero si digo que en todas (literalmente, en todas) he tenido que modificar al menos tres o cuatro cosas (reiteraciones, puntos, comas…) antes de publicar. Para que luego, cuando releo artículos de hace meses o años, me lleve las manos a la cabeza porque veo que todavía algunas graves han pasado el filtro: “¿pero cómo se me ha podido colar esto?“. Como veis, es trabajoso. A un ritmo estándar de 5 entradas a la semana, 2 horas al día son algo que no siempre tengo, volviendo de trabajar a las 19:20 y teniendo poco más de 3 horas antes de irme a dormir sin que mi físico se resienta, y evidentemente habiendo otras muchas actividades: fisiología, familia, fútbol, horas extra (por suerte, casi nunca)… o incluso ocasiones en las que no quiero hacer nada, sin más.

No puedo ponerle ningún pero a la respuesta que he tenido de vosotros durante estos tres años. Teniendo en cuenta que es literalmente imposible contentar a todo el mundo, la tasa de opiniones destructivas es bajísima y la de opiniones negativas pero constructivas bastante razonable. Mi labor de promoción o de interés por el crecimiento de la web ha sido menguante con el tiempo, contentándome con escribir y con que me leyese quien quisiese y pudiese. Sí tuve interés en su día por plantearme la posibilidad de llegar a más gente, pero eso iba a chocar con mi deseo de mantener esto como un hobby y de, sobre todo, seguir con cierto perfil bajo. Al fin y al cabo, en todos los aspectos de mi vida yo soy el que está por detrás y quiere salir lo menos posible en las fotos. Era mejor así. Así que no, no estoy ni cansado ni decepcionado porque poca gente me lea; al contrario, lo que siempre me ha gustado más es escribir, y para eso sólo me necesitaba a mí. Donde sí os he necesitado es para ayudarme con vuestros comentarios: no sólo con los halagos, que vienen bien a nivel moral, sino con las puntualizaciones o críticas, que objetivamente son mejores para corregirse, siempre que vengan fundamentadas. Pero más allá de todo eso, tengo que reconocer que ha sido interesante el haber podido crear, aunque sea de forma tenue y pequeña, una comunidad. Leeros a varios de vosotros ha sido verdaderamente instructivo. No hace falta que dé nombres, pero es evidente que en Twitter o en los comentarios de la web muchos de vosotros habéis escrito cosas de tanto o más valor que lo que yo haya podido poner en las líneas anteriores, y sólo por eso también se justifican estos tres años. No puedo más que daros las gracias y pediros perdón por tener que llegar a un punto y aparte como este de forma tan abrupta.

Realmente, no sé qué va a ser de mí. Sólo os puedo asegurar que seguiré con el mismo detalle de siempre la Fórmula 1 en 2019, porque sigo amando este deporte y porque sigue siendo mi principal pasión. Sigo creyendo que hice bien, allá por 2009, en dejarlo como afición y no estudiar nada relacionado con ello: tal vez, convivir diariamente con el automovilismo me hubiera hecho aborrecerlo. Pienso por tanto que adoro la F1 en el grado perfecto. Lo que no sé es cómo la viviré sin escribir después sobre ella. ¿La analizaré igual que hasta ahora? ¿Me gustará sólo superficialmente? ¿Le dedicaré el mismo tiempo? Sinceramente, no lo sé. Tampoco sé qué hacer en los próximos días, o por ejemplo qué hacer con el perfil de Twitter. ¿Me sigo conectando? ¿Twitteo cosas sueltas? ¿Respondo a otros usuarios? ¿La uso para vivir el día a día del deporte con 280 caracteres en vez de con 1.500 palabras? Me gustaría poder responder, pero en serio: no lo sé. He tenido más de 6 meses desde que tomé la decisión de interrumpir diezcilindros como web, y no he sabido resolver el futuro inmediato. Sentíos totalmente libres de opinar o incluso recomendar al respecto: seréis leídos. De nuevo, muchas gracias a todos, y sinceramente os pido perdón por no seguir adelante. Lo único que os puedo dar en compensación es dejar una puerta abierta a que, en un futuro, si ciertas cosas de mi vida efectivamente han cambiado, pueda retomar este proyecto que, al fin y al cabo, me sigue gustando. Puede que incluso la propia Fórmula 1 me sirva de metáfora: de momento me despediré como Fernando Alonso, posiblemente la persona más influyente (y no precisamente por ser un fanático suyo) en mi vida, lo hizo en Abu Dabi hace poco más de un mes. Con una imagen que vale más que mil palabras:

Del pozo sólo se puede salir

(Fuente foto de portada: motorsport.com)

Quedémonos con la moraleja positiva de la temporada 2018 de Williams: ya no hay nada peor. Su decadencia paulatina desde 2014 ya ha llegado a su fin. El trastazo de este año ha sido morrocotudo pero nada es más pobre que la última posición. De hecho, la alineación de pilotos de la próxima temporada ayuda a ser optimista… si bien es prácticamente lo único a lo que aferrarse. Williams ha sufrido mucho este año con un deplorable FW41, pero también con una pareja que no ha sabido sacarle el máximo. Nada que nos pillase de sorpresa, por otra parte.

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El laboratorio de Faenza

(Fuente foto de portada: brendonhartley.nz)

Toro Rosso ha sido el conejillo de Indias de Red Bull durante esta temporada 2018. Su objetivo ha sido única y exclusivamente testar el motor Honda de cara a una posible unión de los nipones con Milton Keynes en 2019, la cual, finalmente, se producirá. Poco ha importado el rendimiento en pista del equipo (para que conste: 9º y penúltimo, el peor dato desde 2012), sino que sólo se trataba de darle a Honda una plataforma menos expuesta que McLaren para intentar desarrollar sus motores. El 2018 de Toro Rosso, por tanto, sólo se puede evaluar sobre si de veras han conseguido que los de Sakura hayan mejorado… pero secundariamente también nos ha ofrecido la opción de ver a un piloto interesante florecer.

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