El año de los cuatro trofeos

(Fuente foto de portada: rodrigomattar.grandepremio.uol.com.br)

El debate está siempre servido: ¿coche o piloto? ¿Qué debería ser más importante en la Fórmula 1? La forma más sencilla de resolverlo por parte de la Federación fue instaurar en 1958 un campeonato para cada uno de los conceptos: el Mundial de Pilotos y el Mundial de Constructores. Hasta hoy, esos trofeos se han repartido año tras año. Sin embargo, hubo una temporada en que se duplicaron los certámenes. En 1987 se disputaron hasta cuatro campeonatos diferentes en el Mundial de Fórmula 1. Recordamos los trofeos Jim Clark y Colin Chapman, que hace 30 años intentaron preparar a la máxima categoría para la era que iba a comenzar en 1989.

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Gran Premio de Gran Bretaña de 1977. Renault, la escudería que había ganado el primer Gran Premio de la historia (allá por 1906), vuelve al automovilismo. Jean-Pierre Jabouille planta su RS01 en la parrilla del circuito de Silverstone y disputa la carrera, pero dura apenas 16 vueltas antes de que falle el elemento revolucionario que acababa de traer al deporte: el turbo. Fueron numerosas las roturas de motor que la Régie sufrió hasta 1979, ganándose el mote de “tetera amarilla” por su propensión a echar humo. Pero en el GP de Francia de 1979, aquel del mítico duelo entre René Arnoux y Gilles Villeneuve, Jabouille consiguió la primera victoria de un motor sobrealimentado en la historia de la F1. Y plantó la simiente del cambio. Los grandes fabricantes pusieron en marcha su maquinaria para comprender y desarrollar motores turbo suficientemente fiables y en 1982 BMW, Ferrari, Alfa Romeo y Hart se unieron a la marca francesa. Al año siguiente Nelson Piquet ganaría el primer campeonato con motor turbo y poco a poco todos abandonaron el legendario Cosworth DFV con el que habían competido durante casi 2 décadas. Para 1987, la diferencia de prestaciones era monumental: todos los grandes equipos poseían un propulsor turboalimentado y los pequeños equipos privados tenían que tirar con el V8 de Cosworth, creando prácticamente una F1 de dos divisiones. Y tal vez por ello, la FISA decidió darle una oportunidad a dichas escuderías humildes de pelear por títulos. Habían nacido el trofeo Jim Clark y el Colin Chapman, respectivamente otorgados al piloto y equipo con motor atmosférico que mejor lo hiciera durante la temporada, y que se disputarían en paralelo con los campeonatos habituales de conductores y constructores.

20170224 Streiff Palmer

Los dos Tyrrell chocaron en la salida en Bélgica y Palmer tuvo que retirarse, pero eso no le impidió ganar el Trofeo Jim Clark.
(Fuente: http://rodrigomattar.grandepremio.uol.com.br/)

Trofeo Jim Clark: 7 pilotos participaron en el campeonato que honraba la memoria del bicampeón escocés: Jonathan Palmer (el padre de Jolyon) y Philippe Streiff, por Tyrrell; Pascal Fabre y Roberto Moreno, por AGS; Ivan Capelli, por March; Philippe Alliot, por Lola; y Nicola Larini, por Coloni. La temporada comenzó en Brasil, y Tyrrell se anotó un convincente “doblete”, con Palmer por delante de Streiff y de Fabre. Eso sí, en realidad los tres acabaron 10º, 11º y 12º en el Gran Premio: fueron los últimos. Streiff cogió el liderato al “ganar” en San Marino y ser 2º en Bélgica, mientras que Palmer se retiró en ambas ocasiones. La más polémica fue la de Spa: ambos Tyrrell chocaron en la primera salida de forma espectacular y destrozaron sus coches. Habría una resalida, pero sólo un muleto, y el elegido para pilotarlo fue Streiff por haber clasificado mejor. Jonathan contraatacó con dos victorias de clase en Mónaco (y 5º global, por lo que sumó 2 merecidos puntos para el campeonato de pilotos tradicional) y Detroit y confirmó que los dos pilotos de Tyrrell serían los que pelearían el título, puesto que nadie pudo hacer una oposición constante: Fabre aguantó la primera mitad de campeonato con gran regularidad, acabando en el “podio” en las primeras 7 carreras, pero posteriormente comenzó a ni siquiera poder clasificar; y Capelli, que acabaría ganando dos eventos, llegó demasiado tarde, al no poder puntuar en 7 de los primeros 8 GGPP. Palmer y Streiff se alternaron las victorias en Francia, Gran Bretaña, Alemania y Hungría, pero el abandono del francés a 8 giros del final en Silverstone (en el mismo evento en que Mansell adelantó con su memorable finta a Piquet por la victoria) y el posterior en el Österreichring en la salida le lastraron sobremanera en la pelea por el cetro. Se repuso con el triunfo en Monza y la P2 en Jerez, carrera en la que Palmer abandonó por un accidente que le mandó ¡al otro lado del muro! Eran 71 puntos para el inglés y 64 para Philippe, con 3 carreras para el final. Streiff podía vencer si ganaba las 3 carreras, pero en México el triunfo fue para Alliot y el #4 acabó 3º, por detrás de su compañero Palmer y complicándose sobremanera el titulo. Si Jonathan acababa por delante de él en el penúltimo GP, Suzuka (la primera carrera de la historia en el circuito nipón), se proclamaría campeón. Y exactamente eso hizo: Palmer ganó con facilidad la carrera y se llevó el primer campeonato Jim Clark, con Streiff 2º, Alliot 3º y Capelli 4º a 5 puntos. La realidad, eso sí, era mucho más dura: Palmer apenas sumó 7 puntos para el campeonato “real”, acabando 11º, y demostrando que los V8 de Cosworth que tan competitivos fueron en los ’60 y ’70 ya estaban totalmente desfasados.

20170224 Alliot Lola

Philippe Alliot llevó a Lola a la segunda plaza en el Trofeo Colin Chapman. Tyrrell fue imbatible. (Fuente: caranddriverthef1.com)

Trofeo Colin Chapman: el legendario diseñador y jefe de equipo de Lotus dio nombre a este trofeo a título póstumo (igual que su pupilo Jim Clark, fallecido en 1968), pues un infarto había acabado con su vida en 1982. La Federación consideró pertinente honrar su memoria con el trofeo que recibiría el mejor equipo con motor atmosférico del mundial de 1987. Los contendientes, como se ha mencionado anteriormente, eran 5: Tyrrell, AGS, March, Lola y Coloni. Y el dominio de los de “Tío Ken” fue tan grande como el de su generación actual de descendientes, Mercedes. El equipo de Ockham consiguió, en las 16 carreras del campeonato, 11 victorias y 5 dobletes, y acabaron con más puntos que el resto de equipos juntos. Claro que en eso influyó que la escuadra británica era la más profesional de todas, y fue capaz de poner 2 coches en pista en cada carrera, mientras que el resto sólo tenía medios para inscribir uno. Igualmente, el Tyrrell era el mejor coche y aunque sólo se hubieran contado los puntos de uno de sus pilotos habrían conseguido igualmente el título con holgura. El verdadero interés residió por tanto en ver quién acababa subcampeón. Y ciertamente fue emocionante, pues las alternativas eran constantes. Lola se puso en 2ª posición tras la victoria de Alliot en Bélgica, pero las 4 retiradas consecutivas posteriores y la regularidad de Fabre con el AGS hicieron que éste ascendiera a dicha P2, con 17 puntos de ventaja tras Silverstone. Pero de repente el coche francés perdió toda competitividad y apareció de la nada Ivan Capelli con su March, que “subió al podio” 5 carreras seguidas, incluyendo 2 victorias, y al final de esta racha, en España, le quitó la 2ª plaza a AGS por 3 puntos. Y de nuevo las fuerzas cambiaron: Lola había ganado esa carrera en Jerez e hizo lo propio en México mientras el March de Capelli abandonó y el AGS de Fabre fue incapaz de clasificarse por 3ª vez en 4 carreras. De hecho, Alliot tuvo la compañía de Yannick Dalmas en los 3 últimos GGPP, pero dado que Lola había inscrito oficialmente a sólo un coche, el belga no podía sumar puntos. Curiosamente, Yannick fue, junto con los Tyrrell, el único en acabar en la penúltima cita, Japón, así que ninguno de los tres equipos sumó puntos en Suzuka y todo se resolvería en la cita final, Australia. Lola era 2ª, con 43 puntos; March 3ª, con 38, y AGS 4ª, con 35 y casi fuera de la lucha. Pero Capelli acabó con las opciones de March al trompear y Lola se puso contra las cuerdas al retirarse Alliot. Roberto Moreno, que había sustituido a Pascal Fabre en las dos últimas carreras, le daría el subcampeonato a AGS si ganaba la carrera, pero Palmer fue intratable y Lola respiró tranquila. Eso sí, la pelea por el título no tuvo ninguna emoción: en Hungría, a 7 citas del final, Tyrrell se había proclamado campeona con un doblete inapelable.

Y este hecho confirmaba que, en el fondo, los trofeos Jim Clark y Colin Chapman estaban un tanto descafeinados. La gente estaba más centrada en la pelea legendaria entre Mansell y Piquet, pero la FISA había cumplido su objetivo. Los motores turbo iban a ser prohibidos en 1989 por motivos de seguridad y, como se ha podido comprobar, para preservar el futuro de las escuderías pequeñas, y darle un certamen propio a los motores atmosféricos en 1987 serviría para “empezar a hablar” de nuevo de estos propulsores e irlos introduciendo poco a poco de nuevo en la élite del deporte. Por ello, una vez dada la correcta publicidad, los trofeos se retiraron discretamente y en 1988 no se volvió a saber de ellos. Palmer y Tyrrell disfrutaron de sus pequeños éxitos, los últimos de su historia, y la Fórmula 1 retornó a la normalidad. Una única categoría, y sólo un piloto y equipo campeón.

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